Qué hacer si tu hijo sufre fallo de medro. Causas y tratamientos

Este retraso en el crecimiento del niño afecta tanto al peso como a la talla

Iván Carabaño Aguado

A todos los padres nos preocupa saber si nuestros hijos están creciendo y ganando peso con normalidad o si, por el contrario, dicha ganancia es insatisfactoria. En guiainfantil.com dedicamos un capítulo en su día a explicar los percentiles, pero en esta ocasión, nos vamos a centrar en el llamado fallo de medro.

Cuando tu hijo sufre fallo de medro 

fallo de medro

El fallo de medro se aplica exclusivamente a niños menores de 2-3 años de edad, y se define como la incapacidad para mantener una velocidad de crecimiento normal, tanto en peso como en talla. Se ha establecido de forma concreta varias definiciones de fallo de medro. A continuación te las exponemos:

1. Niño de menos de 2 años con un peso por debajo del 80% del peso ideal para la edad.

2. Niño menor de 2 años, cuyo percentil de peso es menor del 3 para edad en más de una ocasión.

3. Niño menor de 2 años de edad, cuyo peso cae dos percentiles a lo largo del tiempo, en una gráfica estandarizada.

Es importante que tengamos en cuenta que una sola determinación por debajo de la normalidad no es suficiente para establecer el diagnóstico. Hasta un 15-20% de los niños pueden estar aisladamente en una ocasión por debajo del punto de corte.

Por qué se produce el fallo de medro

La prevalencia del fallo de medro varía mucho en función del nivel socioeconómico del que estemos hablando. En algunos países puede llegar a afectar, según la UNICEF, al 40% de los niños. Lo habitual, no obstante, es que en el medio desarrollado afecte al 1-10% de la población. Las causas de fallo de medro se pueden agrupar en cuatro grupo principales:

- Ingesta insuficiente de nutrientes (mala técnica alimentaria, pobreza, problemas de deglución, etc.)

- Alteraciones en la absorción de alimentos (enfermedad celíaca, vómitos importantes, etc.)

- Reducción del apetito (parálisis cerebral, problemas psicoafectivos,…).

- Requerimientos aumentados de nutrientes (hipertiroidismo, enfermedades inflamatorias crónicas,…)

Como vemos, puede haber causas orgánicas, pero también causas no orgánicas.

Tratamiento frente al fallo de medro

El tratamiento del fallo de medro debido a una causa orgánica será individualizado, y dependerá del motivo que lo esté motivando. El reto se plantea cuando el origen no es orgánico, pues implicará un abordaje multidisciplinar:

- Apoyo desde trabajo social, si hay problemas económicos.

- Apoyo psicológico al niño y a sus familiares, en casos de anorexia infantil.

- Recuento calórico y valoración de la calidad de la dieta que ingiere el menor. Asesoramiento nutricional, en caso de existir una mala técnica alimentaria.

- Modificación del comportamiento durante la comida, estableciendo una dinámica conversacional frente a la una dinámica centrada en el acto de comer. Esto es, intentar evitar que durante la comida en familia reine un ambiente placentero, distendido y amable, y que no todo quede monopolizado por la negativa del niño a comer.

- Aporte de trucos caseros para enriquecer calóricamente los platos (añadir aceite de oliva virgen extra en crudo sobre los purés, añadir queso en porciones a los purés, aportar yogures griegos en lugar de los yogures convencionales, dar carnes y pescados en formato rebozado, añadir salsas de nata a las elaboraciones caseras, etc.).

- Introducción de suplementos calóricos en aquellos casos más graves.

- Aporte de vitaminas/minerales si existen signos orientativos de déficits nutricionales específicos (bocio, craneotabes, palidez, gingivitis, etc.)

- Hospitalización si fuera preciso.

Sea cual sea la causa, es importante un diagnóstico a tiempo, ya que algunos expertos afirman que el fallo de medro puede provocar trastorno conductual y/o psicológico; aunque, por otra parte, desde el punto de vista del desarrollo ponderoestatural se estima que el 75% de los niños con fallo de medro alcanzan percentiles normales.