Qué ocurre en el cerebro del niño cuando come

Los niños no comen ni con la boca, ni con los ojos, comen con el cerebro

La boca y las papilas gustativas del niño son la puerta de acceso de lo que va a comer, pero esta es una presentación rápida de la comida ya que realmente es el cerebro del niño el encargado de elegir por ellos lo que les gusta y lo que no.

En Guiainfantil.com te desvelamos cómo actúa el cerebro del niño cuando come, qué ocurre cuando le ponemos delante de un plato de comida.

El cerebro del niño cuando come: por qué un niño prefiere una comida y no otra

elcerebrodeunninoalcomer  

Cuando comemos liberamos una serie de sustancias como las endorfinas, dopaminas y serotoninas, que son las responsables de causarnos placer, y por lo tanto, las culpables de que nuestros niños estén de buen humor o no. Pero, ¿qué ocurre dentro del cerebro del niño cuando come? Por supuesto, cuando algo nos produce placer lo repetimos, así que el cerebro del niño, concretamente una parte de él llamada la amígdala temporal, cuando recibe sal, azúcar o grasas, se pone contento y se lo hace saber al niño, enviándole un mensaje de placer y animándoles a tomar más cantidad.

Se dice que estas sustancias son igual de adictivas que las drogas para el cerebro, ya que producen el mismo efecto en él; así que ya tienes la razón por la que tus hijos te piden más y más chuches, espaguettis o chocolate cada día.

Este comportamiento proviene de nuestros orígenes, cuando el cerebro estaba programado para almacenar calorías por si acaso llegaban periodos de escasez de comida.

En la actualidad, en los países desarrollados, no hace falta que nuestros hijos ingieran cantidades ingentes de azúcar, es más, resulta totalmente contraproducente debido a una vida excesivamente sedentaria, e incluso llegando a afectar negativamente en el desarrollo cognitivo de los niños.

Está demostrado que una malnutrición, especialmente durante los periodos de gestación de la madre, influye muy negativamente en el desarrollo cerebral de los niños. Esto se traduce en el colegio en una menor capacidad de atención, más intranquilidad, bajo nivel de concentración y memoria, y por lo tanto  un menor rendimiento escolar.

Pero no solo el alimento ingerido a través de la boca activa sus pequeños cerebros, sino que que también lo hace a través del tacto, el olfato y el oído. ¿Quién no ha salivado al oír y oler cómo se hacen las palomitas de maíz? o ¿qué niño no rechaza una comida que presente un aspecto oscuro o negruzco de primeras? En ese momento los neurotransmisores se activan y producen efectos de placer o de desagrado, según sea el olor o el aspecto de la comida, de ahí que funcionen muy bien las presentaciones graciosas de los platos para los niños.

Una buena alimentación es básica para que el cerebro del niño funcione correctamente, así que cuando vuestros hijos os pidan chuches o refrescos, recordad que en realidad, aunque pueda sonar un poco excesivo, se está produciendo en su cerebro una reacción de adicción similar a la de droga. Aunque un día es un día…