La impactante forma en la que interpretan los niños nuestras palabras

El mensaje que queda tras las palabras que decimos a nuestros hijos - Por qué usar el lenguaje afectivo

El lenguaje, o más bien, la manera de usarlo, es fundamental cuando hablamos con los niños. Si hay que tener especial cuidado con las cosas que decimos, o mejor aún, con cómo lo decimos, debemos extremar todavía más el cuidado cuando nos dirigimos a nuestros hijos. Y es que, no imaginas cómo interpretan los niños nuestras palabras. La manera de hablarles puede llevarles a tener una buena autoestima y sentirse queridos o a creerse tontos, torpes, inseguros y poco queridos.

Así interpretan los niños nuestras palabras

La forma en la que interpretan los niños nuestras palabras

Esta tabla muestra conversaciones habituales que surgen en una familia. Y es que, en ocasiones, el estrés, los agobios o las prisas nos hacen hablar mal a los niños, quizás no le demos importancia, pero aquí se pone de manifiesto qué es lo que interpretan ellos y cómo cala en sus emociones. Seguro que tu intención no es llamarle tonto, torpe o malo, eso seguro, pero es lo que al final transmiten muchas de las palabras que les decimos. ¿Acaso a nosotros no nos ocurriría si constantemente nos hablan con esos modos?

Cuando les decimos cosas como '¿no lo entiendes?, ¿acaso no te lo he repetido mil veces?', el mensaje que queda en nuestros hijos es que no se enteran de nada, que son tontos y que no entienden las cosas. Su sensibilidad es mucho mayor que la de un adulto, está inmadura, aún no se ha fortalecido y esto no les lleva a desdramatizar, tomar perspectivo o a restar importancia.

Por el contrario, les lleva a pensar que sus padres les tratan de inútiles. En esta situación, quizás sería mejor respirar, dejar el estrés a un lado, ya que el niño no tiene la culpa de los agobios de los adultos, y pedir amablemente al niño que vuelva a intentarlo, ya sea hacer los deberes o recoger bien la habitación.

¿Es fácil? No, no lo es. ¿Es imposible? Por supuesto que no. Es posible y además tiene muchísimas ventajas para nuestros hijos.

La diferencia entre utilizar el lenguaje despectivo hacia los niños o el lenguaje afectivo es la felicidad de nuestros hijos. Y es que, las palabras, quedan inscritas en nuestra personalidad como un tatuaje en la piel. Pueden construir o destruir.

Desventajas de hablar mal a los hijos (sin empatía ni amor)

Cuando hablamos mal y sin amor a los niños

Como ya te hemos adelantado, debemos vigilar la forma en la que hablamos a nuestros hijos en el día a día. Y es que, una comunicación despectiva hacia el menor, tiene terribles consecuencias para vuestro vínculo, para el desarrollo infantil y para su autoestima. Estas son algunas de las ventajas de hablar mal a los niños.

  • Se sentirán poco queridos.
  • Aplicarán esas etiquetas y realmente se creerán tontos, torpes, malos o molesto.
  • Su autoestima se verá resentida.
  • Aumentarán los conflictos en casa.
  • El niño seguirá nuestro ejemplo y terminará hablándonos mal a nosotros y a la gente de su entorno.
  • Se sentirán menospreciados.

Dados los perjuicios de este tipo de comunicación en la que no validamos las emociones de los niños ni utilizamos el aliento para reforzarles, es importante que dediquemos un momento para autoconocernos y comprender qué situaciones nos hacen reaccionar de una forma desagradable hacia nuestros hijos. Este será el primer paso para ir aprendiendo de nuestros errores a la hora de usar palabras que nuestros niños interpretan de una forma diferente a nuestras intenciones.

Ventajas de usar un lenguaje afectivo con los niños

Lenguaje afectivo entre padres e hijos

Por el contrario, cuando dedicamos parte de nuestros esfuerzos en buscar las palabras más adecuadas a la hora de dirigirnos a nuestros hijos, obtenemos grandes beneficios como los siguientes. Por este motivo, el lenguaje afectivo se convierte en uno de nuestros grandes aliados.

  • Se sentirán queridos.
  • Se esforzarán por hacer las cosas cada vez mejor.
  • Estarán motivados.
  • Serán más felices.
  • Su actitud será mucho más positiva a la hora de afrontar sus retos o su día a día.
  • La relación entre padres e hijos será mucho más fluida y menos conflictiva.

Hablar bonito a nuestros hijos requiere un esfuerzo y una intencionalidad por nuestra parte. Sin embargo, cuando conseguimos integrar en nuestro día a día en familia la comunicación respetuosa, consciente y empática, logramos exportarla a otras áreas más allá de las paredes de nuestro hogar.

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