Cuánto deben exigir los padres a los hijos

Educar a los hijos no siempre es una misión fácil para los padres. Algunos se equivocan por ser demasiado tolerantes, y otros pecan por ser excesivamente exigentes. Encontrar una medida justa es muchas veces un dilema. Al fin y al cabo, los niños no llegan con un manual de instrucción. Somos nosotros, los padres, los que debemos conducirles.

¿Padres exigentes o padres permisivos con los hijos?

Niño santo

Quizás las respuestas que nos llevan al lugar preciso comienzan por mantener un ambiente de disciplina y organización en la cotidianidad del hogar, pues de ellas dependen que los niños y niñas aprendan todo lo que puedan según la edad, el nivel de preparación y de capacidad, y las características psicológicas individuales que tengan.

Una severa rutina infantil, que no tenga en cuenta las peculiaridades del menor, puede ser perjudicial. El padre sobre exigente es propenso a la aplicación de castigos excesivos y le cuesta trabajo aceptar que el hijo o hija haya cometido alguna indisciplina. A veces la irritación lo ciega y acaba regañando duramente a su hijo. Y esto es aún más grave cuando ser produce en un lugar público o delante de otras personas.

Cuando el padre o la madre piensan, en primer lugar, en que el niño desobedeció y no en que se entretuvo u olvidó cierta indicación, pueden perder la paciencia, castigar duramente e incluso sofocar a su hijo, actitudes todas que más que corregir, lastiman.

Es importante además que los niveles de exigencia de los adultos con los que se relaciona directamente el niño sean más o menos armónicos. Es decir, no deben convivir bajo el mismo techo criterios educativos demasiado diferentes, digamos un padre muy exigente, con madre o abuelos excesivamente tolerantes pues esto solo multiplicará la incomprensión del niño acerca de los motivos que desatan la inconformidad paterna y padecerá mucho más los castigos impuestos.

En estos casos el niño aprenderá que sus obligaciones son relativas y que ante Mamá o Abuelo puede hacer lo que quiere, mientras que frente al padre temblará y tratará de comportarse a la altura de sus exigencias. Nunca entenderá que las cosas que le piden son buenas para su formación, sino que 'ante Papá es mejor disimular para evitar problemas mayores'.

Otra verdad es que la educación infantil depende de muchos factores, no solamente de las exigencias paternas y como en otras esferas de la vida, no es recomendable 'quemar etapas'. Somos los padres quienes debemos llenarnos de paciencia y esperar que nuestros hijos estén aptos para incorporar ciertos hábitos y comportamientos.

Resulta perjudicial llenarles la vida de responsabilidades mientras sus amigos invierten el tiempo en jugar. Lo que en la primera infancia es un lazo de estrecha dependencia, debe convertirse, con el tiempo, en una relación basada en la confianza mutua. Los hijos deben sentirse libres, capaces de tomar sus propias decisiones y si es preciso, acudir en busca de ayuda o consejo. Nos toca a nosotros enseñarles a decidir, no decidir por ellos y un buen entrenamiento podría ser cuando de pequeños les dejamos escoger qué ropa usar, qué juguetes comprar o de qué color decorar su habitación.

Esperanza Díaz. Redactora de Guiainfantil.com