Cómo se transmite optimismo a los niños

Si pudiera elegir otra vida, me gustaría vivir la de mis hijos. Son los que mejor se lo pasan y ahora que llegan las vacaciones de Navidad todavía más, me aseguraba una amiga, que a la vez se quejaba de todo lo que tenía que desdoblarse para que sus hijos llevaran una vida cómoda, fácil, divertida, despreocupada, sin carencias y, con mucho más, de lo que necesitan en realidad.

El optimismo es una obligación ética

Educar a niños optimistas

Esa dedicación altruista de los padres, esa generosidad, esa entrega hacia los hijos para criarles entre algodones, que parte de la génesis misma de nuestra sociedad actual, es una moneda de doble cara. Los expertos consideran que estamos construyendo niños de cristal, fuertes, pero frágiles y, en muchos casos, se echa de menos que el boomerang de la relación entre padres e hijos tome el camino de vuelta hacia los padres cargado del cariño, el respeto y el reconocimiento que solo un hijo puede ofrecer a su padre como el tesoro más preciado de la vida.

Las personas que no reciben esa respuesta positiva son, en la mayoría de los casos, los que están deseando que pase la Navidad antes de que llegue. Y es que la Navidad es una fecha preciosa para la ternura, para el cariño, para meter horas en la cocina, para disfrutar con tertulias largas y distendidas, para leer ese libro que te apetece y nunca tienes tiempo, y para tener momentos de soledad con uno mismo.

Aprovechar este momento del año para tener a los tuyos cerca, para estrechar lazos que sirvan para retroalimentar las relaciones, limar asperezas y olvidarse de los conflictos bien podría ser nuestro objetivo este año. En este sentido discurre el mensaje que el escritor y psicólogo Javier Urra ha querido transmitir a los padres esta Navidad.

Javier Urra. Mensaje de Navidad a las familias

En una entrevista concedida en exclusiva a GuiaInfantil.com, Urra recomienda "a todas las familias, ya sean tradicionales, monoparentales o reconstituidas, que como no hay ninguna garantía de que exista un mañana, vivan el hoy y transmitan cariño. Si se han separado, si hay grandes problemas, deben intentar no rumiar ideas negativas y entender que los hijos no son los culpables. Hay que enseñar a los niños y, por lo tanto, a los adultos a saber manejarse en la ruptura, en la incertidumbre y en el conflicto.

Es el momento de afrontar la vida con creatividad, con ilusión y con esperanza". Poniendo en práctica estas ideas, los padres también podemos pasarlo en grande esta Navidad, incluso mejor que nuestros hijos. Desde la perspectiva de la experiencia y de la madurez, sabemos que cuando sembramos, recogemos y, que la esencia de la felicidad reside en las emociones sencillas. Hoy por hoy, como ha declarado Javier Urra, "el optimismo es una obligación ética".

Marisol Nuevo.