4 pautas para que tus preocupaciones y miedos como madre no te dominen

En ocasiones, los padres transmitimos algunos de nuestros miedos a nuestros hijos

María Soto, Embajadora de Disciplina Positiva
En este artículo
  1. Transmitimos los miedos y pensamientos dañinos a los niños
  2. Cómo dominar las preocupaciones que nos asaltan como madres
  3. ¿Estoy preocupada? ¿Tengo miedo?

Todos tenemos preocupaciones o miedos y debemos aprender a gestionarlos. Sin embargo, el problema aparece cuando no somos capaces de manejar esos pensamientos, que se convierten en muy dañinos, y llegan a agobiarnos e interferir en nuestra maternidad o paternidad. Incluso, sin darnos cuenta, se los podemos llegar a contagiar a nuestros hijos. De ahí, la importancia de que todas las madres y padres hagamos un trabajo de autoconocimiento para evitar que esos miedos y preocupaciones nos dominen.

Transmitimos los miedos y pensamientos dañinos a los niños

Miedos que los padres contagian a los niños

Es muy común, e incluso esperado, que los padres quieran proteger a sus hijos de cualquier peligro que exista en el mundo que los rodea para evitar que sufran algún tipo de daño bien (sea emocional o físico). Sin embargo, lo que algunos padres no se dan cuenta es que esa actitud puede llevar a perjudicar a sus pequeños pues, en lugar de hacerlos crecer como personas independientes y fuertes, crean en ellos temores constantes a todo lo desconocido.

Si bien, es correcto alertar y preparar a los niños ante los riesgos que existen en el mundo real, la mejor manera de hacerlo es siendo transparentes y brindándoles las herramientas más funcionales posibles, en lugar de evitar que experimenten, pues al fin y al cabo algún día crecerán y deberán enfrentarse a la realidad por sí solos.

El principal miedo que los adultos suelen transmitir a sus hijos es un reflejo propio del egoísmo paterno, es decir, solemos proyectar en nuestros pequeños aquellos temores que tenemos a equivocarnos como padres y, como consecuencia, ellos los imitan. Por ejemplo, se tiene miedo que sean rebeldes, que no coman sus comidas, que se porten mal, que no obedezcan, etc.

Se necesita de imaginación, creatividad, carácter, paciencia y mucho amor. Por lo que una buena recomendación para los papás y mamás es cambiar de visión, en lugar de pensar todo el tiempo que 'todo me va a salir mal' intentes pensar '¿qué puedo hacer para que me salga bien?' y no temas experimentar fuera de la caja, con juegos, actividades y otras cosas que sean funcionales para ti.

Cómo dominar las preocupaciones que nos asaltan como madres

Las preocupaciones que dominan a las madres

Todos tenemos siempre preocupaciones rondando sin parar en nuestra cabeza; las obligaciones del día a día pueden volverse una carga muy pesada si no encontramos la manera de equilibrarlas bien y sobre todo si no damos el descanso que nuestro cerebro necesita, por ello debemos intentar algunos trucos para soltar algunos de esos pensamientos inquietos.

1. Pensamientos anticipatorios
Una de las maneras de librarnos de las preocupaciones es dejar de concentrarnos en que las acciones de hoy puedan tener una repercusión en el futuro de los niños si no se resuelven en ese mismo instante. Por supuesto no se trata de dejar las cosas sin resolver, sino en dejar que todo fluya y guiar a los pequeños a buscar la solución más óptima.

2. Lo complicado se crea
Sin duda alguna, somos nosotros mismos (sí, nosotras, las madres) quienes creamos las complicaciones. Por ejemplo, cuando vemos que algo va en una dirección poco favorable y dejamos que nuestro miedo se apodere de nuestra mente, terminamos por crear el temor en lugar de enfrentar el problema. Esto es sumamente difícil de ver en el momento, pero con el paso del tiempo podrás reconocer cuando hasta las cosas rutinarias se vuelvan pesadas y enredadas o te causen algún tipo de bloqueo.

3. Configurar el pensamiento
Deberíamos ser capaces de reconocer y controlar lo que pensamos, de manera que cuando la ansiedad ataque podamos detenernos, respirar y reflexionar antes de actuar en lugar de escuchar ese pensamiento rumiante. De esta forma conseguiremos que nuestro objetivo no sea buscar una solución rápida pero incompleta, sino una lección para enseñar a los pequeños.

Esto también ayuda a que al momento en que te vayas a la cama y analices tu día, no se comiencen a desarrollar miedos más grandes o agravar una situación de manera innecesaria que te impida desenvolverte al siguiente día. Recuerda que sobrepensar no te hace racional, sino todo lo contrario.

4. Escuchar las señales del miedo
Sí, es posible reconocer el miedo a través de pequeñas advertencias que nos hace el cuerpo y estado emocional, así que asegúrate de escucharlos, en lugar de hacerlo con esos pensamientos repetitivos que no te dejan ver más allá.

¿Estoy preocupada? ¿Tengo miedo?

Miedos al educar a tus hijos

Como te decíamos, los miedos y las preocupaciones dejan huella en nuestro estado emocional, pero también a nivel físico. Si nos paramos un momento a reflexionar sobre cómo nos sentimos y cómo sentimos nuestro cuerpo, será más sencillo saber si estamos dejando que los pensamientos dañinos nos dominen.

¿Cómo podemos reconocer los miedos y las preocupaciones? A través de la tensión de los músculos, temblores, bruxismo dental, posturas defensivas, respiraciones agitadas, palpitaciones, sudoraciones... También se muestra en el tono de voz, en las palabras que se utilizan, en la agresividad y el nerviosismo. Todos esos síntomas nos indican que no estamos pensando, sino que estamos en completo estado de terror.

En conclusión, es importante que sepas que debes añadir un poco de flexibilidad y espontaneidad a tu vida paterna, no necesitas adelantarte a los hechos sino sacar una enseñanza de ello mientras guías a los pequeños a buscar sus propias resoluciones.

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