Si tienes más de 33 años, te pareces más a tu madre de lo que crees

Este estudio habla sobre la importancia del ejemplo de los padres en la educación de los niños

María Machado

Cada vez te pareces más a tu madre, y es algo que tienes que asumir. Cada día, te conviertes un poquito más ella, y puede que, ni siquiera, seas consciente de ello. Y no te lo digo yo, que en realidad ni siquiera te conozco, lo dice un nuevo estudio llevado a cabo en Reino Unido. A partir de los 33 años, las mujeres iniciamos el proceso de transformación hacia nuestras madres… para lo bueno y para lo malo. Pero, ¿qué hay detrás de todo esto?

¿Yo? ¿Igual que mi madre?

Por qué cada día te pareces más a tu madre

La primera vez que he leído este estudio he pensado que no podía ser cierto… O más bien, que yo soy la excepción que confirma la regla. ¿Yo? ¿Igual que mi madre? Lo cierto es que siempre nos han dicho que físicamente somos dos gotas de agua, pero en lo que se refiere a forma de ser… Sin embargo, tras pararme un momento a pensar, me he dado cuenta de que yo también me tengo que meter en el saco.

El otro día, me descubrí a mí misma descartando unas bragas con la goma pasada ‘por si me pasaba algo y tenía que ir al médico’. Por no hablar de que ahora yo también escarbo en las neveras del supermercado hasta llegar a los guisantes más congelados de todos.

Sin embargo, lo que más me ‘ha dolido’ es darme cuenta de que mi madre me ha contagiado esa manía de colocar con una precisión digna de la NASA los cojines del sofá antes de salir de casa. Y eso que yo siempre dije con vehemencia: ‘¡yo jamás haré esperar a mis hijos en la puerta por colocar los almohadones!’. Pero… acabé cayendo (quedan tan bonitos cuando están bien colocados).

Sí, yo también cada vez ‘soy’ más a mi madre, como ha explicado el investigador Dr. Julian De Silva, del centro médico Harley Street. Y es que todos acabamos pareciéndonos mucho a nuestros padres, sin embargo, la edad a la que esto ocurre es más temprana de lo que se podría pensar, nada más ni nada menos que los 33 años… ¡En la treintena!

Por qué cada día te pareces más a tu madre

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores preguntaron a unas 2000 personas cuándo empezaron a notar que se comportaban igual que sus padres. Cuándo les empezaron a gustar los mismos programas de televisión, a decir las mismas frases, a tener las mismas reacciones… Y los datos han hablado: el 52% de las mujeres comienzan a ‘ser’ sus madres entre los 30 y los 35 años, mientras que el 26% entre los 35 y los 40 años , y el 10% entre los 40 y los 50. 

Pero, ¿por qué esta transformación se produce tan pronto? El doctor a la cabeza de este estudio dice que la clave es el momento en el que nosotros nos convertimos en padres. Tener hijos es el detonante más probable que da comienzo a esta ‘mimetización’. Al fin y al cabo, la manera en la que nosotros fuimos criados se refleja en el tipo de educación que nosotros brindamos a nuestros hijos.

Además, resulta lógico pensar que empiezas a comportarte como tu madre cuando te conviertes en algo parecido en tu madre… es decir, cuando empiezan a aparecer las primeras arrugas, cuando tu peor enemigo comienza a ser la celulitis, cuando quitarse peso ya no es tan fácil como antes…

Pero debemos advertirte de que, según este estudio, a los hombres también les ocurre, por lo que tu pareja también ha empezado a convertirse en tu suegro (¿horror?).

La importancia del ejemplo en la educación de los niños

La importancia del ejemplo en la educación de los niños

¿Qué podemos sacar de todo esto? Por un lado, que será necesario seguir estudiando el asunto, ya que sus conclusiones quedan un poco limitadas por el tamaño de la muestra. Esto significa que no tienes por qué obsesionarte con ello y que tú podrás ser quien quieras ser con independencia de tu madre.

Pero, por otro lado, esta investigación pone en el punto de mira la importancia del ejemplo en la educación. Nuestros hijos no hacen lo que les decimos, sino lo que nos ven a nosotros hacer. Y, por ello, debemos ser conscientes de esta ardua tarea que se posa sobre nuestros hombros con la ligereza de un elefante en el momento en el que nos convertimos en padres: tenemos que convertirnos en un modelo a seguir que sea positivo.

Tras tener en cuenta estudios como este, me entran aún más ganas de convertirme en la mejor versión de mí misma; por mí, pero sobre todo por mis hijos

Y dicho todo esto, solo me queda algo por dejar muy claro: es un honor estar convirtiéndome cada día un poco más en mi madre. ¡Gracias, mamá!

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