Preocupación excesiva de los padres por mantener a salvo a los niños

La sobreprotección impide el desarrollo integral del niño

Jimena Ocampo Lozano

Una de nuestras preocupaciones como padres es que a nuestros hijos no les ocurra nada, mantenerlos a salvo de cualquier peligro y que sean felices. Una preocupación normal, pero que en exceso puede tener repercusiones en el desarrollo de nuestros hijos. Esto es lo que ocurre cuando existe una preocupación excesiva de los padres por mantener a salvo a los niños.

Padres que sobreprotegen para mantener a salvo a los niños

Padres demasiado preocupados por sus hijos

Con padres es difícil controlar el impulso primario de mantener a salvo a nuestros hijos, pero una cosa que tenemos que tener en cuenta es que por un lado no podemos controlar absolutamente todo lo que rodea a los niños, y por otro, que los niños tienen que aprender a resolver los problemas con los que se pueden encontrar en su día a día, es decir, tienen que adquirir herramientas que les permitan desarrollarse de manera autónoma.

Uno de los riesgos que se corren cuando nos preocupamos de manera excesiva, es mandar el mensaje a los niños de que el mundo es un entorno hostil y lleno de peligros. Si además tememos la tendencia de evitarles  cualquier riesgo, les decimos indirectamente que no creemos que sean capaces de defenderse ellos solos  a esos peligros.

Esa preocupación no tiene que ver solo con riesgos físicos, (que se caigan, que les pase algo estando solos, que crucen la calle y les puedan atropellar...) sino también con riesgos más psicológicos, (cometer un error, tomar una decisión equivocada, etc).

Efectivamente en el mundo en que vivimos hay riesgos y peligros, para los niños y para los adultos, y nuestra misión como padres es educar a nuestros hijos para que sean capaces de defenderse y resolver situaciones por ellos mismos. En cierta manera esa preocupación excesiva es una forma de sobreprotección, y la sobreprotección tiene efectos negativos en los niños, que van a repercutir en el futuro desarrollo de los hijos, como puede ser la baja tolerancia a la frustración o que los niños desarrollen una excesiva preocupación por todo y miedos que van más allá de lo puramente evolutivo.

La sobreprotección puede convertirse en un exceso de control por parte de los padres, de forma que tomamos decisiones por ellos o les hacemos tareas (por miedo a que se equivoquen y sufran), o por el contrario no les dejamos realizar determinadas tareas o actividades, (ir solo al colegio por si  algo les ocurre). Este exceso de control repercute en el desarrollo de los hijos de varias formas:

- No desarrollan una adecuada seguridad en sí mismos, ya que el mensaje que reciben es que ellos "no pueden" o "no son capaces de"

- Tienen baja tolerancia a la frustración, ya que no tienen experiencia para enfrentarse a esta emoción básica.

- Son poco autónomos en sus tareas o en tareas propias de la edad.

- Pueden desarrollar miedo excesivo o ansiedad en situaciones cotidianas, (quedarse solos, la oscuridad, etc...). Pueden vivir el separarse de los padres como un peligro, ya que su figura de seguridad no está.

El papel fundamental de los padres será enseñar a los hijos a enfrentarse a los peligros y riesgos, a las consecuencias de las malas decisiones, a ser autónomos e independientes, etc.  Por eso en muchas ocasiones, tendremos que frenar ese "instinto" y dejarles hacer a ellos solos.  Lo mejor que podemos hacer por ellos, es darles herramientas para que puedan desenvolverse en el mundo, que conozcan los riesgos que existen en cada edad y etapa, y que sepan enfrentarse a ellos, y tomar decisiones adecuadas.

Es importante por lo tanto:

- Demostrarles que confiamos en ellos. En lugar de no dejarles hacer, ayudarles a subir y estar a su lado, supervisando, pero no controlando.

- Darles autonomía, de acuerdo con su edad.

- Tratar de no transmitirles la idea de que el mundo es hostil, sino ir enseñándoles que los peligros y riesgos están allí y cómo enfrentarse a ellos. Evitar expresiones como "ten cuidado que te caes", "te vas a hacer daño" "no vas a poder", o "ya lo hago yo que te puedes hacer daño",

- Ayudarles a tomar decisiones, y a responsabilizarse de las mismas.

- No evitarles situaciones o experiencias, por miedo a que les pueda pasar algo o puedan sufrir. Claro está que no se trata de exponerles a situaciones peligrosas, pero tampoco de que vivan en una burbuja.

- No transmitir nuestros miedos a nuestros hijos.

Si queremos que nuestros hijos sean adultos autónomos, autosuficientes, seguros de sí mismos, y sobretodo felices, tenemos que tener todo esto en cuenta, y poner freno a nuestros instintos paternales de proteger a nuestros hijos de todo.