Por qué los niños no deben consumir sal yodada en sus comidas
¿Por qué caemos en el error de potenciar el sabor de los alimentos con sal yodada?
- La razón por la que debes evitar la sal en la alimentación de tu hijo
- ¿A qué edad pueden consumir sal los niños en su dieta diaria?
- La cantidad de sal que sí puede ser consumida por los niños
La sal es un ingrediente alimentario (y uno de los más usados en la cocina) que no debe introducirse en la dieta del bebé con la alimentación complementaria, ya que sus riñones no están aún preparados para filtrar tantos solutos y debemos evitar que se sobrecarguen. Es más, los niños no deben tomarla ni siquiera cuando amplían su alimentación y se integran en los menús familiares. Aquí, por qué los niños no deben consumir sal yodada en sus comidas.
La razón por la que debes evitar la sal en la alimentación de tu hijo

La sal no es precisamente un ingrediente saludable, ya que se relaciona con un aumento de la presión sanguínea (hipertensión arterial) que puede generar problemas cardiacos de gravedad. Sin embargo, la sal es un potenciador de sabor importante, y por eso se utiliza en la cocina, pero debe hacerse siempre en su justa medida. El exceso de yodo puede causar problemas desde el embarazo.
Generalmente, la sal que encontramos en los estantes del supermercado es sal yodada, es decir, además de su componente básico, que es el cloruro sódico, contiene otro mineral, el yodo, que normalmente es causa de deficiencia en los países desarrollados. El pescado y el marisco, así como los productos lácteos son las fuentes más importantes de yodo en la población infantil.
Por otro lado, la deficiencia de yodo tiene una sintomatología cuya gravedad en los adultos puede variar, desde síntomas leves a otros más serios y de gravedad. Pero tanto durante la infancia como en el embarazo, el aporte de yodo es básico. Así que salvo que se esté en riesgo de padecer una deficiencia, no hay necesidad de que la sal de cocina contenga yodo.
La deficiencia en este mineral puede causar problemas de salud serios, interfiriendo en el desarrollo del cerebro del niño pudiendo llegar a causar, en casos graves, un retraso mental irreversible. Además, se relaciona con abortos y nacimientos prematuros. Lo cierto es que, consumiendo sal yodada en exceso, el problema más grave no será el exceso de yodo sino el exceso de sal.
¿A qué edad pueden consumir sal los niños en su dieta diaria?

Un motivo por el que no se recomienda añadir sal al alimento del bebé es que sus riñones todavía son inmaduros. Durante el primer año de vida, el organismo del pequeño no está preparado para procesar grandes cantidades de sodio, por lo que un exceso sobrecarga el funcionamiento renal. Además, los bebés obtienen el sodio que necesitan de la leche materna y los alimentos frescos.
Por tanto, añadir sal extra no aporta beneficios nutricionales y puede generar riesgos a largo plazo. Los especialistas recomiendan no añadir sal a las comidas de los bebés en su primer año de vida. A partir de los 12 meses, los niños pueden empezar a consumir pequeñas cantidades de sal, pero de forma ocasional, siempre dentro de una alimentación equilibrada y evitando los excesos.
Sin embargo, no debemos salar sus platos como los de los adultos porque cuanto más tiempo se acostumbren los niños a los sabores naturales, más fácil será mantener hábitos saludables a futuro. Por eso, muchos pediatras aconsejan aprovechar las especias suaves y hierbas aromáticas para dar sabor a las comidas de los niños pero sin necesidad de recurrir a la sal.
Un buen recurso es utilizar ajo, perejil, orégano o cebolla para aportar sabor de manera natural. A partir de los 2 años, los niños ya pueden compartir alimentos del menú familiar, pero hay que moderar el uso de la sal en toda la familia. Reducir su consumo beneficia tanto a los pequeños como a adultos, porque les ayuda a prevenir la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.
La cantidad de sal que sí puede ser consumida por los niños

La cantidad de sal recomendada para los niños va a variar según la edad, por ejemplo, los bebés menores de 1 año necesitan menos de 1 gramo de sal al día, cantidad que por lo regular obtienen de los alimentos y la leche sin tener que añadir nada extra. Entre los 12 meses y los 3 años, los niños no deben superar el consumo de aproximadamente los 2 gramos de sal al día.
De los 4 a 6 años, la recomendación ronda los 3 gramos diarios, en tanto que los mayores de 7 años pueden consumir un poco más, aunque siempre evitando excesos. El problema es que muchos niños superan dichas cantidades sin darse cuenta debido a la ingesta de alimentos procesados como papas fritas, comida rápida, nuggets, pizzas o snacks que suelen contener niveles altísimos de sodio.
El exceso de sal en la infancia favorece problemas de salud como hipertensión arterial, retención de líquidos o aumento del riesgo cardiovascular de adultos. Además, puede hacer que el niño prefiera aquellos alimentos intensos en sabor y rechace las opciones más saludables. Para controlar la cantidad de sal, es recomendable cocinar más en casa y ofrecer alimentos frescos.
También ayuda muchísimo leer las etiquetas nutricionales de los productos, de esta manera se deben elegir las versiones bajas en sodio o sin sal añadida, ya que esto puede marcar una gran diferencia en la alimentación infantil. Aunado a esto, la mejor estrategia es enseñar a los niños a disfrutar del sabor natural de los alimentos para no tener dependencia a productos excesivamente salados.
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