Educa a tu hijo para que las etiquetas que le pongan no le condicionen

Es imposible evitar que pongan etiquetas a nuestros niños, pero podemos ser una barrera protectora

Alberto Soler
Alberto Soler Psicólogo

Todos conocemos las etiquetas, los estereotipos y los prejuicios que la sociedad en general y, los padres en particular, ponemos a nuestros hijos. Desde 'eres una niña buena' a 'eres un mal estudiante', se trata de frases o 'apodos' que marcan a los niños, les condicionan y les hacen comportarse de un modo determinado y predecible. Los padres podemos tomar conciencia sobre las palabras con las que hablamos a nuestros hijos, pero resulta imposible evitar que otros les pongan etiquetas. De ahí, que debamos educar a nuestros niños para que estas no les condicionen.

Las etiquetas son siempre peligrosas para los niños (incluso las positivas)

Las etiquetas condicionan a los niños

'Eres un pesado', 'eres un tonto', 'qué vago eres', 'qué cochino te has vuelto' o también están estas otras: 'eres un campeón', 'eres un deportista', 'nunca fallas', 'qué bien te portas siempre', 'es una niña muy obediente'. Si dices estas frases a tus hijos, u otras parecidas o por el estilo, es que estás poniendo etiquetas a tus hijos y, aunque no te lo parezca, todas tienen un efecto negativo (incluso las que suenan bien).

Las etiquetas, los estereotipos y los prejuicios a los que sometemos a los hijos casi a diario hacen que ellos se comporten de esa manera en las que se les ha catalogado. Si le dices a un niño o niña una y otra vez lo mismo, acabará por creérselo y actuar en consecuencia. Por ejemplo, un niño que oye cada dos por tres que es malo, terminará por comportarse así porque es lo que se le dice que es.

¿Y qué ocurre con las otras etiquetas que, de primeras, nos parecen menos negativas? Frases como 'qué deportista eres', 'qué buena eres', 'qué campeón'... Estas, llevadas al extremo, pueden resultar perjudiciales ya que ponen una gran presión en los niños. Por ejemplo, qué pasa si nuestro hijo quiere dejar las clases de baloncesto, pero nosotros no dejamos de condicionarlo diciéndole frases como 'eres el mejor deportista'. No sería raro que siguiera con las clases sintiendo la presión de mantener esa etiqueta de 'buen jugador' que le hemos puesto.

Otro claro ejemplo lo vemos en la, por desgracia, típica frase 'es una buena niña'. Quien la oye durante toda su infancia corre el riesgo de ser sumisa, de no actuar, de no pensar por sí misma, de no detectar las injusticias por miedo a no defraudar, a no decepcionar, a no comportarse como se espera de ella, a ser, simplemente, buena sin más. ¿Merece la pena?

¿Es imposible no poner etiquetas a los hijos?

Las etiquetas que pones a tu hijo

Las ponemos, las etiquetas y los estereotipos de los que nos valemos, para simplificar la realidad y hacerla más manejable. Estas forman parte de nuestro cerebro y la forma de entender el mundo, por lo que bien podemos afirmar que es prácticamente imposible eliminarlos de la vida actual. El dilema y los inconvenientes surgen cuando las aplicamos a los niños de forma continua pues les condicionan y no nos dejan ver lo que hay detrás.

Lo que ocurre en la infancia de un niño o una niña, sobre todo en los primeros 6 años de vida, es crucial porque el pequeño se está desarrollando; puede que no lo recuerde todo, pero sin duda, lo que viva le va a marcar de por vida. Por eso, debemos evitar ponerle estas etiquetas en la medida de lo posible, al menos dentro del núcleo familiar o por lo menos evitando a toda costa las más negativas y perjudiciales.

Las etiquetas o prejuicios que más condicionan a los niños

Las etiquetas peligrosas que condicionan a los niños

Las etiquetas se ponen con mucha facilidad, pero se quitan con muchísima dificultad. Las que se ponen dentro del núcleo familiar son las más peligrosas, las que más hieren y más influencia negativa tienen en el pequeño, nuestro hijo. Si el menor ve que sus padres le catalogan como 'vago' o 'tonto' no solo se sentirá así, sino que además sentirá que no le quieren ni le valoran como él necesita para trabajar su autoestima y autoconfianza.

Por otro lado, también son muy peligrosos los estereotipos y las etiquetas que van asociados al género. Tenemos en nuestra mente que las niñas son así y los niños de este otro modo, por lo que, con nuestro comportamiento, lenguaje, gestos y forma de actuar, le vamos a decir a las generaciones presentes y futuras, entre las que se encuentran nuestros hijos y nietos, lo que tenemos en nuestra cabeza y, por lo tanto, seguiremos con los estereotipos que nos han marcado a nosotros mismos de pequeños.

No te equivoques, va mucho más allá de evitar frases como 'las niñas no estudian carreras de ciencia' o 'los niños no lloran'. Si no, más bien, se trata de la vida adulta y muy real en la que ellas, las mujeres, cobran, a día de hoy, un 15% menos por hacer el mismo trabajo que los hombres. O que la representación de la mujer en los puestos directivos es anecdótica, o que a ellas se les valora por el aspecto físico y a ellos con su capacidad intelectual.

Educar a los niños para que las etiquetas no les influyan

No poner etiquetas a los niños

Como hemos dicho antes, resulta casi imposible borrar cualquier rastro de etiquetas. Sin embargo, sí que podemos hacer cosas muy útiles en casa; lo que hacemos en el hogar para tratar de ejercer un efecto protector frente al entorno. Y, para ello, intentaremos identificar estos prejuicios para intentar no usarlos más.

A su vez, el trato que demos a los niños, el clima en el hogar, estará orientado a poder amortiguar el impacto de las etiquetas que los de fuera seguro les van a poner. En este contexto, una vez más, es clave el respeto y la comprensión.

Si a tu hijo le han puesto una etiqueta ayúdale a que sea él mismo el que se la quite. Es la mejor forma de que no deje huella: hazle ver cuáles son sus conductas que chocan con la etiqueta. Si le llaman 'torpe', hazle ver con ejemplos en qué situaciones concretas se desenvuelve de un modo habilidoso, esto le hará entender que esa etiqueta que le han puesto fuera no tiene razón alguna.

En tu mano está hacer una barrera protectora frente a etiquetas que condicionen a tus hijos.

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