Un beso, el mejor regalo para mamá

Una de las mejores expresiones de amor son los besos. A todos nos viene a la mente, el primer beso, los besos de cine, los besos románticos, los besos de los enamorados, los besos de amistad, los besos de respeto... y, naturalmente, los besos de nuestros hijos. Los besos infantiles son para sus padres todo dulzura y sinceridad.

Los besos de nuestros hijos son muy elocuentes, con un sencillo acto nos dicen muchas cosas: 'mamá, te quiero', 'mamá, me siento feliz', 'mamá, gracias', 'mamá, perdóname'...

Un beso de los niños basta para hacernos felices

Bebé besa madre

Y nosotras nos morimos por un beso de nuestro hijo; no hay gesto arrugado que pueda evitar transformarse en sonrisa, ni ojos que no se iluminen. Los niños no necesitan decirnos más, sólo un beso basta para hacernos felices, para reponer las fuerzas, para reafirmarnos en nuestra maternidad.

El beso es una muestra espontánea de amor, su solicitud puede ser para ellos un juego más, ¿por qué no jugar con ellos a robarles los besos, a adivinar los distintos sabores de sus labios en nuestras mejillas, a dar y recibir un leve besito de mariposa con el aleteo de las pestañas, el besito de puntita de nariz de los esquimales...? incitemos a nuestros hijos a mostrar su cariño con los besos.

A mí me encanta decirle a mi pequeño: 'Dame un beso ahora mismo' y él corre presuroso, bien para dármelo o bien para escaparse de que yo se lo dé. Otras veces, se ponen a la cola para besarme y que yo pueda adivinar si sus besos saben a caramelo de fresa, vainilla, chocolate o menta.

Hace unos meses vi en la televisión, el testimonio de una joven madre con dos hijos, contaba con lágrimas en los ojos las terribles peripecias de su vida: su gran dificultad económica tras el abandono de su pareja, su desesperación ante no tener un techo y no poder dar ni siquiera lo más necesario a sus hijos. Contemplar aquella escena me conmovió realmente; pese a su juventud, era una mujer que había sufrido mucho, la tristeza de sus ojos delataba la realidad de su relato. Al verla me sentí con el corazón en un puño, pensé que si no hubiera tenido hijos, todo sería más fácil para ella... eso pensaba hasta que, por primera vez, ante un beso de consuelo y comprensión de sus hijos, ella sonrió (fue la única ocasión en la que su rostro tenía serenidad).

Fue ahí cuando me di cuenta de que los trabajos de esta joven en la vida tomaban sentido cuando se vieron recompensadas, al menos, con el beso de gratitud y amor de sus pequeños hijos. Sentir un beso espontáneo de consuelo, de amor sincero, de alegría es un regalo irresistible para cualquier madre. Los besos entre padres e hijos son un idioma único y un alimento para el corazón: ¡comámonos a besos a nuestros pequeños! Os merecéis muchos, pero que muchos besos...

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com