Cómo conseguir que los niños sean buenos comedores

Cómo lograr que el niño coma sin problemas y dramas

A la hora de ofrecer a nuestros hijos una dieta sana y equilibrada es fácil que los padres necesiten un empujoncito en la dirección apropiada. Seamos sinceros, cuando hablamos de gustos, no todos tenemos los mismos, ¿porque iban nuestros hijos a ser todos iguales?

Como entre los pequeños de la casa, entre los adultos también hay malos comedores, que difícilmente servirían de ejemplo para sus hijos, pero que, llegado el momento, pueden hacer un pequeño esfuerzo para remar en la dirección apropiada con estos pequeños consejos para conseguir que los niños sean buenos comedores.

Pautas para lograr que los niños sean buenos comedores

Lograr que los niños sean buenos comedores

- Si en casa no se comen ciertos alimentos, no te empeñes en que el niño los coma porque sean saludables o porque la receta del pediatra los incluye en la lista. Generalmente los alimentos del mismo grupo aportan nutrientes muy similares o, en el caso de las frutas y verduras, los del mismo color suelen ser sustituibles entre sí. Los niños hacen lo que ven, y salvo que te vean comiendo ese alimento, no van a mostrar interés en hacerlo ellos.

- Los padres decidimos que comida se pone en la mesa. Y hasta ahí llega nuestra función a la hora de alimentar al niño. Qué se come y cómo se cocina es una tarea para los progenitores, aunque en ocasiones especiales, como en su cumpleaños, se pueda preguntar al niño que quiere comer o cenar. De manera habitual, los niños no deberían tomar esta decisión, mientras que si son suyas, el cuándo y el cuánto. Si no tiene hambre en ese momento, puede decidir no comer, o puede decidir –si es aceptable en las normas familiares- dejarlo para más tarde, cuando tenga hambre. Siempre desde el respeto: ni se obliga a comer ni se guarda para la merienda o la cena, pero tampoco se hace otra comida alternativa, sino que se continúa con la rutina, a la hora de la merienda, se ofrece la merienda y a la de la cena, la cena.

- Olvida los “platos limpios”. Cuando nosotros crecimos, y también cuando crecieron nuestros padres, eran otros tiempos y había otras normas, lo cual no quiere decir que tengamos que seguir aplicándolas. Si es cierto, sin embargo, que la tasa de obesidad ha aumentado de manera alarmante y terminarse el plato sin hambre no ayuda.

- De bebida, siempre agua, y solo agua. Los zumos y las bebidas azucaradas no tienen cabida en la dieta infantil, salvo para las ocasiones especiales.

- Cuanto antes establezcas menús saludables, mejor, si es a los 6 meses, ¡mejor que mejor! Si el niño se acostumbra a ver en su plato ciertos alimentos, los comerá, mientras que si no los ha visto nunca, será más reacio.

- Nada de comer en frente de la tele. Para el niño que come mal, puede ser una manera de distraerle y meterle la comida en la boca, mientras que para el niño que come bien, es una manera de que se exceda en lo que come. En ningún caso es bueno comer sin conocimiento de lo que se está haciendo.