La carta de Roald Dahl que los que dudan si vacunar a los niños deben leer

El escritor de cuentos infantiles escribió este desgarrador mensaje tras la muerte por sarampión de su hija Olivia

María Machado

Roald Dahl era uno de mis escritores favoritos de la infancia. Sus historias me trasladaron a un mundo maravilloso en el que las brujas se reúnen en secreto, en el que unos pequeños seres fabrican chocolate y en el que las niñas tienen el superpoder de mover cosas con la mente.

Aunque sus cuentos infantiles ("Matilda", "Charlie y la fábrica de chocolate" o "James y el melocotón gigante") también tienen un lado un poco tenebroso, sus relatos me hicieron imaginar, reír y soñar, y puede que sea por eso que este mensaje de Roald Dahl me ha parecido tan doloroso. Tras la muerte de su hija Olivia por sarampión, escribió una desgarradora carta que hará reflexionar a todos los que dudan si vacunar a los niños.

La importancia de vacunar a los niños según Roald Dahl

La carta de Roald Dahl para los que dudan si vacunar a los niños

Entre otras cosas, era la vitalidad y la imaginación de su hija Olivia la que inspiraba a Roald Dahl para crear esos universos maravillosos de sus cuentos. Desgraciadamente, la pequeña murió con 7 años debido a una encefalitis provocada por el virus del sarampión. Unos años más tarde de su fallecimiento, en 1988, Roald Dahl plasmó su dolor en esta carta, que no fue encontrada hasta la muerte del escritor. 

Aquí puedes leer la carta que se titula "Sarampión: una enfermedad peligrosa".

Olivia, mi hija mayor, contrajo el sarampión cuando tenía 7 años. Dado que la enfermedad seguía su curso normal, puedo recordar que le leía cuentos en la cama sin sentirme especialmente alarmado. Entonces, una mañana, cuando estaba cada vez mejor, yo estaba sentado en su cama enseñándole a crear pequeños animales con alambres de colores, y cuando le tocó a ella hacer uno me di cuenta de que sus dedos y su mente no funcionaban a la vez y no podía hacer nada.

"¿Te encuentras bien?", le pregunté.

"Tengo sueño", dijo.

En una hora estaba inconsciente. En 12 horas estaba muerta.

El sarampión se había convertido en algo terrible llamado encefalitis por sarampión y no hay nada que los médicos pudieran hacer para salvarla. Esto sucedió hace 24 años, en 1962, pero aún hoy si un niño con sarampión llegara a desarrollar la misma reacción mortal que Olivia, no habría nada que los médicos pudieran hacer para ayudarle.  

Por otra parte, hay algo que hoy los padres sí pueden hacer para asegurarse que este tipo de tragedia no le ocurra a su hijo. Pueden asegurarse de que su hijo se vacune contra el sarampión. Yo no pude hacer esto por Olivia en 1962, porque en aquellos días aún no se había desarrollado una vacuna fiable contra el sarampión. Hoy existe una vacuna segura y disponible para todas las familias y lo único que hay que hacer es pedirle a tu médico que se la administre.

Aún no está del todo aceptado que el sarampión es una enfermedad peligrosa. Creedme, lo es. En mi opinión los padres que rechazan vacunar a sus hijos están poniendo sus vidas en peligro. En América, donde la vacunación es obligatoria, el sarampión, igual que la varicela, está prácticamente erradicado.

Aquí en Gran Bretaña, como hay tantos padres que se niegan a que sus hijos se vacunen por obstinación, ignorancia o miedo todavía tenemos cientos de miles de casos de sarampión al año. De esos, más de 10.000 sufrirán efectos secundarios de algún tipo. Al menos, 10.000 desarrollarán infecciones de oído o de pecho. Unos 20 morirán.

DEBEMOS ASUMIRLO. 

Cada año unos 20 niños morirán en Gran Bretaña a causa del sarampión.

Entonces, ¿cuáles son los riesgos a los que tus hijos se enfrentarían si se vacunan?

No hay casi ninguno. Escucha esto. En un distrito de aproximadamente 300.000 personas, ¡tan solo habría un niño cada 250 años que desarrollaría efectos secundarios graves por la vacunación! Eso supone una oportunidad entre un millón. Creo que habría más posibilidades de que tu hijo se muriera por asfixia con una chocolatina que se pusiera enfermo de gravedad al vacunarse de sarampión.

Entonces, ¿de qué te preocupas? Es casi un crimen dejar que no vacunen a tu hijo.

El mejor momento para vacunarle es a los 13 meses, pero nunca es demasiado tarde. Todos los niños en edad escolar que aún no se han vacunado contra el sarampión deberían rogar a sus padres que les consiguieran una cuanto antes.

Casualmente le dediqué dos de mis libros a Olivia, el primero fue "James y el melocotón gigante". Aún estaba viva. El segundo fue "El gran gigante bonachón", dedicado a su memoria tras morir de sarampión. Verás su nombre al principio de cada uno de estos libros. Y sé lo feliz que sería si solo pudiera saber que su muerte ha servido para salvar una gran cantidad de enfermedades y muertes de otros niños.

Más razones que apoyan la vacunación infantil

Conoce la importancia de las vacunas infantiles

Tras leer el mensaje de Roald Dahl, son otras muchas las razones que se nos vienen a la cabeza y que invitan a vacunar a los niños. La decisión de no poner a tu hijo las vacunas establecidas por el calendario de vacunación de tu país es peligrosa o, al menos, eso piensa la Organización Mundial de la Salud, que ha catalogado el rechazo a las vacunas como una de las amenazas para la salud mundial.

Estas son otros motivos por los que debes vacunar a tus hijos.

1. Porque las vacunas salvan vidas
Sobre todo en el caso de los bebés, las vacunas son vitales para evitar que contraigan enfermedades contra las que su sistema inmune aún no está preparado para luchar, lo que puede ser un peligro para su salud.

2. Para que no resurjan enfermedades erradicadas
No vacunar a los niños puede hacer que vuelvan a surgir ciertas enfermedades que ya estaban casi eliminadas en ciertos países. Según la OMS, los casos de sarampión han aumentado en un 30% en todo el mundo. 

3. Porque las vacunas son seguras
Equipos de profesionales analizan de manera exhaustiva los preparados que se utilizan en todos los rincones del mundo para inmunizar a los niños. Hay protocolos muy estrictos que aseguran que las vacunas son fiables y seguras para los niños.

A pesar del coste que pueden suponer las vacunas, son una medida de protección tanto para el propio niño que se vacuna como para el resto de personas que le rodean.