Yo usé el método Estivill para dormir a mis hijas

Sé que el método Estivill está en tela de juicio; que son muchos los que prodigan sus contraindicaciones y que pocos son los que lo han probado y han conseguido seguirlo al pie de la letra; lo cierto, es que tengo que decir, que pese a todas las críticas, a mi me fue estupendamente.

Para poneros en antecedentes; el Método Estivill se basa en un libro que bajo el título de “Duérmete niño”, el Dr. Estivill, médico neurólogo experto en sueño, enseña a los niños a partir de los 7 meses de vida, a tranquilizarse cuando se despierta por la noche y a dormirse en su cuna sin necesidad de ser acunado en brazos.

En qué consiste el método Estivill para dormir al bebé

El método Estivill me fue bien

El método se basa en una conducta en la que se deja llorar al bebé en su cuna a intervalos entre 1 minuto al principio, y los 5 minutos, como máximo. Para calmarlo los padres deben entrar en la habitación y hablarle pero sin cogerle en brazos, aunque el bebé llore, moquee, tosa, patalee y emplee toda su dulce carita de angelito para ablandarnos los corazones.

Es natural que muchos lo encuentren un método despojado de sentimiento, duro de poner en práctica, tanto para los padres como para el bebé, y complicado de mantener en el tiempo. A la mayoría de los padres nos cuesta dejar que el niño llore desconsoladamente en la cuna y estamos deseando cogerlo en brazos para darle todo nuestro amor; tampoco es natural que un bebé llore amargamente y alargue sus bracitos para que le cojamos y nosotros nos mantengamos alejados de él; pero tengo que reconocer que nosotros, en un momento de desesperación, lo pusimos en práctica y fue lo que mejor pudimos hacer.

En mi caso, tengo mellizas, y a pesar de que intentamos unificar horarios, cada cuerpo es un mundo y no siempre se despertaban a la vez, sino que entre una y la otra era imposible dormir una hora seguida. Nos tenía desesperados y eso hacía que muchas veces perdiéramos la paciencia, gritáramos a nuestras hijas y a veces las dejáramos llorar en la cuna por la imposibilidad de poder cogerlas a las dos a la vez cuando uno estaba solo. El detonante de usar el método Estivill fue una noche en la que me encontraba sola y una de las mellizas empezó a llorar, la cogí y, mientras la calmaba, la otra empezó a llorar; estuvo más de media hora llorando sin poderla coger, ya al día siguiente amaneció afónica. El sentimiento de culpabilidad era tan grande que tuve que tomar medidas, y me lancé a la biblioteca en busca de alguna solución; entonces encontré el libro “Duérmete niño”.

Hablé con mi marido y decidimos que pondríamos en práctica este método sin vacilaciones y sin remordimientos. El primer día fue duro, pero no tanto como pensaba, muchas otras noches las niñas habían llorado durante mucho más tiempo esperando a que calmase a su hermana. No estuvieron en ningún momento desatendidas, sino que lo máximo que estuvieron solas fueron 5 minutos, y para nuestra sorpresa, a la hora estaban las dos dormidas. Los dos días siguientes apenas lloraron y el tercer día se durmieron en cuanto las acostamos. 

Por supuesto, se despertaban de vez en cuando, pero volvían a dormirse rápidamente, cuando notaban que estábamos cerca. Aprendieron a que no estaban solas, sino que cuando lloraban no tardábamos en acudir, aunque no las cogiéramos, estábamos siempre a su lado.

Puede que haya sobrados motivos para no ponerlo en práctica: es antinatural, puede crear falta de autoestima en el bebé, expones al niño a un gran estrés, puede provocar  ansiedad, y trastornos de apego. Pero, lo cierto es que cuando la falta de sueño y cansancio, especialmente en el caso de partos múltiples, hace que los padres pierdan la paciencia, y a veces hasta la cordura, es un método muy a tener en cuenta

Sinceramente, para nosotros fue un descanso tremendo. Estábamos más tranquilos y descansados por las mañanas y eso nos ayudaba a afrontar el día con más fuerza, energía y sobretodo paciencia; por otro lado no hemos notado ninguno de los efectos nocivos que alegan los detractores de este método. Son dos niñas felices y cariñosas que se sienten muy unidas a nosotros.