Ríete con las trastadas de tus hijos

¿Qué trastadas hacen tus hijos? El otro día, mi sobrina de cuatro años, llegó al restaurante donde íbamos a comer con el pelo tan pegajoso, que parecía que había metido la cabeza en una lata de aceite. Eso sí, no paraba de girar la cabeza para mover su preciosa melena rizada y se cambiaba una y otra vez las horquillas de sitio para llamar la atención sobre su nuevo look.

Sin duda, pensaba que estaba preciosa, mientras su madre, que no dejaba de mirarla, se lamentaba de no haber tenido tiempo de lavarle otra vez la cabeza.

Las travesuras de los niños

Las travesuras de los niños

'Acababa de secarle el pelo, cuando vuelvo al baño y me encuentro a la niña con medio bote de fijador en la cabeza. ¡Claro, me ve a mi que me pongo un poquito y ella no ha medido!", me comentaba. Mi sobrina, que estaba feliz y sólo le faltaba un espejo (espejito mágico) sobre la mesa del comedor para preguntarle quién era la más bella del restaurante, me decía con coquetería: "¡mira tía, como mamá, a que estoy guapa!'.

Muchos padres y abuelos podrían escribir un libro con las trastadas de nuestros hijos, sobrinos y nietos. En las reuniones familiares navideñas, las travesuras de los niños nos hacen pasar un buen rato y siempre nos resultan divertidas cuando, tras el susto, solemos recordarlas para reírnos de nosotros mismos y de nuestras reacciones espontáneas del momento. Y es que una buena manera de hacer resumen del año que hemos vivido es recopilar las trastadas de nuestros hijos.

Como seres inquietos y llenos de curiosidad, recorren la casa en busca de nuevas emociones, abriendo armarios y cajones para inventar nuevas formas de jugar y de entretenerse. De manera que cuando no se oye nada en la casa, mejor échate a temblar, que algo se está cociendo. Suerte que los niños tienen un ángel de la guarda que vela por ellos a todas horas, si no ni 100 ojos humanos pendientes de ellos en todo momento podrían salvarles en tantas y tantas ocasiones.

Si por algo se caracteriza la infancia, es por la inconsciencia, que rige muchos de los actos de los niños pequeños hasta que aprenden a ser prudentes. Pero, si algo me gusta de esta etapa, es la manera que tienen de organizar mentalmente los acontecimientos de la vida. Así, nos tronchamos de risa con sus frases para la posteridad y con su manera de asociar ideas, unas veces inteligente y otras torpe, que nos divierten y hacen las delicias de sus papás.

Una de ellas, me sorprendió hace poco cuando a mi hijo pequeño se le cayó un diente. Al ir a recogerlo con un montón de calderilla en la mano, encontré una nota bajo la almohada, que me extrañó. Encendí la luz del pasillo para leerla y me alegré un montón de que, al estar dormido, mi hijo no pudiera ver la cara que puse porque decía: "Querido Pérez: sólo quiero billetes de 500, 100 o 200".

Marisol Nuevo