Muerte súbita: ¿alteración en el cerebro de los bebés?

Vilma MedinaDirectora de GuiaInfantil.com

El síndrome de muerte súbita, que afecta a los bebés en su primer año de vida, es la tercera causa de mortalidad infantil en Estados Unidos, y cada año, en España, fallecen una media de cien lactantes por este síndrome. En el 90 por ciento de los casos se produce entre el primer y el sexto mes de vida.

Hasta ahora, la única recomendación médica para prevenir la muerte súbita consistía en poner a los bebés acostados de boca arriba en sus cunas. Esta sencilla maniobra, de hecho, ha reducido casi a la mitad los fallecimientos de los bebés por muerte súbita, pero ataja el problema. Una reciente investigación publicada en el Journal of American Medical Association(JAMA), y realizada por el Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos, apunta que a que la clave está en una alteración en el cerebro de los bebés.

La relación entre la muerte súbita y un problema en el cerebro del bebé

recién nacido boca abajo

Los resultados del estudio revelan que existe una vinculación entre la muerte súbita y una insuficiente producción de serotonina, una molécula clave para regular el sistema nervioso central. Se observó a través de un examen en los cerebros de los bebés que murieron de este síndrome que había una baja producción de niveles de serotonina, un químico que ayuda a transmitir mensajes entre las células cerebrales y desempeña un papel importante en la respiración, en el ritmo y la frecuencia cardíaca y el sueño.

Un nivel insuficiente de serotonina puede disminuir la capacidad de los recién nacidos para responder normalmente en caso de reducción de oxígeno o niveles altos de dióxido de carbono acumulados en el vientre. Un bebé que duerme boca abajo tiene más problemas para conseguir suficiente oxígeno.

Si tuviera suficiente serotonina podría girar su cabeza o despertarse para respirar mejor, pero con bajos niveles de serotonina tendría mucho más problemas para hacerlo. Los resultados de la investigación son importantes porque podrán permitir desarrollar pruebas para identificar a los niños con mayor riesgo de padecer muerte súbita, y de desarrollar estrategias de prevención. Un alivio para muchos padres.