Diagnóstico y tratamiento de la toxoplasmosis

El diagnóstico precoz de la toxoplasmosis mejora las posibilidades de curación

La toxoplasmosis es una enfermedad causada por un parásito, el toxoplasma gondii, que cursa con unos síntomas parecidos a los que causa un resfriado común. Por tanto, es muy díficil que una mujer se de cuenta de haber contraído la enfermedad.

Sin embargo, un simple análisis de sangre puede detectar si su organismo ha generado los anticuerpos frente al parásito causante de la toxoplasmosis con anterioridad a su embarazo.

Prevenir la toxoplasmosis en el bebé

Embarazada come tomate

Cuando los resultados de la analítica confirman que la mujer no ha pasado la toxoplasmosis en ningún momento anterior a su gestación y, en el desarrollo del mismo se demuestra que la infección está activa, es recomendable que la embarazada reciba tratamiento urgente con antibióticos. Este tratamiento es muy importante, sobre todo, en el caso de que se demuestre que el feto aún no está infectado para evitar así posibles riesgos para su bebé y reducir las probabilidades de que sea infectado en las próximas horas, ya que esta enfermedad se transmite a través de la sangre y puede atravesar la barrera placentaria.

Si, por el contrario, se sospecha que el feto está infectado, el primer tratamiento de elección es, a través de la madre, mediante sustancias para reducir la frecuencia y la gravedad de los síntomas en el feto. El tiempo, en este caso, es un factor decisivo. Cuando antes reciba tratamiento la madre, menos probabilidades tendrá el bebé de encontrarse afectado por la enfermedad.

Tratamiento de los fetos infectados por la toxoplasmosis

Las investigaciones científicas para intentar desarrollar métodos más eficaces para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad durante el embarazo, como forma de prevenir las infecciones en el feto, continúan. Los bebés infectados en el útero materno deben seguir siendo tratados con medicamentos durante todo su primer año de vida e incluso por más tiempo.

Un estudio comprobó que, aproximadamente, el 75 por ciento de los bebés infectados, que habían recibido tratamiento a tiempo disponía de una inteligencia normal y ninguno de ellos había desarrollado pérdida de la audición. La mayoría de los bebés infectados, que no presentan síntomas al nacer, no son sometidos al tratamiento, ya que no se les diagnostica la enfermedad hasta que desarrollan una infección ocular u otros problemas, algunas veces, meses e incluso años después de su nacimiento. Teniendo en cuenta que un tratamiento temprano favorece a una buena recuperación, los bebés diagnosticados en el embarazo deberán ser sometidos a pruebas posnatales para mejorar su estado y facilitar su recuperación.