La razón científica por la que no puedes resistirte a bebés y cachorros

Son tan blanditos que es imposible no querer apapachar a bebés y cachorros, pero ¿qué ocurre en el cerebro?

María Machado

No te preocupes, no eres único. Todos sentimos unas ganas irresistibles de apretar o estrujar a todos los bebés y cachorros de animales que vemos. Esos ojitos, esos cachetes o mofletes, esas manitas… Te dan ganas de ‘comértelos, ¿verdad? Pues, aunque parezca una locura, existe una razón científica por la que no nos puedes resistirte a los bebés y los cachorros de animales. La ciencia ha comprobado que es normal sentir esa necesidad de estrujar a estas pequeñas ternuritas. Pero, ¿a qué se debe?

Tú tampoco puedes resistirte a bebés y cachorros, ¿verdad? Hay una razón científica

Por qué tú tampoco puedes resistirte a bebés y cachorros

Tener impulsos un tanto agresivos (estrujar, apretar, apapachar fuertemente, pellizcar, morder, comer...) al ver algo muy lindo es un fenómeno que lleva año estudiándose. La Universidad de Yale llamó a esta reacción que todos tenemos 'cute aggression' (agresión tierna). Y es que, no es que nos salga instinto asesino, sino que es la excesiva ternura y mimo del sujeto que tenemos delante lo que nos produce esas ganas irresistibles de abrazarlo con mucha fuerza.

Sin embargo, una nueva investigación ha dado con la respuesta científica por la que tenemos esta necesidad. Una investigadora de la Universidad de California en Riverside, Katherine Stavropoulos, ha analizado qué ocurre en el cerebro humano cuando nos exponemos a una criatura tan tierna como un perrito. 

Para ello, estudió las reacciones de 54 personas entre 18 y 40 años al exponerse a distintas fotografías de bebés y de cachorros de animales muy adorables. Mientras llevaban electrodos en la cabeza, se pidió a los participantes que respondieran algunas preguntas sobre qué les hacían sentir cada una de las imágenes ('¡no puedo con tanta ternura!', 'me lo quiero comer', 'quiero abrazarlo con muchísima fuerza'...)

Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience, muestran que el impulso violento que nos lleva a querer apretar se debe a un exceso de ternura. Nos sentimos tan abrumados por el afecto que nos transmiten los sujetos lindos que sentimos que no somos capaces de enfrentarnos a una sensación tan grande. Y esa 'violencia' es la respuesta de nuestro cerebro para calmarnos. 

La investigadora principal de este estudio apunta que esta reacción forma parte de la evolución del ser humano. Nuestro cerebro podría haber desarrollado esta respuesta como garantía de que seguimos cuidando a los bebés. A fin de cuentas, si nos dejáramos llevar por esa sensación de 'imposibilidad de lidiar con el encanto del bebé', le dejaríamos abandonado. Y a la larga, la especie se extinguiría. Gracias a esta 'agresión tierna' nuestro cerebro se tranquiliza y es capaz de enfrentarse tanto a bebés como a cachorros, por muy lindos que sean.

Como nota curiosa de este estudio, te contamos que las personas analizadas demostraron sentirse más conmovidos por los cachorros de animales que por los bebés humanos. 

La importancia del amor para los bebés

El apego y los bebés

Si sientes ese impulso de coger a tu bebé y de darle un buen abrazo, hazlo (siempre que seas capaz de controlar tu intensidad y efusividad). Los bebés necesitan las diferentes muestras de cariño desde que nacen y mientras crecen. 

1. El contacto piel con piel nada más nacer aporta muchos beneficios tanto a los bebés como a las propias madres. El pequeño podrá volver a escuchar los latidos del corazón de su madre, que ya le han acompañado durante los meses anteriores, se agarrará al pecho con más facilidad, se sentirá más protegido, se irá acostumbrando al nuevo mundo al que ha llegado poco a poco, etc. 

2. Los abrazos, los besos, las caricias y demás muestras de cariño son las principales experiencias de vinculación que ayudarán al niño a desarrollarse durante los primeros meses de vida. Estimulan el vínculo y el apego con los padres. 

3. Un relación cariñosa en la infancia es la base ideal sobre la que se tiene que construir las futuras relaciones sociales de ese adulto en potencia. Las muestras de cariño también son imprescindibles para el desarrollo emocional de los niños.