Qué hacer si a tu hijo le da una convulsión febril

Cómo los padres deben reaccionar ante las convulsiones febriles de los niños

Estefanía Esteban

Tu hijo tiene fiebre y de pronto comienza a convulsionar con movimientos espasmódicos por todo el cuerpo que apenas puede controlar. Compruebas con horror que hasta su mirada parece perdida... y entras en un estado de pánico.

Sí, es una de las peores experiencias por las que han pasado miles de padres: la llamada convulsión febril. ¿Sabrías reconocerla y actuar de forma correcta ante uno de estos episodios?

Vídeo de cómo es una convulsión febril en el bebé

Este vídeo nos muestra cómo reconocer la convulsión febril en un bebé: el pequeño comienza a sufrir espasmos en el cuerpo. Los músculos se contraen y no los puede controlar y sus labios se tornan morados. El episodio de espasmos o convulsiones febriles es muy desagradable, ya que el pequeño pierde el control del cuerpo, de los ojos e incluso puede llegar a perder el conocimiento. Pero aunque sean tan llamativos y asusten, en un principio, no son peligrosos.

A veces la convulsión febril aparece de forma más leve: el cuerpo del niño se pone rígido o simplemente voltea los ojos. Suelen darse en niños menores de 5 años, y remiten a los 10 minutos aproximadamente de su inicio. No dejan secuelas ni derivan en episodios de epilepsia. Recuerda que la fiebre, aunque sea alarmante y nos asustemos, es en el fondo una aliada contra las infecciones.

Qué hacer y qué no debes hacer ante una convulsión febril en el bebé

Convulsión febril

- Recuesta al bebé o niños de lado para que respire mejor

- Si está boca arriba, asegúrate de ladear su cabeza para que la saliva no le provoque asfixia

- Puedes agarrarle, pero no inmovilizarle

- No introduzcas ningún objeto en la boca

- No le metas en la bañera con agua fría

- No le traslades en pleno episodio de convulsión febril

- Puedes darle paracetamol para bajar la fiebre y ayudarte con paños húmedos (pero templados, no fríos)

- Intenta quitarle ropa, que no esté abrigado

- En cuanto la convulsión febril pase, lleva al pequeño al pediatra para que analice su estado.