No soy feliz aunque soy mamá, ¿mis hijos tampoco serán dichosos?

Madres y padres debemos reflexionar sobre qué es para nosotros la felicidad verdadera

Adriana Méndez
Adriana Méndez Psicóloga y escritora
Revisado por Silvia Álava Sordo, Psicóloga, el

Muchas mujeres piensan que, para ser totalmente felices, necesitan ser madres. Sin embargo, cuando ya tienen a su bebé en brazos, les sorprende descubrir que aún se siguen sin sentir plenas. No son felices aunque son mamás porque han volcado su felicidad en la llegada de sus hijos, en lugar de buscarla por ellas mismas. Esto, además, les lleva a preguntarse: si yo no soy una madre feliz, ¿mis hijos tampoco serán dichosos?

A continuación analizamos todas estas cuestiones y reflexionamos sobre cuál es el verdadero significado de la felicidad plena.

¿Por qué no consigo ser feliz aunque soy madre?

Soy mamá pero no soy feliz

Debido al abrumador sentimiento de mantener el balance de ser madre, mujer, trabajadora y pareja, muchas mujeres pueden tener bajones emocionales que las hagan sentirse desanimadas o incluso tristes. A menudo, esto les lleva a sentir culpabilidad por ello y dejan de disfrutar de su maternidad de una forma saludable.

Una de las grandes preguntas que se hacen las madres cuando por fin tienen a su bebé en brazos y se encuentran cara a cara con la maternidad es: '¿acaso es normal sentirse triste en lugar de feliz aunque tengo a mi hijo en brazos?' La respuesta es SÍ. Estas emociones son más comunes de lo que podemos pensar y pueden darse por diversas razones.

A menudo, se escucha eso de que 'para ser felices hay que tener un hijo'. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. De hecho, el proceso debería ser el contrario: primero debemos tratar de encontrar la felicidad (si bien tenemos que reflexionar sobre cómo definimos la felicidad) y luego, tener un hijo. La felicidad tiene que ser personal y venir desde el interior de cada quien, los hijos no pueden ser esa fuente de alegría que esperas recibir.

Es cierto que los niños son un motivo para aumentar esa satisfacción personal que ya poseemos, pero esto deviene al buscar la alegría por nuestra cuenta y no a través de otras personas. Y no hablamos solo de los hijos; las mamás tampoco podemos basar nuestra felicidad en nuestra pareja, en otros familiares o en nuestros hijos. De manera que, cuando una mujer se sienta realizada por quién es, al momento de decidir tener hijos, estos magnifiquen su dicha.

Si yo no soy una mamá feliz, ¿mis tampoco serán dichosos?

Hijos dichosos de madres infelices

Más allá de darle una vuelta a nuestro concepto de 'ser feliz', existe un miedo perpetuo en las mamás que no se sienten felices o están en un momento de desánimo en su maternidad: se preguntan (y a veces hasta se culpabilizan) si, dado que ellas no son felices, no saben si sus hijos llegarán a ser dichosos.

Si bien, nuestro ánimo repercute en los niños, hay que aclarar que ser feliz y tener un bienestar emocional no implica estar contentas todo el día, todos los días, con una gran sonrisa en el rostro. Este es un modelo de felicidad que es imposible de lograr.

Lo que como madres y padres debemos buscar es mantener una paz y balance emocional, lo que nos lleva a tener un bienestar físico y psicológico ideal para sentirnos a gusto con nosotros mismos. Ese es el modelo de felicidad que debemos enseñar a nuestros niños: el disfrutar de los días buenos sin negar la existencia de los días malos, donde está bien sentirnos decaídos.

Todas las emociones (las que son muy agradables pero también las que nos hacen sentir incómodos) son válidas. Porque estas son emociones que nos ayudan a apreciar los buenos momentos cuando llegan y magnificar esos sentimientos de fortuna.

Los padres debemos reflexionar sobre qué es la felicidad

Tener hijos dichosos aunque no seas feliz

En conclusión, debemos ser consciente de que es completamente normal que haya momentos en los que nos sintamos con los ánimos más altos y otros en los que nos sintamos más decaídas; porque la felicidad no es sinónimo de sentirse contenta las 24 horas del día. Cada mamá debe reflexionar sobre cuál es su concepto de felicidad y tratar de alcanzar esa dicha por ella misma (sin volcarla en la gente que le rodea, ni siquiera en sus hijos). Este es el modelo de felicidad que debemos trasladar a nuestros hijos, ya que será el que les haga verdaderamente dichosos.

Lo más importante para los padres es intentar mantener una actitud positiva, en lugar de tener una visión fatalista de la vida. Esto se logra potenciando las emociones agradables del día a día. Cuando logramos hacer esto, estamos enseñando a los niños a ser más felices, porque saben cómo manejar sus emociones.

Cabe resaltar que la mejor forma de lograr esto es teniendo como ejemplos a sus padres. Hay que recordar que los niños aprenden todo de primera mano imitando a sus progenitores, pues son las personas más cercanas e importantes para ellos.

Y para ti, ¿qué es la felicidad?

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