La teoría de la felicidad de Einstein que puedes enseñar a los niños

Cómo explicar a nuestros hijos la famosa teoría de la felicidad de Albert Einstein

Estefanía Esteban
Estefanía Esteban Responsable Multimedia

Esta es sin duda una de esas preciosas historias reales que nos dejan una enseñanza para reflexionar. El protagonista: Albert Einstein. 

El científico alemán fue por un viaje académico a Japón. Estaba en un hotel de Tokio y un mensajero le trajo un paquete. Como no tenía dinero para la propina, le ofreció su 'fórmula para la felicidad', escrita en dos papeles diferentes. Una fórmula nada compleja, que todos podrían entender. Casi 100 años después, esas hojas se han subastado por un millón y medio de dólares. ¿Quieres saber cuál era esa fórmula? Te explicamos la teoría de la felicidad de Einstein que puedes enseñar a los niños.

Desvelada la teoría de la felicidad de Einstein que puedes enseñar a los niños

Teoría de la felicidad

Albert Einstein se acababa de enterar de que le habían otorgado el premio Nobel de Física. En ese momento se encontraba en un hotel de Tokio (Japón), por un viaje académico. Entonces un mensajero le llevó un paquete a la habitación. Al no tener dinero para la propina, Einstein le ofreció la 'teoría de la felicidad', argumentando con él que sería de mucho más valor que unas monedas sueltas. Escritas a mano, el mensajero recibió dos notas con estas dos frases: 

1. 'Donde hay voluntad, hay camino'.

2. 'Una vida humilde y tranquila trae más felicidad que la persecución del éxito y la constante inquietud que implica'.

Casi 100 años después, se ha demostrado que Einstin tenía razón, y que esas dos notas valían mucho más que una propina. De hecho, el sobrino de este mensajero ha recaudado con ellas un millón y medio de dólares.

Cita de Einstein sobre la felicidad

Nos quedamos con el texto, con la enseñanza que podemos transmitir a nuestros hijos, Son frases que nos hacen reflexionar, sin duda, sobre el sentido de la vida, el camino de la felicidad y los sueños. Sobre los valores del esfuerzo y la perseverancia, sobre las frustraciones y sobre el sacrificio. Estas son las dos explicaciones que tú puedes dar a  tus hijos: 

1. 'Donde hay voluntad, hay camino': Basta una idea, un sueño, para activar los motores de la vida. Los sueños lo mueven todo. La ilusión siempre es el comienzo del camino. Sin duda, no hay éxito sin un sueño, ni consecución sin una idea. Las ideas, los sueños, surgen sin más, nos abrazan, nos remueven por dentro. Espabilan todos nuestros sentidos. Pero el camino evidentemente será largo, muy largo. Si queremos llegar al final, a nuestra meta, tal vez debamos renunciar en algunos momentos a la plácida tranquilidad... a la felicidad ligada a la serenidad. Y aquí es donde llega la siguiente nota, íntimamente ligada a la primera...

2. 'Una vida humilde y tranquila trae más felicidad que la persecución del éxito y la constante inquietud que implica': Después de soñar, llega la cruda realidad. El éxito, los sueños, están llenos de obstáculos, desazones, desilusiones, miedos, caídas. Tal vez la felicidad precise renunciar a alguno de nuestros sueños más osados. La consecución del éxito exige sacrificio, ambición, y a veces, por qué negarlo, algo de soberbia. Quien cree en algo, lo defenderá pese a todas las consecuencias. Esto implica también encontrarse con problemas, enemistades, envidias, temores... Todos estos sentimientos nos restan un poco de esa felicidad que transmite la quietud, el recogimiento y la humildad. 

Muchos han visto estas notas como contradictorias. No lo creo. Ambas están relacionadas. Einstein extendió al humilde mensajero dos opciones: la de permanecer en su espacio de bienestar, felicidad y serenidad o la de salir de su espacio de bienestar y perseguir algún sueño más ambicioso. Todos, pensaba Einstein, somos libres de escoger uno de los dos caminos. Puedes perseguir tus sueños (y tendrás que hacer muchos sacrificios por el camino) o quedarte donde estás, en tu zona de confort y optar por una felicidad plácida y sin sobresaltos. Seguir el primer camino no implica no ser feliz, sino se feliz e infeliz a ratos, con sus altibajos. Implica pequeñas dosis de felicidades salteadas entre otras cuantas dosis de insatisfacción y desilusiones. El segundo camino implica una felicidad constante, sí, más permanente. Te ahorrará el dulce sabor de la derrota, del miedo, de la frustración, pero tampoco podrás recoger recompensas tras una dura carrera y degustar el cálido y dulce sabor del éxito.