Frases célebres de las madres a sus hijos

En numerosas ocasiones, muchas de nosotras, que ahora somos madres, nos hemos quedado perplejas al escuchar esa frase sabia de nuestra madre, que caía como un jarrón de agua fría, que calaba en nuestros corazónes y en nuestras emociones porque la decía en el momento más oportuno, y lo más curioso es que, encima, llevaba razón.

Sin embargo, por juventud, por sentirnos distintas o especiales, según escuchábamos estas frases célebres, nos jurábamos a nosotras mismas que no las volveríamos a repetir nunca y menos a nuestros hijos.

Los sabios consejos de una madre a sus hijos

Frases de las madres a los hijos

Sin embargo, la vida da muchas vueltas y, en ocasiones, reconozco que me he visto a mi misma diciéndoles las mismas cosas a mis hijos y como si el espejo de la vida me devolviera un reflejo, he tenido que reconocer lo inevitable: ¡Cómo te pareces a tu madre! Consciente de ello, la periodista Amaya Ascunce, ha recogido todas esas frases de nuestras madres, concretamente las 101 frases de tu madre que juraste no repetir, y las ha reunido en un libro que lleva por título Cómo no ser una drama mamá, que acaba de publicar la editorial Planeta. Muchos de estos drama consejos están basados en la sabiduría popular, todos ellos recogen una moraleja y están puestos en boca de una madre amantísima, cuyo deseo es proteger a sus hijos. Esta figura materna está exagerada por la autora, como reconoce ella misma, y es más bien una mezcla de varios personajes.

Algunos de estos drama consejos son maravillosos. Son frases que mantienen un mensaje implícito: Como tenga que ir yo... Algo habrás hecho tú. Como sigas llorando, te voy a dar una razón para que llores, de verdad. Los cromos que regalan en la puerta del cole llevan droga. No hables bajito, la gente que habla bajito tiene miedo al qué dirán. Si no comes, no vas a crecer. Esto me duele más a mi que a ti. Y si Martita se tira por la ventana.... Como te caigas vas a cobrar. Tenías que haber caído en otra casa. Tú nunca me escuchas, ahora que un día me vas a escuchar. Deja ya de enredar o te llevas un sopapo. Tengamos la fiesta en paz. Te voy a lavar la boca con jabón. A mi no me levantes la voz.

Cómo no ser una drama mamá

Y así podríamos continuar con todo lo que una y otra vez hemos esuchado en nuestra infancia y alguna vez, nosotras mismas, hemos repetido a los niños. Pero si algo está impreso en nuestra memoria son las frases que nos marcaron en la adolescencia y en la juventud. Frases que, a pesar de haberlas escuchado varias veces cambiaron nuestras vidas, y que años después, como no, cuando hemos puesto en marcha la máquina del recuerdo y siempre hemos pensado: ¡¡¡Si hubiera hecho caso a mi madre!!!

Asi, volvemos a aquello de ¿No tienes nada que contarme? Como te vea con un cigarro, te lo tragas. Hasta que no se rompa, no se compra otro. ¿Ahora sales? Pero si es hora de volver. Que no te lo tenga que repetir. Las marcas son un invento para cobrar el doble por la misma leche. No te sientes en un baño público, que puedes coger cualquier cosa. No hables de más, sólo cuando te pregunten. Esto ya pasa de castaño oscuro. Si eres mayor para trasnochar, eres mayor para madrugar. Y el colofón final: Porque lo digo yo y punto. 

Y es que es realmente dificil no volver a aquello que ha calado tan hondo en nuestra educación y en nuestra vida. Si, claro, yo nací ayer, o cuando tengas hijos, harás lo que quieras, o mientras vivas bajo mi techo harás lo que yo diga, o te crees que la policía es tonta... son ejemplos, a miles, que salen a borbotones de la mente de la autora y que todas y todos podríamos completar, y seguir alimentando hasta la saciedad. Después de todo, qué bien sienta recordar todo esto.

Marisol Nuevo.