La amabilidad y las palabras mágicas de los niños

Una sonrisa, una frase amable,... tienen un gran valor para todos, e intentar ponerlas en práctica son de gran utilidad para los niños. Existen muchas expresiones con las que empezar, sin duda, un buen día: buenos días, ¿qué tal estas?, gracias por el zumo, ¿has dormido bien?, por favor, ¿me pasas una servilleta?, lo siento... ¿Por qué todas estas frases suenan bien a nuestros oídos y reciben una pronta respuesta y una buena disposición de ánimo al que las escucha?

Cómo enseñar la amabilidad a los niños

Cómo enseñar a los niños a que sean amables

... Pues porque son "mágicas". El cuento "Daniel y las palabras mágicas", que nos envió una mamá, cuenta la historia de Daniel, un niño que recibe un regalo muy especial de su abuelo: una caja llena de letras brillantes. Pero el mago que ha de componerlas es Daniel, es él quien tiene que combinarlas de manera que formen palabras amables para los demás.

El abuelo, en su sabiduría, sabe por experiencia que cuando regalas estas palabras, conseguimos que las personas hagan muchas cosas: hacer reír al que está triste, llorar de alegría, entender cuando no entendemos, abrir el corazón a los demás, enseñarnos a escuchar sin hablar... consiguen abrir la puerta del corazón de los demás. Este precioso cuento enseña a los niños a ser educados, a estar alegres, a buscar en los demás buenas reacciones e intenciones, a respetar y a ser respetado.

Hay frases o parrafadas más o menos largas que son igualmente bonitas, pero unas simples palabras al alcance de cualquier niño pequeño, también consiguen esa "mágica reacción" en todo el que la escucha: gracias, te quiero, buenos días, por favor, hola, lo siento... ¿Qué secreto esconden estas palabras? Son la llave de la gratitud, del amor, del perdón, de la escucha y de la alegría.

No dudemos en poner al alcance de nuestros hijos el regalo y el ejemplo de estas palabras mágicas, las letras brillantes ya las tienen en posesión, sólo les hace falta la fórmula mágica para poder emplear estas palabras amables con frecuencia y normalidad, al igual que hace el pequeño personaje de nuestro cuento: Daniel.

Patro Gabaldón