Método Pipí stop: daña la autoestima de los niños y no controla el pis

Razones por las que el método Pipí stop no ayuda a los niños con enuresis

Lidia Nieto
Lidia Nieto Editora Jefe

¿Qué hacer si mi hijo de 7 años no controla el pis por la noche? Lo primero, no culpabilizarle ni responsabilizarle. No lo hace porque quiera, ni para fastidiarte. La enuresis infantil se produce por causas de todo tipo: sobreproducción de orina nocturna, vejiga más pequeña, estrés emocional, enfermedades como la diabetes o el estreñimiento e, incluso, temas hereditarios. Por eso hay que entender que, detrás de un niño al que se le escapa la orina durante el sueño - aunque es orientativo se puede considerar un problema aquellos que no controlan los esfínteres a partir de los 7 años - hay una causa médica y tratable.

Entre los métodos más utilizados por muchos padres está el Pipí stop. Su funcionamiento consiste en poner un sensor en el calzoncillo o braguita del niño/a. Cuando salen unas gotitas, el aparato comienza a sonar como una alarma y despierta al niño (y a toda la familia) para que pare la micción. De esta forma, 'se supone' que el niño intuitivamente y, a base de repeticiones, se va dando cuenta de las sensaciones y momentos en que quiere hacer pis, le 'ayuda' a anticipar y a no hacérselo en la cama.

Cómo Pipí stop puede dañar la autoestima del niño

pipí stop

Desde mi punto de vista se trata de un 'aprendizaje con error', es decir, se aprende por castigo y con frustraciones sucesivas (no olvidemos que hacerse pis encima para los niños es algo muy frustrante), hasta que el pequeño llega a asumir el mecanismo, pero claro esto puede ser después de muchos fracasos. Y sí, con Pipí stop tu hijo asimila lo que está pasando, pero ¿qué pasa con su autoestima? Está tocada y minada, y es que no es un aprendizaje en el que él perciba su capacidad de transformación y evolución.

Sinceramente creo que es más positivo para su desarrollo emocional y para fortalecer y reforzar su autonomía que, una vez que se tenga claro más o menos en qué momentos de la noche se hace pis, se despierte al niño un poco antes para que vaya al baño. De esta manera, su autoestima se verá fortalecida, porque percibirá que él está poniendo de su parte y que es el protagonista del cambio.

Y, a pesar de que como he dicho anteriormente no sea nada partidaria del método Pipí stop, tengo que reconocer que, en algunos aspectos, puede ayudar a los padres a conocer en qué horas de la noche el niño se hace pis, anotarlo y empezar a despertarle en tiempos cortos, para después distanciarlo en el tiempo hasta que por fin aguante del tirón hasta la mañana siguiente. Te tienes que estar levantando y, a media noche no apetece nada, pero con el Pipí stop lo haces igual y encima con los lloros de tu hijo.

Con esta solución que te propongo, él verá que va obteniendo logros y... ¿a qué niño no le gusta hacer las cosas por sí mismo? Este camino puede ser largo y, en mitad, puede haber pequeños escapes o retrocesos, y es que eso es algo que no depende de la capacidad del niño sino de su maduración fisiológica y contra eso no podemos luchar.

Cómo ayudar a tu hijo a controlar el pis 

Pero no es lo único que como padres podemos hacer. En estos casos, también es importante hablar con él, decirle que no es el único- porque no lo es- que está pasando por la misma situación e, incluso, contarle algún cuento que verse sobre esta temática.

Te recomiendo Redondo y Amarillo, la historia de un niño al que se le escapa la orina por las noches y se tiene que enfrentar al miedo de que el resto del colegio se entere en su primer campamento de verano. O que veas la película El corredor solitario sobre un chaval que se hace pis en la cama y sus padres tienden las sábanas en el patio para que sus amigos lo vean. En su afán por ocultarlo, él corre para quitarlas de la vista de sus compañeros y así se convierte en un corredor olímpico.

Hoy es el pis, pero mañana puede ser la dificultad para hablar en público o para hacer amigos. Acompañémosle en todos estos momentos con un abrazo, con una palabra, con una mirada... ¡Es el mejor regalo que le podemos hacer!