El riesgo de poner etiquetas positivas o negativas a los niños

¡Cuidado con las etiquetas que ponemos a nuestros hijos e hijas!

Marga Santamaría
Marga Santamaría Coach educativa

Es frecuente que, en el quehacer diario, estando con nuestros hijos les digamos  -pero qué desordenado eres- o -eres la más guapa de todo el colegio- o -cómo puedes ser tan mentiroso- o -no he conocido niña más responsable que tú-.

Por lo general, estos comentarios los soltamos sin caer en la cuenta de la repercusión que tienen en nuestro hijos. En ocasiones, cuando lanzamos un comentario negativo, lo hacemos fruto de nuestra rabia, cansancio o impotencia, resultado de que otras de las herramientas o estrategias que hemos utilizado no han dado el resultado que esperábamos; por otro lado, el comentario positivo que lanzamos, elevando a la máxima potencia el calificativo empleado, es justo el momento en el que estamos súper orgulloso de nuestra hija o hijo.

Pues de forma inconsciente estamos colgando un cartel en su curriculum emocional, estamos poniendo una etiquetaHemos de tener cuidado con los riesgos de poner etiquetas positivas o negativas a lo niños.

Repercusiones positivas y negativas de poner etiquetas a los niños

Las etiquetas que ponemos a los niños

  • Cuando yo le digo a mi hija lo súper responsable que es, de forma inconsciente estoy generando en ella esa característica y haciendo que se lo crea, y esta cualidad puede que la tenga en algunas áreas de su vida, en casi todas, o en todas, pero ¿qué pasa cuando en algún momento no actúa con esa responsabilidad que yo espero de ella? Pues que puede aparecer estrés y ansiedad por no cumplir las expectativas de su madre o de su padre.
  • Y cuando yo le digo a mi hijo o hija lo tremendamente desordenado que es, ya le estoy etiquetando también, y no hay duda y es muy probable que su habitación esté desordenada, pero seguro que con sus amigos no es desordenado; por lo tanto, no es desordenado.

Con estas etiquetas estamos calificando a su persona y no a su actitud. En el caso de las etiquetas negativas, es mejor sancionar su conducta y no su persona, por ejemplo, es mejor decir que tiene que ordenar la habitación o que su habitación está desordenada, a decir que es un desordenado. Y en los comentarios positivos que hacemos es más recomendable concretar la conducta, por ejemplo –te felicito por lo responsable que has sido esta tarde cuidando de tu hermana-. Así, en ambos casos trabajamos directamente sobre la conducta.

Álvaro Soler, psicólogo especializado en psicoterapia, nos dice que poner etiquetas a un niño es fácil, quitárselas no. Y nos lo explica comparándolo con los botes de alimentos que compramos en el supermercado. Que, como todos sabemos, quitar la etiqueta de un bote, es difícil, cuesta, quedan restos de papel, pegamento, pues lo mismo pasa con las etiquetas que lanzamos a nuestros hijos.

Por lo tanto, cuidado con el lenguaje que empleamos y cómo les decimos las cosas, ya que de forma inconsciente podemos condicionarles a querer siempre agradarnos y cumplir nuestros deseos, hecho que no beneficia en absoluto;  o por el contrario, podemos sancionarles con esa etiqueta, generando así una baja autoestima.