Cómo mejorar el perfil de consumo de grasas de los niños

Las leches infantiles enriquecidas aseguran una ingesta mínima recomendada de ácidos grasos esenciales y poliinsaturados

Rosaura Leis

Una ingesta de grasa adecuada en la alimentación infantil es fundamental, tanto para asegurar un buen aporte de energía como para garantizar un correcto crecimiento y desarrollo y para la prevención de enfermedades no transmisibles (ENTs). El problema es que esas grasas no siempre son buenas y pueden derivar en problemas de salud para el niño. Vamos a hablar de cómo mejorar el consumo de grasas en los niños, cuáles son las malas y las buenas y qué productos debemos incluir en nuestra cesta de la compra.

La importancia de los ácidos grasos esenciales y poliinstaurados en la alimentación infantil

grasas esenciales para niños

Las grasas son una fuente importante de energía en la dieta de los niños y su consumo debe suponer el 20-35% de la ingesta energética total. Pero es importante, además, tener en cuenta el perfil de esas grasas y, por un lado, moderar el consumo de grasas saturadas, considerado menos saludable, y, por otro lado, cumplir siempre con las ingestas mínimas recomendadas de ácidos grasos esenciales y ácidos grasos poliinsaturados.

En general, la población infantil ingiere más grasa de la recomendada. Además, existe un consumo excesivo de grasas saturadas y, sin embargo, no se alcanzan las ingestas recomendadas por los organismos internacionales competentes, como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (ONU-FAO), para los ácidos grasos esenciales y poliinsaturados y, más concretamente para el DHA, un omega-3 que forma parte de las células del cerebro y de la retina y es, por tanto, esencial para el desarrollo cognitivo y visual en la infancia.

Las leches infantiles enriquecidas, que normalmente contienen menos grasas saturadas y están enriquecidas con ácidos grasos omega-3, suponen una oportunidad para mejorar el perfil del consumo de grasa de los niños. Dentro de la población del Estudio EsNuPI (Estudio Nutricional en Población Infantil Española), promovido por la Fundación Española de la Nutrición (FEN) y la Fundación Iberoamericana de la Nutrición (FINUT), los niños consumidores de leches infantiles enriquecidas presentaron un perfil más saludable de consumo de grasas.

El Estudio EsNuPI analiza la ingesta habitual de grasas en la población infantil española no vegana, comparando una muestra de referencia representativa con otra de niños consumidores de leches infantiles enriquecidas, y evalúa el cumplimiento de las recomendaciones nutricionales internacionales.

Según los datos de la investigación, 4 de cada 10 niños de 1 a 10 años presentan ingestas de grasa total y ácidos grasos saturados superiores a las recomendadas, aunque la muestra de niños consumidores de leches infantiles enriquecidas presenta una mejor adecuación a lo considerado como saludable.

Por qué favorecer el consumo de las leches enriquecidas en los niños

las leches enriquecidas en la dieta de los niños

Por otro lado, los niños que consumen leches infantiles enriquecidas también alcanzan en mayor medida las recomendaciones de grasas saludables. Este grupo presenta una ingesta mayor de grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, como el omega-3 DHA. La principal fuente alimentaria de DHA son los pescados azules, un alimento que muchas veces a los padres les cuesta introducir en la dieta de los niños, al menos con la frecuencia que sería necesaria para alcanzar las ingestas recomendadas.

Por eso, utilizar alimentos fortificados y enriquecidos como los lácteos, tan presentes e importantes en la dieta de los niños, es una estrategia muy útil y eficaz para ayudar a cumplir con las recomendaciones y reducir el déficit de estos ácidos grasos existente en la dieta de los niños. De hecho, los niños consumidores de leches infantiles enriquecidas participantes en el Estudio EsNuPI presentaron ingestas 4,5 veces mayores de DHA que la población general.

Las conclusiones del Estudio EsNuPI nos alertan a los pediatras y profesionales de la salud infantil de la necesidad de seguir trabajando en la educación nutricional de los niños y de sus padres y de promover hábitos dietéticos más saludables que contribuyan a garantizar un adecuado crecimiento y desarrollo y a prevenir enfermedades a corto, medio y largo plazo, incluida la edad adulta. Hay que tener en cuenta, además, que los hábitos y patrones de alimentación que se establezcan en la infancia persistirán a lo largo de la vida.

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