Cómo gestionar las emociones en Navidad con los niños

La Navidad es alegría (seudoalegría) y la alegría es contagiosa, de ahí su importancia

Andrés París, Pedagogo
En este artículo
  1. Las emociones y los niños en Navidad 
  2. Cuando la frustración de los padres desemboca en un enfado con los hijos

¿Qué es para ti la Navidad? ¿Qué significa para ti este momento del año? ¿Cuál sería el sinónimo más adecuado para ti? Piénsalo un poco antes de responder con una sola palabra. Imagino que según cuál sea tu situación personal, tu condición social o tu edad, entre otros factores, contestarás quizás alegría, tristeza, gratitud, solidaridad, humildad... ¡Todas ellas son los valores de esta época del año! ¿Cómo gestionar las emociones en Navidad con los niños? 

Las emociones y los niños en Navidad 

Cómo gestionar las emociones en Navidad con los niños

Los niños tienen que aprender a gestionar las emociones y los padres debemos ayudarles a entender sentimientos tan navideños como son la alegría o la tristeza. Andrés París, coach educativo y pedagogo y ponente del I Encuentro #ConectaConTuHijo, organizado por Guiainfantil.com, nos ayuda a trabajar con los más pequeños de la casa estos sentimientos, porque, como él mismo dice, la Navidad es alegría (o seudoalegría) y la alegría es contagiosa, de ahí su importancia.

Pero, ¿qué pasa cuándo un padre está triste y no quiere celebrar la Navidad por un mal momento personal? 'Tenemos que respetar las emociones de los demás y las nuestras. Si llega la Navidad y no nos apetece estar alegres, ¡no pasa nada! Ahí aparece la resilencia, es decir, la capacidad para afrontar ese momento y para llevar esta situación de una manera sana y normal', explica. Pero, sobre todo, nos aconseja: nunca, bajo ningún concepto, debemos pisotear las emociones de los demás.

¿Y cuando es el niño el que pierde la emoción por la Navidad? Entonces, ahí son los padres los que tienen que hacer una relectura. A lo largo del año, 'regalamos' quizás demasiados momentos de emoción a los niños, ya que nos adelantamos a lo que nos piden nuestros hijos y entramos en bucle muy peligroso. Como padres, debemos seguir manteniendo viva la ilusión con nuestros hijos de una forma sencilla: enseñándoles que la vida es bella (y no lo es tanto tener muchos regalos/juguetes).

Cuando la frustración de los padres desemboca en un enfado con los hijos

frustración en navidad

Queremos ser los mejores padres, pero a veces no lo conseguimos y eso hace que nos sintamos realmente culpable. Nos ponemos objetivos muy altos, que en ocasiones no se cumplen, y nos frustramos. ¿Cierto? Andrés París nos manda un mensaje tranquilizador: 'Somos personas humanas y tenemos derecho a fallar. Y si un día, por la circunstancia que sea, le he dado un grito a mi hijo, ¡no pasa nada! Tenemos que, como padres, aprender a relativizar más'. 

En Navidad muchas veces ese querer ser perfecto hace que no podamos disfrutar al 100% de este periodo tan familiar. Y es que nuestra obsesión por buscar los mejores planes con nuestros hijos - aunque eso no lleve estarnos 2 horas en una cola esperando para ver a Papá Noel- o mover todos nuestros 'contactos' para que los Reyes Magos les traigan a nuestros retoños los juguetes que han pedido en su carta, hace que perdamos la paciencia y nos olvidemos del verdadero sentido de estas fechas. 

Si los padres queremos ser felices, sin duda, tenemos que bajar nuestras expectativas, y esto nos sirve los 24/7 y los 365 días del niño. Si nuestro hijo no va a Luna, ¡no se acaba el mundo! 'Vivimos en un momento educativo -explica Andrés París- en el que si vemos que el pequeño se acerca a un piano y toca varias teclas seguidas y con cierto ritmo, los padres queremos ya apuntarle a clases de conservatorio, porque será (o eso creemos) un gran músico. Esto es un grave error, porque lo que tenemos que hacer es una lectura de lo evidente: ha tocado por primera vez un instrumento y no hay nada más'. 

¿Cuál es la principal consecuencia de no pararnos a hacer esta lectura? Que si el niño no cumple con 'nuestras expectativas' acabaremos enfadándonos con él, por eso este pedagogo insiste en que lo mejor que les puede pasar a unos padres es tener 'niños normales' con los que enfadarse, por supuesto, pero por otras cosas (recuerda que la educación es un proceso en movimiento y no estático) y no porque no cumplan con nuestros deseos y aspiraciones.

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