Qué significa validar las emociones de los niños y cómo hacerlo paso a paso

Consejos de educación emocional para padres con hijos de todas las edades

Eva Hernández
Eva Hernández Psicopedagoga y maestra

En esta ocasión vamos a hablar de un tema que seguro que has oído mucho últimamente: validar las emociones de los niños y niñas. De entrada suena muy bien, ¿verdad? Pero ¿qué es en realidad? Y sobre todo ¿cómo podemos ponerlo en práctica como padres? A continuación nos centramos en mejorar la educación emocional que ofrecemos a nuestros hijos e hijas y aprovechamos para trabajar nuestra inteligencia emocional.

Entonces, ¿qué significa validar las emociones de los niños?

Por qué validar las emociones de los niños

En primer lugar, vamos a definir qué es validar las emociones de una persona. Validar una emoción es legitimarla, no tratando de reprimirla o ignorarla, sino dándole el peso y el valor que merece por sí misma, por el propio hecho de estar sintiéndola. Cuando validamos una emoción transmitimos a la persona que la siente que lo que le está pasando es simplemente aceptado y aceptable, independientemente de que estemos de acuerdo o no con su sentimiento o con su punto de vista. Por tanto, la validación de emociones tiene estrecha relación con la empatía.

En este sentido es muy importante que tengamos en cuenta y transmitamos a los niños en el día a día que no existen las emociones 'buenas' y las 'emociones' malas. Todas las emociones son igualmente lícitas y válidas y sentiremos unas u otras dependiendo de las circunstancias que nos envuelvan.

Es natural experimentar distintas emociones según lo que nos suceda, unas serán más positivas y otras más negativas, pero todas son necesarias y nos ayudan a aprender, a madurar, a crecer y a avanzar en la vida. Las emociones nos aportan información muy valiosa sobre lo que está ocurriendo, sobre cómo lo afrontamos y sobre cómo afecta a los demás.

Por qué la validación emocional infantil es tan importante

Consejos de educación emocional para los padres

Debemos darles a las emociones, tanto a las propias como a las de los demás, el lugar y el espacio que les corresponde. No hacerlo puede tener consecuencias devastadoras, pues no hay nada peor que ignorar o reprimir una emoción. A la larga esto puede acarrear serios problemas relacionales, emocionales e incluso físicos.

Pensemos, por ejemplo, en un niño pequeño que llora porque no consigue aquello que desea, ya sea jugar más tiempo, no irse a la cama, seguir viendo sus dibujos favoritos, no bañarse, etc. Si ignoramos su llanto, restamos importancia a lo que está experimentando o incluso le reñimos o gritamos por llorar, le estaremos transmitiendo que sus emociones no tienen suficiente valor para ser consideradas, que no tiene derecho a sentirlas o expresarlas o, peor aún, que no nos importan.

Si normalizamos y sistematizamos este tipo de actuaciones por nuestra parte, el niño o niña puede acabar interiorizando que sus emociones no son importantes. Este hecho, además de minar gravemente su autoestima, provocará que trate de reprimir las emociones que experimenta y las viva con muchísima confusión y gran malestar, ya que tratar de negarlas no causará que deje de sentirlas.

Esto a su vez contribuye al desarrollo de adultos con dificultades para comprender y gestionar sus propios sentimientos y los de los demás. Es decir, adultos con problemas sociales y emocionales de mayor o menor envergadura.

Educación emocional para tus hijos, paso a paso

Pasos para validar las emociones de los niños

En primer lugar, debemos tener control sobre nuestras propias emociones. Si como adultos no controlamos nuestras emociones, difícilmente vamos a poder enseñar a nuestros hijos e hijas a hacerlo. Recordad que somos su modelo de conducta.

Debemos practicar el autocontrol, potenciar nuestra inteligencia emocional y nuestra empatía. Una vez tenido esto en cuenta, te presento unas sencillas pautas que te pueden servir para lograr la validación de las emociones de los niños:

1. Dirígete al niño o niña desde una posición de igualdad, no de superioridad
Para lograr esto quizá sea necesario que te agaches si es un niño pequeño. Mira al niño o niña a los ojos e incluso tócale cariñosamente.

2. Ayuda a tu hijo o hija a describir qué es eso que está sintiendo
En el caso de niños y niñas muy pequeños, a los que les cuesta entender qué es lo que están experimentando o que aún no tienen soltura en el habla, sé tú quien describa y explique qué es lo que el pequeño está sintiendo y ponle nombre a ese sentimiento.

En el caso de niños y niñas más grandes, déjale que se explique, practica la escucha activa, solo interviniendo si el menor te lo pide o si percibes que necesita ayuda para comprender o designar lo que le sucede.

Inteligencia emocional de padres y niños

3. No juzgues a los niños
Nunca le digas al niño o la niña que una emoción que esté experimentando está mal. De hecho, hazle entender al pequeño que empatizas con él o ella, que comprendes lo que está sintiendo porque tú mismo has pasado por eso anteriormente y sabes cómo se pasa.

Hazle entender a tu hijo o hija que tiene derecho y es completamente normal sentir lo que está sintiendo en sus circunstancias.

4. Enséñale estrategias y ofrécele herramientas para gestionar sus emociones
Estas le ayudarán a canalizarlas o transformarlas en otras más adaptativas o más llevaderas. Sé consciente de que habrá emociones que, por su origen, llevará más tiempo mitigarlas. No te precipites en hacerlas desaparecer. Las emociones negativas llevan su tiempo y su proceso y solo deberían preocuparnos cuando se estancan más tiempo del prudencial o se quedan enquistadas.

Por último, ten en cuenta que en muchas ocasiones la teoría difiere de la práctica. La mayoría de los padres quieren lo mejor para sus hijos e hijas, pero el ritmo frenético del nuestro día a día, las prisas, el cansancio, el estrés... A veces ocasionan que no tengamos el tiempo o la paciencia para poner en práctica loa consejos anteriores. Si en una ocasión no lo haces, simplemente toma conciencia de lo ocurrido y procura hacerlo mejor la próxima vez, aprendiendo de tus errores, pero sin torturarte. Piensa que tampoco es sano regodearse en un sentimiento negativo.

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