Qué pasa con los hijos de padres emocionalmente inmaduros

El error que cometen los padres inmaduros con sus hijos

Gabriela Matienzo
Gabriela Matienzo Psicóloga infantil

Existen muchos estilos de padres, sin embargo, es un hecho que el escenario ideal para cualquier niño es el de unos padres emocionalmente maduros, que sepan encontrar un equilibrio en su estilo de crianza, brindando a sus hijos seguridad, límites, confianza y tiempo para que sean capaces de integrarse al mundo de la mejor manera.

Sin embargo, es una realidad que no todos se encuentran en el nivel de madurez emocional necesario cuando les llega el gran reto de criar hijos, ya sea por ser muy jóvenes o porque simplemente no han logrado encontrar el equilibrio en sus propias vidas. Te explicamos qué pasa con los hijos de padres emocionalmente inmaduros.

Características de los padres emocionalmente inmaduros

Qué pasa con los hijos de padres emocionalmente inmaduros

Estas son algunas características de los padres emocionalmente inmaduros (descubre si cumples con algunas de estas características):

  • Procuran la gratificación inmediata y las actividades que les hacen felices, todo aquello que NO les genera esta sensación, les produce malestar y sensación de pérdida de tiempo por lo que prefieren evitarlas; hay quienes se comportan como eternos adolescentes que no están dispuestos a sacrificar sus deseos por las necesidades de sus hijos.
  • Son impulsivos y en ocasiones no dimensionan situaciones peligrosas a las que pueden estar expuestos ellos o sus hijos.
  • Evitan asumir la responsabilidad, establecer límites y hacerlos cumplir, por lo cual terminan justificando cualquier comportamiento negativo de sus hijos antes de asumirlo como un tema que les compete a ellos; culpan de cualquier situación negativa que se presente al colegio o a cualquier factor externo que les permita desmarcarse de la situación.
  • Son poco sensibles a las necesidades de los demás. Nunca parecen hacerse conscientes de situaciones en las que alguien más se ve afectado por su descuido en establecer límites, desde sus propios hijos, hasta quienes les rodean y sufren las consecuencias.
  • No dedican el suficiente tiempo, dedicación y esfuerzo al proceso de formación de sus hijos y en ocasiones llegan a delegar esta tarea en terceros. (hijos mayores, abuelos, etc).
  • Temen perder la “amistad” de sus hijos” si ponen límites; prefieren la filosofía de dejarlos hacer lo que quieran para que sean “libres y autónomos y nadie les diga lo que tienen que hacer”.
  • Se enfadan e irritan fácilmente si se les hace notar alguno de estos aspectos. Les cuesta aceptar la crítica.
  • Tienen dificultad para seguir reglas y constantemente se las “brincan”.

Esto es lo que pasa con los hijos de padres emocionalmente inmaduros

¿Y entonces cómo se ven afectados los niños o adolescentes con padres que tienen estas características? Obviamente los niños y jóvenes que sufren este tipo de crianza, se ven afectados en forma importante y permanente. Estas son algunos de los efectos que pueden sufrir:

  1. Muchos niños se ven sometidos a asumir responsabilidades que no les corresponden, incluso hacerse cargo de sus hermanos pequeños; lo cual les genera sentimiento de desprotección e inseguridad en un momento en que solo deberían disfrutar y asumir solo temas propios de su edad.
  2. Al tener un modelo tan inmaduro a quien seguir, es fácil que puedan asumir patrones similares en sus vidas adultas, incumpliendo reglas, buscando solo gratificación y evadiendo responsabilidades.
  3. Desarrollan poca tolerancia a la frustración, especialmente aquellos que fueron criados sin límites por lo que se vuelve muy difícil para ellos adaptarse a los diferentes ambientes en que se desarrollan como niños y más tarde como adultos.
  4. Pueden ser más vulnerables a padecer ansiedad, caer en adicciones, trastornos alimenticios u otras condiciones buscando un escape.

Si detectas algunas de estas características en tu estilo de crianza, es momento de aceptar que es necesario buscar ayuda, hacer cambios y encontrar el equilibrio. Nada más valioso que la felicidad de tu hijo para hacer que valga la pena.