Por qué hay niños que provocan a sus hermanos constantemente

La razón de por qué hay niños que molestan a sus hermanos y cómo evitarlo

Patricia Fernández
Patricia Fernández Redactora en Guiainfantil.com

Aunque las peleas fraternales son algo que ocurren en casa de todo hijo de vecino y es difícil escapar de ellas, lo cierto es que hay niños a los que les encanta chinchar a sus hermanos más de lo normal.

Las peleas entre hermanos son algo habitual, y por norma general no debemos hacer una cruzada de ellas, ni alarmarnos más de lo necesario. Al final terminan convirtiéndose en un runrún diario para todos aquellos padres que tenemos más de un hijo conviviendo en la misma casa.

Pero ¿por qué a los niños les gusta provocar a sus hermanos? Te contamos cuáles son las razones fundamentales, y cómo saber distinguir entre un hermano molesto o un hermano acosador.

Razones por las que hay niños que provocan a sus hermanos

Por qué hay niños que provocan a sus hermanos

Esto no es dogma de fe, es decir, no a todos los niños les gusta molestar a sus hermanos, los hay que les ignoran o que son amables y dulce con ellos, pero sí es cierto que las peleas entre hermanos resultan habituales, sobre todo en las familias grandes.

Un espacio reducido de convivencia acrecienta esta práctica de la provocación; hay que entender que, si ya nos resulta difícil a veces capear con las manías de nuestras parejas, lo es mucho más cuando son varios niños los que interactúan en un pequeño espacio compartiendo juguetes, baño e intereses contrapuestos ¡esto es guerra asegurada!

Aún así, cada uno es como es, y mientras uno de nuestros hijos puede estar tranquilamente jugando en la habitación sin molestar al otro, no es extraño que otro se divierta fastidiando al que está tan tranquilo, y su juego sea incordiar a su hermano sin motivo aparente, pero ¿por qué?

Puede haber tres tipos de razones:

1- Llamadas de atención hacia los padres e inseguridad del niño. Normalmente los niños molestones son niños que necesitan llamar la atención constantemente de sus padres. Requieren de una mayor atención o se sienten más inseguros, y esa intervención de sus padres ante las peleas es una manera de que se preocupen de él.

2- Celos de sus hermanos. Esta es otra muestra de inseguridad del niño. Es normal que el niño pueda tener algún tipo de celos con sus hermanos y lo proyecte contra ellos. No es lo mismo que esto ocurra en una etapa concreta, como supone el nacimiento de un nuevo hermanito, o que el otro haya sacado mejores notas, a que sea algo constante y sin motivo aparente. En el primer caso sabemos que la razón de los celos desaparecerán, mientras que el segundo caso requiere una labor y apoyo psicológico para poder mejorar la inseguridad del niño.

3- Para motivar e incentivar a su hermano a actuar con él. Normalmente son niños muy nerviosos o activos que se aburren jugando solos y necesitan un compañero constante de juegos. De esta manera 'chinchar' a su hermano se convierte en un juego en sí mismo, aunque el otro no quiera jugar.

Aunque los hermanos son competidores naturales, en ocasiones tienen una relación amor-odio que los padres interpretamos como algo natural pero que de ninguna manera debe superar ciertos límites.

En la mayoría de los momentos donde los hermanos se molestan no deberíamos intervenir, para que ellos aprendan por sí mismos a solucionar sus problemas. Sin embargo, nunca debemos dejar de observar con calma cómo se desarrollan los hechos, por si llega el momento de interponerse.

Hay padres que piensan que las peleas constante entre hermanos endurecerán el carácter del niño, sin embargo, los psicólogos aseguran que no hay necesidad de aprender a defenderse de esa manera, y que una pelea continua entre hermanos puede llegar a considerarse acoso en determinados momentos y dejar traumas de culpa tanto en el acosador como en el acosado.

Estudios recientes han determinado que el acoso entre hermanos existe, y que es más habitual que el que se da en las clases.

¿Dónde está la línea de separación entre un hermano molesto y un hermano acosador?

Sin duda, en la falta de respeto y el sufrimiento. Nunca debemos justificar los celos o la falta de confianza del niño en un momento que termina en violencia. Debemos aprender a intervenir cuando la ocasión lo requiera, es decir, cuando alguno de los niños esté sufriendo.

No debemos negar lo que está ocurriendo, ni restarle importancia, ya que negar algo evidente puede afectarles profundamente.

Lo que debemos hacer es poner límites claros y concisos sobre las normas a seguir: no faltar el respeto, y no pegar en ningún caso.

Esto no es algo que se pasa de la noche a la mañana, así que deberéis tener paciencia y no desfallecer en el empeño. Tendréis que repetir una y mil veces los límites hasta que estos sean respetados por todos los miembros de la familia, y todos incluyen a los padres también. No sirve de nada educar si no predicamos con el ejemplo.