La mochila - Fábula para niños acerca de criticar y juzgar a los demás

Este cuento nos hace reflexionar sobre porqué es más fácil ver los defectos de los demás que los propios

Revisado por Fabiola Hernández Pérez, Periodista y editora
En este artículo
  1. Fábula sobre la importancia de no juzgar a los demás - La mochila
  2. ¿En qué ayuda a los padres esta fábula para la educación de sus hijos?
  3. 7 tips efectivos para enseñar a los niños a nunca juzgar a los demás
  4. ¿Qué otras fábulas con enseñanza para los niños escribió La Fontaine?

La mochila es una fábula infantil corta de Jean de La Fontaine, cuyos personajes son unos animalitos que lo único que hacen es criticarse los unos a los otros. A lo largo del relato, el autor nos recuerda cómo muchas veces el ser humano no ve sus propios defectos, pero con facilidad critica los ajenos. Esta historia es ideal para enseñarle a los niños el valor del respeto y la tolerancia; y la aceptación de las diferencias en los demás.

Fábula sobre la importancia de no juzgar a los demás - La mochila

Fábula de La Fontaine para niños

Cuentan que Júpiter, antiguo dios de los romanos, convocó un día a todos los animales de la Tierra ante su trono. Quería ofrecerles que pudiesen decir, sin temor, si alguno tenía quejas por su aspecto o por su suerte. Cuando se presentaron, les preguntó, a uno por uno, si creían tener algún defecto. De ser así, él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos.

- Ven acá, mona, y habla tú en primer lugar - dijo el dios -. Mira a todos esos animales y compara sus bellezas con las tuyas. ¿Acaso estás plenamente contenta? ¿O crees, quizás, tener algún defecto? Yo podría ayudarte…

- ¿Me habla a mí, señor? - saltó la mona -. ¿Yo defectos? Me miré en el espejo y me vi espléndida. Tengo cuatro patas, como todos, y mi retrato me parece hermoso. En cambio, el oso, ¿se fijó? ¡No tiene cintura!

- Que hable el oso – pidió Júpiter.

Todos creyeron entonces que el oso se quejaría, pero no: alabó grandemente su figura.

- Aquí estoy - dijo el oso - con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza. ¡Suerte no ser un mole como el elefante! ¡Es una masa amorfa, sin belleza! ¡Debería cortarse las orejas y alargarse la cola!

- Que se presente el elefante… - dijo Júpiter.

Este se adelantó y, con un discurso muy discreto, dijo cosas muy parecidas.

- Francamente, señor - declaró -, no tengo de qué quejarme, aunque no todos pueden decir lo mismo. Ahí lo tiene el avestruz, con esas orejitas ridículas…

- Que pase el avestruz - siguió el dios, ya un poco cansado.

- Por mí, no se moleste - dijo el ave -. ¡Soy tan proporcionado! ¡Tan veloz! ¡Puedo correr a la velocidad de la luz! En cambio, la jirafa… con ese cuello…

Júpiter hizo pasar a la jirafa, quien, a su vez, dijo que los dioses habían sido generosos con ella.

- Gracias a mi altura, veo los paisajes de la tierra y del cielo, no como la tortuga, que sólo ve los cascotes.

La tortuga, por su parte, dijo tener un físico excepcional.

- Mi caparazón es un refugio ideal. Cuando pienso en el sapo, que tiene que vivir a la intemperie…

- Que pase el sapo - dijo Júpiter aún más fatigado.

Así siguieron pasando: el sapo acusando a la señora ballena de ser demasiado gorda, esta hallando a la hormiga muy pequeña, quien a su vez se juzgaba como un coloso comparada con el señor gusano…

- ¡Basta! - exclamó Júpiter -. Solo falta que un animal ciego como el topo critique los ojos del águila.

- Precisamente - empezó el topo -, quería decir dos palabras: el águila tiene buena vista, pero ¿no es horrible su cogote pelado?

- ¡Esto es el colmo! - dijo Júpiter dando por terminada la reunión -. Todos se creen perfectos y piensan que los que deben cambiar son los otros.

Entonces, los despachó luego de escucharlos criticarse entre ellos y hallarse cada cual tan contento de sí mismo. Somos como águilas para el prójimo y cual topos para nosotros mismos. Nada perdonamos a los demás y, a nosotros, todo porque nos vemos con distintos ojos que al vecino. Así, el creador nos hizo a todos con alforja; puso, detrás, la mochila de nuestras faltas y, delante, la bolsa de los defectos ajenos.

Moraleja: antes de criticar a los demás, debemos darnos cuenta de nuestros propios defectos. Reflexionar y NO juzgar al prójimo.

¿En qué ayuda a los padres esta fábula para la educación de sus hijos?

¿Qué enseñan las fábulas a los niños?

La fábula La mochila es una herramienta para hablar con los niños sobre el respeto, la empatía y la importancia de no juzgar a los demás por su apariencia, capacidades o diferencias. Con los animales, que se sienten satisfechos consigo mismos pero critican con facilidad los defectos ajenos, los niños pueden reconocer comportamientos que también aparecen en su propia vida cotidiana.

Puede ser burlarse de un compañero o hacer comentarios sobre el cuerpo de otra persona. Justamente para las madres y los padres, esta historia es una buena oportunidad para enseñar que las personas tenemos cualidades y aspectos que podemos mejorar. Nadie es perfecto. La imagen de la mochila es clara para los niños porque llevamos nuestras propias faltas a la espalda.

Sin embargo, no podemos verlas con facilidad, pero si colocamos delante los defectos ajenos esos sí los observamos continuamente. Es por eso que esta fábula ayuda a los padres a transmitir una enseñanza esencial: antes de señalar los defectos de los demás, hay que mirar con sinceridad nuestra propia mochila y tratar a cada persona con amabilidad, comprensión y empatía.

Además, la fábula permite trabajar la autoestima del niño y le ayuda a aceptar sus cualidades, lo cual no significa animarlo a sentirse superior a los demás. Con esta fábula, podemos fomentar una autoestima sana, la cual consiste en valorarse sin necesidad de criticar, comparar o ridiculizar a otros. Así, recordamos que cada niño tiene su propio ritmo, personalidad y talentos.

7 tips efectivos para enseñar a los niños a nunca juzgar a los demás

Qué enseñan las fábulas de La Fontaine

Enseñar a los niños a mirar a los demás con respeto es una lección que se construye con palabras y el ejemplo diario. Estos consejos te pueden ayudar a fomentar la empatía, evitar las etiquetas y recordar que cada persona tiene cualidades y una forma única de ser:

  1. Da ejemplo con las palabras. Los niños aprenden de lo que escuchan en casa, así que evita criticar a los otros. Así se educa en el respeto.
  2. Explica que todos somos diferentes. Cada persona tiene su propia personalidad, gustos y habilidades. Las diferencias nos hace únicos.
  3. Enseña a ponerse en el lugar del otro. Preguntar '¿cómo te sentirías si alguien dijera eso de ti?' ayuda a desarrollar la empatía en el niño.
  4. No permitas burlas, aunque parezcan bromas. Los comentarios sobre otra persona hacen daño. Es importante marcar límites con calma y claridad.
  5. Evita las etiquetas. Decir que un niño es 'vago' o 'torpe' influye en la forma en la que los demás lo tratan y en cómo se percibe a sí mismo.
  6. Recuerda que todos cometemos errores. Antes de señalar los fallos de otros, pensemos en nuestra propia 'mochila'. Esto favorece la humildad.
  7. Corrige sin humillar. Habla con él en privado y no lo regañes delante de los demás. El objetivo es que aprenda, no que se sienta avergonzado.

¿Qué otras fábulas con enseñanza para los niños escribió La Fontaine?

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