Los problemas del sueño incluyen desde el
ronquido primario -mal que afecta al 10 por ciento de los pequeños- hasta las
pesadillas, la somniloquia -hablar dormido-, la
enuresis -hacerse pipà en la cama después de los 5 años-, la dependencia de un objeto o
juguete para poder conciliar el sueño, y también el rechazo perenne a irse a la cama, que muchas veces deriva en la más aguda de las perretas diarias.
La solución a muchos de estos trastornos depende más de los padres que de los niños, asà que de nada vale presionar al pequeño, pelearle, ni castigarle, vale más establecer un
hábito de sueño, y con ellos evitarÃamos las repercusiones que el mal dormir tiene en el
rendimiento escolar, el estado de ánimo y otros perjuicios fÃsicos que hacen impostergable la consulta a un especialista para que, de ser preciso, diagnostique y trate el mal.
Contrario a lo que algunos padres piensan, la irritabilidad y la
hiperactividad son más frecuentes entre los niños faltos de
sueño que la somnolencia misma, y por eso lo primero que debemos chequear es si nuestro hijo duerme la
cantidad de horas que reclama su edad -recién nacido a término 16 horas; bebés de 3 a 12 meses, 15 horas; de 1 a 2 años, 14 horas; de 2 a 5 años, 13 horas; 5 a 9 años, 10 horas; de 14 a 18 años, 9 horas-.
Otras de las medidas saludables para tener un descanso efectivo es tener una cama confortable; un
ambiente de bajas luces y temperatura agradable; un entorno tranquilo -nada de música estridente, visitas o juegos que lo alteren-; evitar el consumo de bebidas con cafeÃna después del mediodÃa, y no emplear la cama o el
cuarto de dormir como un lugar de
castigo para evitar las asociaciones desagradables a la hora del sueño.
También funciona establecer una rutina antes de acostarse -puede ser
cepillarse los dientes, hacer pipÃ, un
cuento, y un beso de buenas noches-; acostar y levantar a los niños a la misma hora; y animarles a que se
duerman solos sin la presencia de los padres u otro adulto.
Rosa Mañas. Redactora.