Ni castigos ni premios - Cómo educar a tus hijos con disciplina positiva
La disciplina positiva propone educar a los hijos desde el amor, la amabilidad y la firmeza
- 6 alternativas que son respetuosas al educar a los niños sin castigos
- Opciones distintas a los premios para motivar a los niños en la educación
- ¿Por qué educar a los niños sin castigos según la disciplina positiva?
- El mensaje que mandan los padres a los hijos cuando los castigan
- La razón por la que NO se deben usar los premios con los niños
- Las alternativas respetuosas para no premiar a los niños
-
A la hora de gestionar momentos complejos con nuestros hijos, en ocasiones podemos llegar a desesperarnos y a buscar agentes externos que apoyen nuestra labor, entrando en juego los premios y los castigos para los niños. ¿Qué alternativas respetuosas propone la disciplina positiva para no premiar y castigar a nuestros hijos y cuáles podemos incorporar nosotros como padres?
6 alternativas que son respetuosas al educar a los niños sin castigos

Educar sin castigos no es dejar que los niños hagan lo que quieran, ya que la disciplina positiva propone poner límites claros, a la vez que se enseña qué conducta esperamos y se acompaña al niño para que aprenda a hacerlo mejor en futuras ocasiones. Estas alternativas son más educativas que recurrir automáticamente a un castigo, toma nota:
- Anticipa las normas
Explica qué esperas del niño: 'En el parque podemos correr, pero no empujar'. Saber qué puede hacer y qué no le aporta seguridad. - Redirige la conducta
Sobre todo con los más pequeños da una alternativa. Si está lanzando un juguete que puede romperse, ofrécele una pelota que sí pueda tirar. - Maneja opciones limitadas
En lugar de entrar en una lucha de poderes, puedes darle dos posibilidades adecuadas: '¿Quieres recoger primero los coches o los bloques?'. - Aplica consecuencias relacionadas a lo ocurrido
Si tira un juguete, el juego se detiene por un tiempo. Si ensucia, debe ayudar a limpiar. La consecuencia tiene que guardar relación con la conducta. - Ayúdale a reparar el daño
Si lastimó a otra persona o estropeó algo, acompáñalo a buscar la forma de solucionarlo: recoger, arreglar o realizar una acción reparadora. - Pon el límite con calma y firmeza
Frases como 'No voy a dejar que pegues' permiten detener cierta conducta sin gritos ni humillaciones y enseñan al niño que el límite permanece.
Opciones distintas a los premios para motivar a los niños en la educación
No es necesario convertir cada conducta en un intercambio o chantaje. La motivación puede fortalecerse a través del reconocimiento, la autonomía y la satisfacción de comprobar los propios avances, así que:
- Reconoce el esfuerzo de forma concreta
En lugar de un simple 'bien', prueba con: 'He visto que seguiste intentándolo'. - Describe lo que hizo bien
Decirle: 'guardaste tus juguetes cuando terminaste de jugar', ayuda a tu hijo a identificar cuál fue la conducta positiva. - Reconoce los avances, no solo el resultado final
Aprender, colaborar o mejorar de a poco también merece ser reconocido, aunque el resultado no sea perfecto. - Dale responsabilidades que le hagan sentirse capaz
Puede ser poner la mesa, preparar su mochila o cuidar sus cosas para que experimente la satisfacción de contribuir y ganar autonomía. - Usa palabras de aliento
Frases como 'has encontrado una solución' o 'te esforzaste mucho' ponen el foco directamente en sus capacidades y en el proceso.
¿Por qué educar a los niños sin castigos según la disciplina positiva?

Empezaremos por los castigos, una técnica que de sobra es sabido que no es nada beneficiosa para el niño ni para la dinámica familiar. Los castigos no tienen cabida en disciplina positiva ni en corrientes relacionadas con una crianza consciente y respetuosa hacia el niño. Si tomamos el respeto como la base con la que nos relacionamos con nuestros hijos, castigándoles les faltamos al respeto.
El castigo genera relaciones verticales, en las que un adulto poderoso decide 'vengarse' de un niño y hacerle sentir mal con el objetivo de que, la próxima vez, haga las cosas bien. Puesto en esas palabras suena incongruente, ¿verdad? La psicóloga y educadora Jane Nelsen decía '¿quién nos ha hecho creer que para que un niño se sienta bien, primero hemos de hacerle sentir mal?'.
Esto suele llevar a equívocos sobre disciplina positiva y sobre respeto hacia el niño, ya que es normal que alguien pueda elaborar mitos en los que afirme que en este tipo de disciplina y/o crianza 'el niño no tiene límites, hace lo que quiere sin que haya consecuencias'. Nada más lejos de la realidad, ya que algunas alternativas al castigo infantil son anticipar las normas.
También se pueden ofrecer opciones limitadas, redirigir la conducta, explicar qué esperamos que haga, aplicar consecuencias calmadas y reconocer cuando consigue comportarse de la manera esperada. Así, los castigos no tienen cabida en este tipo de educación: no benefician en nada y solo pueden generar más conflictos que pueden mermar en la conducta a largo plazo del pequeño.
El mensaje que mandan los padres a los hijos cuando los castigan

Primero debemos comprender el momento evolutivo del niño, sus capacidades reales y necesidades auténticas, antes de juzgar ese comportamiento como 'malo'. Por ejemplo, los niños entre 1 y 2 años tienen la necesidad de llenar y vaciar, de construir y destruir, por lo que resultaría una equivocación por nuestra parte castigarles por abrir un cajón y sacar todo lo que haya dentro.
Además, hay dos factores que en primera infancia siempre deben estar presentes: un adulto vigilante y un ambiente preparado.
- El adulto vigilante podrá ayudar al niño a relacionarse con su espacio si en algún momento se compromete su seguridad o la dignidad de los objetos
- Un ambiente preparado es FUNDAMENTAL para que el niño se desenvuelva con espontaneidad y seguridad, pudiendo manipular todo lo que esté a su alcance sin las restricciones constantes de un adulto.
Teniendo en cuenta estos factores, cualquier acción que lleve a cabo el niño podrá ser comprendida dentro de su momento evolutivo y su necesidad de descubrir el mundo, desterrando términos como 'mal comportamiento'. Entender la causa de una conducta no significa permitirla. Un niño puede estar cansado, frustrado o todavía no saber controlar sus impulsos.
En la medida que seamos capaces de comprender el motor que mueve al niño, podremos alinearnos más con él y será el camino para establecer relaciones horizontales, en las que el castigo, el grito y la humillación no tendrán cabida; en su lugar hemos de mostrar compasión hacia su inocencia, su virtud innata, su curiosidad y sus ganas de conocer el mundo que les rodea.
Castigos como 'ir al rincón de pensar', arrebatar pertenencias valiosas para ellos o retirarles el amor, solo enseñará al niño que el camino de las relaciones versa sobre la dominación; que el adulto que le quiere tiene derecho a dominarle y a privarle de amor según acepte o no sus conductas. ¿Realmente queremos que este sea un aprendizaje para nuestros hijos?
La razón por la que NO se deben usar los premios con los niños

¿Qué hay de malo en los premios? Aunque en ocasiones podamos pensar que premiar a un niño reforzará y afianzará sus conductas 'positivas', el reto es llegar a comprender que las conductas infantiles no son negativas ni positivas y que los niños necesitan llegar a realizar ellos mismos los juicios sobre sus acciones y lo que estas provocan en los demás y en ellos mismos.
Aquí es importante hacer una distinción: no es necesario evitar cualquier forma de refuerzo positivo. El elogio específico, la atención positiva y ciertos sistemas de recompensas pueden ayudar a enseñar y consolidar conductas. Los niños necesitan poder elaborar sus propios juicios y encontrar la motivación interna para explotar su capacidad de autorregularse.
Si la motivación y la validación siempre es externa, no serán capaces de tomar decisiones en base a sus propios deseos y necesidades. El premio genera dependencia y puede causar confusión si se deja de obtener, quizá el niño asuma que ya no lo merece o que tendrá que intensificar cada vez más sus esfuerzos en busca de una validación que debería darse él mismo y no esperar del exterior.
Por eso, el objetivo no debe ser eliminar todo reconocimiento, sino procurar que este no sea exclusivamente material ni la única razón para actuar. Podemos pasar de 'si levantas los juguetes te compro algo' a 'has recogido todo sin que tuviera que recordártelo; eso ha sido muy responsable'. El segundo mensaje describe la conducta y ayuda al niño a identificar qué hizo bien.
Las alternativas respetuosas para no premiar a los niños

En disciplina positiva hablamos de aliento. El psiquiatra y educador Rudolph Dreikurs decía que un niño necesita aliento como una planta necesita agua, la motivación es un proceso por el que se transmite a los niños el mensaje de que son amados y aceptados como son. A través del aliento, trasladaremos a nuestros hijos que los errores son oportunidades de aprendizaje y crecimiento.
Son pequeñas diferencias a la forma de dirigirnos a ellos, las que fomentarán el aliento y así ayudaremos a que el niño confíe en su sabiduría interior y acepte sus propios procesos. En vez de decir 'estoy orgullosa de ti', podemos decir 'debes sentirte muy orgulloso por lo que hiciste', enfatizando su proceso interno, su autoconcepto y sus capacidades; y no centrándonos en el resultado visible.
- 'Te quiero pase lo que pase'.
- 'Te mereces esa gran nota'.
- 'Vi que te esforzaste mucho'.
- 'Has seguido intentándolo aunque era difícil'
- 'Encontraste una solución tú solo'
- 'Gracias por ayudar a tu hermano'
- 'He visto cómo has recogido tus cosas'
Puedes leer más artículos similares a Ni castigos ni premios - Cómo educar a tus hijos con disciplina positiva, en la categoría de Límites - Disciplina en Guiainfantil.com.
Publicado:
Actualizado:
Bibliografía
- Durrant, J. E. (2016) La disciplina positiva en la crianza cotidiana. Save the Children (ed.) Suecia, pp. 1-354 Disponible en: https://positivedisciplineeveryday.com/wp-content/uploads/2020/10/4rta-edicion-Libro-DPCC_oct2020_Espanol.pdf