No mamá, yo solo: ¿rebeldía o autonomía?

Mi hijo de dos años me dice constantemente con su lengua de trapo: "No mamá, yo solo". Si yo le abrocho el abrigo, él, muy contrariado, se lo desabrocha y a continuación lo hace él mismo, mirándome con desafío; si le llevo su pequeña mochila, él se rebela y me dice un largo "nooo, yo". ¡Es que ya no me deja hacer nada! Habla poco, pero esta frase la domina a la perfección. ¿Cómo debemos actuar ante esta nueva etapa de nuestro hijo?

Niños independientes y autónomos

La autonomía e independencia en los niños

Seguramente pensáis, al igual que yo, que es pura cabezonería. Parece que actúa así por llevarme la contraria: si yo digo por aquí, él dice por allá, si le quiero poner los zapatos, él se niega en rotundo porque quiere hacerlo por sí solo (aunque finalmente, claudique de su intención porque es más difícil de lo que esperaba)... En parte, estas rebeldías son frecuentes a esta edad, pero también está claro que a los niños les encanta sentirse mayores. Desean crecer y demostrarnos, con más o menos efusividad, que pueden hacer las cosas, o al menos quieren intentar hacer lo mismo que nosotros ¡y menudo genio! ¿Acaso ellos van a ser menos que los demás?

Esta conducta habitual a partir de los dos añitos y que nos puede parecer algo desafiante o propia de un niño testarudo o cabezón, realmente es la inquietud por ser independientes y autónomos que se despierta en ellos, intentan demostrarnos sus nuevas habilidades y sus esfuerzos por superarse, y necesitan, por tanto, de que depositemos nuestra confianza en ellos y les demos la posibilidad de dejarles actuar libremente.

La manera de encauzar con inteligencia esta "testarudez", es darles la oportunidad de aplicar sus inquietudes y sus nuevas destrezas, permitiéndoles ayudarnos en tareas cotidianas. Así, por ejemplo, podemos invitarles a tirar el yogur vacío en la basura, o a recoger los juguetes, a traernos la escoba, a limpiar las puertas con un paño, a desvestirse, a lavarse las manos..., la lista de pequeñas labores que satisfagan sus necesidades de autonomía es larguísima.

Cada niño desarrolla capacidades de una forma distinta, cada cual tiene su ritmo y sus propios frutos, pero debemos de darles a todos la oportunidad de probar aunque se equivoquen. Acertar o fallar ¡qué más da!, el ensayo-error es parte importantísima para su aprendizaje y hay que darle cabida en el día a día. Asimismo no debemos olvidar la importancia de potenciar y aumentar la independencia de nuestros hijos con pequeños desafíos al alcance de sus pequeñas manos, al fin y al cabo ellos son los que nos lo exigen con ese rotundo y potente: "no mamá, yo solo".

Patro Gabaldón. Redactora