La burbuja que enseña. Cuento con valores para niños

Cuento infantil sobre la importancia del valor de la obediencia

Los cuentos pueden ser educativos y transmitir valores a los niños. Es el caso de este cuento, 'La burbuja que enseña'. Su historia se centra en mostrar a los niños las consecuencias negativas de la desobediencia. 

No te pierdas este cuento entretenido y con moraleja, que nos envía un lector desde Chile

La burbuja que enseña, cuento sobre la obediencia

Niño en burbuja

A Jormilo no le gustaban las órdenes, menospreciaba las críticas y las advertencias. Todo giraba en torno a él.

Un día los padres le propusieron dar un paseo hasta el lago. Con mucho ánimo, la familia partió temprano en la mañana de paseo. Una vez que llegaron, el padre hizo el fuego para la parrilla y cortó la carne, la madre puso la mesa con una tía, las hermanas condimentaron las ensaladas y Jormilo llevó las bebidas, mientras observaba una embarcación que llevaba turistas.

'¿Papá, podemos hacer un paseo en bote antes de almorzar?', preguntó el niño. Su padre vio la embarcación también y se la mostró a su esposa, quien accedió encantada. 

En el bote, el niño se alejó de sus padres para ir al borde, pero sus padres le dijeron que volviera con ellos. Al rato se alejó otra vez. Así, él hacía como que obedecía y después volvía a hacer lo que quería. En este caso, el deseo era estar más cerca del agua para tocarla con los dedos.

Justo cuando los padres le advertían del peligro, el conductor del bote hizo un giro brusco para no chocar a una canoa guiada por dos niñas imprudentes que se cruzaron por la proa. Como era de esperar, el desobediente jovencito perdió el equilibrio, cayó por la borda y se hundió.

Ambos padres saltaron al agua desesperados y bucearon para encontrar a su hijo. Ellos buscaron y buscaron  hasta fatigarse y acalambrarse. Y, sin encontrar el rastro de su hijo, subieron a bordo resignados, se abrazaron y rompieron en llanto por la repentina pérdida.

¿Y Jormilo? Con la caída repentina al agua, él efectivamente se hundió. Pero como es su trabajo estar atentas, unas sirenas advirtieron lo sucedido y pudieron actuar con rapidez. Tomaron el desesperado y confundido niño de los brazos y piernas, mientras otra sirena envolvía al niño con una burbuja de aire. Su maniobra fue perfectamente rápida. Se vació el agua de la burbuja y quedó sólo aire. Luego, se alejaron de la superficie suavemente.

Una vez que el niño llegó al fondo del lago, observó actividad alrededor de su burbuja. Otras sirenas aparecieron y la tomaron con cuidado, amarrándola con sogas hechas con algas, como una boya, en las profundidades del suelo del lago. Una vez que su vista se acostumbró a la escasa iluminación, se enteró que había otros niños y niñas encerrados en burbujas como la suya.

- '¡Tienen que soltarme! ¿Es que no se dan cuenta que mi mamá y mi papá creen que ya me morí y deben estar llorando mi muerte? ¡Ellos no tienen la culpa de esto! ¡Lo único que ellos querían era que yo... me alejara...del borde del bote... que me podía pasar algo... o sea, que... Oh, oh, oh', tartamudeó el niño, mientras ordenaba sus pensamientos en voz alta.

- 'Ahí te quedarás. Tenemos todo el tiempo del mundo para esperar', dijeron unas sirenas que pasaban por el lugar.

- '¿Para esperar? ¿Para esperar qué? ¿Acaso tengo yo la culpa de haberme caído? ¡Fue el capitán el responsable de mi accidente! ¡Yo no tuve nada que ver!', lloró desesperado Jormilo.

Unas sirenas empezaron a rodear la burbuja, mientras Jormilo se iba dando cuenta, que si hubiera hecho caso a las advertencias de sus padres, hubiera dado lo mismo si el capitán del barco hacía o no la brusca maniobra. Él se habría salvado igual, porque no habría estado en el borde de la embarcación. Pero entonces, ¿la culpa era de él mismo? La burbuja comenzó a ascender.

- '¿Ves, Jormilo, que nosotras no te soltamos del fondo? ¡Te soltaste tú solo, al hacerte responsable del accidente y lo más importante: arrepentirte!', dijeron las sirenas, cada vez más cerca de la superficie.

- '¿Cómo les puedo agradecer lo que hicieron por mí, lindas sirenas? Y más aún, ustedes me salvaron de ahogarme. ¡Increíble! ¡Ahora lo veo todo claro, perdón por ser tan grosero!', confesó entusiasmado Jormilo a mitad de camino.

Ellas respondieron que sencillamente no debía delatar su mundo de allá abajo, porque aún había niños presos que no aprendían su lección.

Cuando llegaron a la superficie, ellas reventaron la burbuja y se aseguraron que el niño respirara bien y que flotara en forma segura cerca de la embarcación. Al verle, ambos padres se zambulleron de pura emoción para abrazarlo, besarlo y acariciarlo. Una vez todos en cubierta, Jormilo dijo:

- 'Yo tuve la culpa por no haber hecho caso a las advertencias de mis padres'.

- 'El lago nos devolvió a un hijo más consciente', dijeron ellos con alegría inmensa.

Cuento escrito por Juan Pablo Fuenzalida Betteley (Santiago de Chile)