El niño tímido. Timidez infantil

Cómo entender y educar a un niño tímido

Los contactos interpersonales tienen mucha importancia en el desarrollo infantil y en el funcionamiento psicológico, escolar y familiar del niño. Desde su relación con sus hermanos en casa y sus primeros contactos con otros niños en la escuela infantil o en la guardería, los niños deben ir construyendo una serie de habilidades sociales, que forman parte de su educación y que de no establecerse de forma adecuada, pueden limitarle en muchos aspectos de su funcionamiento, además de producirle un gran sufrimiento emocional.

Cómo es un niño tímido. Qué es la timidez

nino-se-esconde

La timidez en la infancia se define como una conducta que se caracteriza por un déficit acusado en la relaciones interpersonales y una tendencia estable y acentuada de escape o evitación del contacto social con otras personas. 

Un niño habitualmente activo y despierto se muestra decaído, inapetente o retraído. En cambio, otro niño, en general tranquilo, presenta conductas que denotan ansiedad, inquietud, falta de atención, actividad constante, perturbaciones en el sueño, ataques de furia, etc.

La consulta con el pediatra debe ser siempre el primer paso, a fin de descartar cualquier tema orgánico. Si se demuestra que su estado físico es bueno, comenzaremos, entonces, a investigar las razones psicológicas de los cambios que llamaron nuestra atención.

Entender a un niño tímido

1. Pensemos que los niños manifiestan sus emociones a través de su comportamiento, como así también de sus juegos y sus dibujos. Hace falta mucho recorrido para que puedan expresarse a través del lenguaje y decir por ejemplo: 'mamá, estoy triste', 'echo de menos a papá' o simplemente 'no sé lo que me pasa'.

2. Recordemos que los niños tienen una sensibilidad mucho más rica que la nuestra para percibir las variaciones en el ambiente: están siempre pendientes de nuestra mirada, nuestros gestos, nuestras presencias y ausencias (aunque parezcan muy concentrados en otra cosa).

3. Consideremos ahora las novedades (buenas y malas) que se sumaron a nuestra vida cotidiana. Hay situaciones menos evidentes y que sin embargo los hijos presienten: discusiones entre los padres, alejamiento, enfermedad o muerte de un familiar, crisis personales, problemas laborales, económicos, por nombrar algunas de ellas.

4. Cada niño tiene su propia modalidad para comunicar su dificultad para entender lo que está pasando. Confiemos entonces en nuestra intuición de madres: encontraremos el momento más adecuado para hablar al niño, con las palabras que nos dicta el corazón, aunque sólo sea para decirle: 'entiendo que para ti también es difícil todo esto, pero puedes contar conmigo, intentaré comprenderte'.