El miedo de dar a luz en la calle

Todas las embarazadas saben, por experiencia propia o ajena, que el parto es una vivencia dolorosa, en el que nuestro cuerpo y el de nuestro bebé sufren los efectos de un acto traumático como es nacer o dar a luz a un hijo. Sin embargo, en ocasiones, la excepción confirma la regla...

No hace mucho he leído en la prensa la noticia de una embarazada a la que le ha sobrevenido un parto espontáneo, sin dolor o con dolores leves, y se ha visto en mitad de la calle en una situación absolutamente insólita. Personalmente, pienso que situaciones como éstas, aunque indoloras y aparentemente fáciles, pueden llegar a ser angustiosas en extremo para la futura mamá. Creo que muchas embarazadas pasan sus últimos meses con cierto temor por romper aguas en público o porque el parto les llegue de sorpresa, tal y como sale en algunas películas: atrapada en un ascensor, en un taxi de camino al hospital o en la oficina. Para lo cual, prefieren esperar tranquilas y relajadas, próximas a su casa, cerca de algún familiar o cerca del hospital donde pretenden dar a luz, incluso calculan el tiempo que tardarían en hacer el trayecto en coche en hora punta. Tener todos los cabos atados nos proporciona cierta seguridad ante una situación nunca vivida y no exenta de ansiedad.

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Aunque tener "una horita corta" son palabras de buenos deseos ante un parto próximo y es un ideal maravilloso, la naturaleza nos suele preparar para el parto durante las últimas semanas de embarazo mediante contracciones esporádicas, pérdida del tapón mucoso, encajamiento del bebé, micción frecuente, dificultad para conciliar el sueño, etc.

Quizás hemos experimentado ciertos cambios o molestias que no hemos sabido interpretar, pero que sin duda están al servicio de facilitar el momento esperado. Cuando llegue el trabajo del parto, más o menos corto, tendremos pruebas inequívocas que nos apremiarán. Igual que no hay un niño igual a otro, tampoco los partos son iguales unos a otros, incluso en la misma mujer, normalmente los segundos partos o posteriores suelen ser más fáciles para la madre, tanto físicamente como emocionalmente.

Estar preparadas ante cualquier imprevisto nos hacer estar más seguras de nosotras mismas y de nuestro papel en este momento crucial. En cualquier caso, ser madre en cualquier circunstancia no deja de ser un hecho extraordinario que conmueve a los protagonistas y a los posibles espectadores que accidentalmente sean testigos del feliz acontecimiento. Cada mujer debe regirse según su intuición y según los cambios o señales que su cuerpo le envía. Si has tenido un hijo en circunstancias poco usuales, quizás quieras compartir con nosotros tu experiencia, seguro que será bonito recordarla y muy instructiva para todas las futuras mamás.

Patro Gabaldon. Redactora de GuiaInfantil.com