Georgina García-Mauriño es escritora, ilustradora, y una gran amante de la ópera desde hace muchísimo tiempo. Estudió Derecho, diseño de moda, pero fue en la ópera donde encontró la inspiración y el camino para sus ideas. A raíz de sus cuentos fantásticos y de curiosas ilustraciones perfectamente ubicados en la colección de disco-cuentos Cuéntame una Ópera, ella consigue acercar, de una forma sencilla y emocionante, la ópera a los niños.
- ¿En qué momento la ópera entró en su vida? ¿Fuiste a buscarla o ella vino hacia usted?Descubrí la ópera junto a mi padre que se aficionó escuchando unas retransmisiones de radio que se emitían los sábados por la tarde en los años 70. Yo era entonces una joven adolescente, y al principio eran el fondo sonoro de mis deberes escolares, pero enseguida la música y los argumentos que papá me empezó a contar me atraparon. Fue bastante natural, en una edad todavía de mucha curiosidad, pero también fue una suerte porque no siempre los más jóvenes tienen la oportunidad de escuchar ópera así, sin darle la mayor importancia, por el placer de pasar un buen rato y de la mano de alguien con quien te une una complicidad y un afecto que animan a la confianza.
- ¿Qué hay realmente detrás de cada ópera?Detrás de cada ópera está el trabajo de muchos artistas que nos ofrecen todo su talento, pero por encima de todo, detrás de cada ópera está la emoción de la partitura de un compositor que se ha inspirado en una historia, unos personajes. Eso es lo primero, después viene el enorme y valiosísimo trabajo de tantos músicos-intérpretes. Desde el pianista acompañante, indispensable en los ensayos, a los instrumentistas de la orquesta, a los cantantes y el director, claro. De hecho, gracias a ellos se han conservado las grandes óperas hasta nuestros días, ese repertorio que es patrimonio de todos. Pero para que los aficionados podamos asistir a una función intervienen además los escenógrafos, los diseñadores de vestuario, los técnicos en iluminación, los guionistas... todos aquellos que hacen que en el teatro, y gracias a la música vivamos esas historias tan emocionantes.
- ¿Qué herramientas utiliza para acercar la trama de una ópera y la comprensión de los niños?Son dos las principales herramientas: síntesis y sencillez en el lenguaje.
Así, cuando me enfrento a un nuevo título, lo primero que debo hacer es resumir el argumento, pues las óperas son excesivamente largas para la habitual capacidad de concentración de un niño. Pero no se tata de escribir la clásica sinopsis, sino de proponer una versión reducida, siempre fiel al libreto original, que propicie la escucha de la música, que para mí es lo principal. Para eso sigo dos criterios: el primero seleccionar los fragmentos musicales que me parecen más atractivos (los más descriptivos de una emoción o momento narrativo, o los más conocidos), el segundo descartar situaciones que son difíciles de comprender para un niño por su particular dramatismo. El lenguaje utilizado en mis óperas como cuentos es siempre fácil y directo, procurando respetar el carácter poético, divertido, o más serio de cada obra.
- ¿Qué aporta la ópera al mundo infantil?Sus argumentos son historias estupendas, a menudo demasiado increíbles para un adulto, pero con toda la fantasía de los cuentos infantiles, y como éstos las óperas alimentan la imaginación de los niños y les ayudan a descubrir el mundo y a conocerse poniendo en orden, ideas y emociones
El niño que espera el regreso de un padre que está de viaje entiende perfectamente la nostalgia de Penélope. Poner palabras a los sentimientos les ayuda a vencer fantasmas, a sentirse fuertes, les ayuda a crecer. Pero además, en el caso de la óperas, la música, que es un lenguaje privilegiado de los sentimientos, puede resultar la forma más directa de expresar emociones (saltando, bailando, cantando
), de estallar de gozo, de desahogarse en caso de disgusto, de relajarse cuando el niño está inquieto. Y por si fuera poco, en la ópera, de la forma más lúdica, los jóvenes pueden conocer a grandes personajes y mitos de nuestra cultura occidental (Orfeo, Ulises, Don Juan, Carmen
) que a lo largo de la vida seguro reencontrarán en sus estudios, en los libros, en las películas
- En su opinión, ¿Qué ópera los niños no deberían dejar de conocer?¡Qué pregunta más difícil! Cada uno tenemos nuestros gustos que vamos definiendo a base de nuestras experiencias personales. Cuando voy a contar una ópera a los niños, yo siempre les digo que a mí me gusta muchísimo, pero que ellos ya me darán su opinión al final porque cada uno escuchamos con nuestros oídos, con nuestro corazón, con nuestros gustos. Por eso a mí me gustaría que cada niño tuviera la oportunidad de escuchar alguna que le gustara tanto como para seguir descubriendo otras después. Hay tantas óperas y todas tan diferentes
las hay para todos los gustos: de aventuras, de amor, de risa
Yo intento reflejar esta riqueza ilustrando cada una de mis óperas como cuentos con trazos y colores particulares en cada caso. Pero como aficionada, si yo me tuviera que quedar con una sola, me quedaría con Las bodas de Fígaro de Mozart en donde hay un poco de todo, y además la música más inspirada y el argumento más ingenioso van de la mano de forma excepcional.
- ¿Qué consejos daría a los padres que desean acercar a sus hijos a la ópera?El principal es que busquen la complicidad del pequeño apelando a su curiosidad y su confianza, como si se tratara de cualquier otra de esas aficiones que desea compartir. Descubrir la ópera tiene que ser sobre todo un placer. Y para eso es fundamental, la implicación ilusionada y franca de ese mayor (padre, abuelo, tío
) en el que el niño confía, con el que el niño sabe que lo va a pasar bien. Porque la ópera puede ser tan divertida como jugar al fútbol, una partida de parchís, o cualquier otra actividad lúdica.
- ¿Qué pueden hacer los padres para iniciar a su hijo en la música, en la ópera?Yo empezaría proponiéndoles algún fragmento que me gustara de verdad (escucharlo un par o tres de veces, ponerse a cantarlo o tararearlo juntos, bailar
es divertidísimo para todos), después (si es música vocal) les contaría lo que dice el texto. Y, tratándose de ópera, ahí es donde les aconsejaría tomar mi versión ilustrada (si se encuentra entre mis títulos disponibles en cd-cuento o en internet). Después, si le ha gustado el cuento puede reencontrarse con la música, proponiéndosela para acompañar sus juegos o directamente jugando con sus personajes a disfrazarse, o a dibujarlos
Proponer entonces ver algún dvd en familia puede ser una experiencia inolvidable para todos: los padres se sorprenderán de la atención de sus hijos cuando vean a sus personajes-amigos interpretados por ¡personas de verdad! A partir de ahí, pienso que asistir a una función en algún teatro puede resultar una verdadera fiesta.
- ¿Cómo estimular la lectura de los niños en una época tan dominada por la televisión y la consola?La lectura forma parte de lo que hoy llamamos "oferta cultural" y en efecto tiene que competir con toda una serie de productos audiovisuales que se nos presentan como lo más atractivo, lo más social, lo que todo el mundo practica
Pero cada uno tenemos nuestros propios intereses, y tenemos derecho a elegir. Pienso que al niño hay que mostrarle las posibilidades, todo lo que hay en "el escaparate", y darle ejemplo: yo elijo lo que a mí me gusta (que no tiene por qué ser lo que le gusta a mi vecino), tú también puedes elegir. Debemos encontrar un momento para la lectura como a menudo parece establecido para otras actividades: el momento de ver dibujos animados, el momento jugar con consola, el momento de practicar un deporte y el momento de coger un libro. Esto es válido para todos, niños y mayores, porque los niños de padres de lectores suelen ser lectores al mimetizar los comportamientos de aquellos en quienes confían, de sus modelos.
Pero, los atractivos de la lectura tan solo aparecen cuando se practica y no es posible convencer de ello a un niño que no lo ha comprobado por sí mismo. En este caso, yo aconsejo la lectura compartida (en voz alta, se entiende): encontrar un momento al día o a la semana para la lectura de alguna historia que atrape al mayor tanto como al niño es encontrar un momento para compartir una emocionante aventura que además enriquecerá la relación de complicidad. Yo empecé leyendo con mi hijo cuando se iniciaba en la lectura (entonces leíamos cada noche un capítulo), y todavía hoy con casi 11 años tenemos un libro que leemos juntos durante y tras el desayuno del domingo. La elección de los títulos es importante: al principio fueron los de Rodari, Harry Potter o también Las crónicas de Narnia, después vino El fantasma de Canterville de Oscar Wilde y otros clásicos. Ahora recurrimos a menudo a la colección de "libros para las tres edades" de editorial Siruela: "Caperucita en Manhattan" de Martín Gaite es uno de nuestros favoritos, también los de Jostein Gaarder, Amos oz
. Y puedo decir que hoy mi hijo es, por su cuenta, un lector entusiasta.
Para conocer la colección consulte:- www.cuentameunaopera.com
- www.georginagarciamaurino.com