11 pautas de disciplina positiva para poner límites a los niños sin gritos
Una guía con consejos para educar a tus hijos en el amor y el respeto, sin castigos ni gritos, pero con firmeza
- Pautas para entender qué es y qué no es la disciplina positiva
- Disciplina positiva - 11 claves para poner límites sin gritar ni castigar
- Más pautas eficaces para enseñar disciplina positiva a los niños
- Lo que la disciplina positiva enseña a los padres y maestros
- Tips para acompañar a los niños durante un berrinche o rabieta
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La disciplina positiva ayuda a educar a los niños con respeto, amor y límites claros, sin recurrir a gritos ni castigos humillantes. Pero ¿cómo ponerla en práctica si tu hijo desobedece o tiene una rabieta? Alexandra Pérez, maestra certificada en disciplina positiva, nos da algunas de las claves sobre cómo educar a los niños con cariño y respeto, pero también con firmeza. Aquí, 11 pautas de disciplina positiva para poner límites a los niños sin gritos.
Pautas para entender qué es y qué no es la disciplina positiva

¿Qué es la disciplina positiva? ¿Qué podemos aprender de ella? ¿Qué debemos reflexionar como padres? ¿Cómo podemos ejercer una crianza consciente? Se trata de una forma de educar que combina el afecto, el respeto y los límites firmes. Su objetivo no es que los niños obedezcan por miedo, sino enseñarles a comprender las normas y gestionar sus emociones según su edad.
¿Qué SÍ es la disciplina positiva? Algunos ejemplos para padres
- Poner límites claros con respeto. Si tu hijo salta sobre el sofá, en lugar de gritarle, dile: 'Sé que quieres saltar, el sofá no es seguro. Hazlo en el suelo sobre esta colchoneta'. Así marcas la norma y ofreces la alternativa.
- Enseñar en lugar de castigar. Si el niño derrama agua mientras juega, ayúdalo a limpiar y explícale cómo evitarlo la próxima vez. Se trata de que aprenda a responsabilizarse de sus actos, sin sentirse avergonzado.
- Escuchar las emociones sin permitir cualquier conducta. Si tu hijo pega porque está enfadado, reconoce su emoción y detén la agresión: 'Sé que estás muy molesto, pero no voy a dejar que pegues'. Sentir enfado es válido, pero hacer daño no lo es.
- Adaptar las expectativas a su edad. Un niño de 2 años necesita instrucciones sencillas, mientras que uno de 8 puede participar en acuerdos familiares y asumir responsabilidades complejas.
¿Qué NO es la disciplina positiva
- No es dejar que los niños hagan todo lo que quieran. Educar con respeto no es eliminar las normas. Los padres son los responsables de establecer límites.
- No es evitar todas las consecuencias. Los niños necesitan comprender los efectos de sus decisiones. Las consecuencias deben ser proporcionadas, seguras y orientadas al aprendizaje.
- No es negociar todo. Algunas situaciones, como ponerse el cinturón de seguridad, cruzar la calle de la mano o no golpear a otra persona, requieren límites no sujetos a negociación.
- No es premiar cada comportamiento adecuado. El reconocimiento del esfuerzo y los comentarios positivos favorecen el aprendizaje, pero no es necesario ofrecer regalos o recompensas.
- No es conseguir niños que nunca lloren o se enfaden. Las rabietas, frustraciones y desacuerdos forman parte del desarrollo infantil. La disciplina positiva busca ayudar a gestionar estas emociones.
Tampoco es que los padres deban mantener la calma en todo momento. Si un adulto pierde los nervios, puede disculparse y mostrar interés en reparar el error. La disciplina positiva consiste en ser amables pero firmes al mismo tiempo. Los niños necesitan sentirse queridos y escuchados, pero también conocer las normas y desarrollar habilidades para convivir con otras personas.
Disciplina positiva - 11 claves para poner límites sin gritar ni castigar

Estas 11 pautas ayudan a aplicar la disciplina positiva en situaciones cotidianas. Son estrategias para enseñar normas y acompañar el desarrollo emocional de los niños, más no fórmulas para conseguir obediencia inmediata:
1. Sin afectividad y firmeza, no vamos a ningún sitio como padres
Hay muchos padres que creen que la disciplina positiva consiste en decir a todo que sí y dejar que los niños hagan todo lo que quieran. Pero nada más lejos de la realidad. Ni el autoritarismo ni la permisividad nos ayudarán a educar a nuestros hijos. Se trata de acompañar a los niños desde la afectividad, la amabilidad y la firmeza. De esta forma, podremos empatizar y comprender las necesidades de los niños.
2. En la crianza, el respeto siempre debe ser mutuo
Que los hijos respeten a sus padres y que los padres respeten a sus hijos; esta es la clave para construir el vínculo con los niños. La disciplina positiva apuesta por dejar de lado las relaciones verticales (en las que los padres mandan y los hijos obedecen) y apostar por las relaciones horizontales (en las que todos los miembros están al mismo nivel).
3. No hay técnicas mágicas para que los niños empiecen a 'portarse bien'
Hay padres y madres que tratan de buscar técnicas de disciplina positiva que con solo aplicarlas cambien la conducta de sus hijos. Sin embargo, la disciplina positiva es un estilo de vida, un cambio en nuestra forma de relacionarnos con otras personas que debe partir de nosotros mismos. De ahí, que no podemos 'aplicar' estas técnicas con nuestros hijos y esperar que solo cambien su comportamiento.
4. Los niños no son malos
Cuando un niño no tiene el comportamiento que nosotros queremos decimos que es un niño malo (o que se porta mal). La disciplina positiva propone comprender a qué se debe esa conducta. Para ello, debemos preguntarnos qué está sucediendo alrededor de nuestro hijo para que se comporte de determinada manera y qué estamos haciendo nosotros como padres para que nuestro hijo tenga esa conducta.
5. Decir 'no' también es necesario y adecuado
A menudo, entramos en un bucle de 'noes' dirigidos a nuestros hijos: 'no grites', 'no cojas eso', 'no te subas', 'no toques'... pero esto a veces es necesario para establecer un límite claro. La clave es acompañar el 'no' de una explicación breve cuando sea posible y enseñar qué conducta esperamos del niño. En lugar de decir 'no toques eso', dile: 'cariño, sé que quieres jugar con esto, pero es valioso para mamá'.
6. También tenemos que dejar de decir 'no pasa nada'
Esta frase tan sencilla y tan repetida a lo largo del día parece inocente, pero en realidad el mensaje que envía a los niños es muy diferente. Se trata de una forma de invalidar las emociones que el niño está sintiendo. Si le decimos 'no pasa nada', estamos transmitiéndole que ese enfado que está sintiendo es algo inválido, innecesario y tonto, porque no pasa nada.
Más pautas eficaces para enseñar disciplina positiva a los niños

7. Diálogo, diálogo y más diálogo sobre la educación de los niños
A menudo, y por mucho que hayamos hablado sobre la manera en la que queremos educar a los niños antes de que estos nazcan, la maternidad y la paternidad lo cambia todo y nos pone a prueba. Esto puede ocasionar que un padre y una madre no tengan la misma forma de educar a sus hijos. ¿Qué se puede hacer en estos casos? Dialogar y llegar a un punto en común (sin tratar de imponernos).
8. Cada niño es diferente; no tratemos de comparar a los hermanos
Son muchos los padres que se preguntan cómo es posible que sus hijos, habiéndose criado en el mismo entorno y de la misma forma, sean tan diferentes en temperamentos, formas de ver las cosas, gustos y necesidades... Debemos aceptar todas estas diferencias y no tratar de compararlas. Por eso debemos acompañar a cada uno de nuestros hijos según lo que necesitan.
9. Ante un berrinche, los primeros que debemos tranquilizarnos somos nosotros
Alexandra define la rabieta como un destape emocional que impide que los niños regulen sus emociones. Debemos ser los padres, los que les ayudemos a enfrentarse a esa vorágine de emociones. Debemos reflexionar sobre qué es lo que nos impide mantener la calma en un momento de pataleta. Se trata de encontrar aquello que nos impide frenar y trabajarlo para que podamos guiar a nuestros hijos enrabietados.
10. No siempre es mejor abrazar a los niños cuando tengan una rabieta
Muchos padres creen que, cuando sus hijos están experimentando un berrinche, lo mejor es ir corriendo y darles un abrazo, pero en otros muchos casos ese abrazo podría ponerlos más nerviosos. Y es que cada niño es diferente, por tanto, resultará más efectivo hacerles preguntas como: ¿cómo te puedo ayudar? No olvides que nadie conoce mejor a tus hijos que tú mismo para saber qué necesita en ese momento.
11. Es mejor enseñar a los niños herramientas que atajar un problema que ya existe
Anticiparnos a las situaciones complicadas que pueden aparecer en el día a día de los niños es la clave para evitarlos. Si sabemos que cierta circunstancia pone muy nervioso a nuestro hijo, debemos enseñarle herramientas para que él mismo sepa también atajar el problema antes de que este suceda. En ocasiones, resulta imposible anticiparse y se producen dichas situaciones complicadas. Si ese es el caso, lo mejor es acompañar a los niños para que retomen la calma.
[Leer +: Los límites de la disciplina positiva]
Lo que la disciplina positiva enseña a los padres y maestros

La disciplina positiva no solo puede aplicarse en casa, ya que también ofrece herramientas a los maestros que necesitan mantener la convivencia en el aula y enseñar a los alumnos a responsabilizarse de sus comportamientos. Una de sus principales enseñanzas es que educar no solo es corregir conductas, sino mostrar con el ejemplo cómo afrontar los problemas.
Para los maestros, este enfoque favorece un ambiente de respeto y cooperación. Algunas medidas son:
- Establecer normas claras en el aula: acordar reglas simples y recordarlas de ser necesario.
- Evitar las etiquetas: en lugar de llamar a un alumno 'desobediente', se debe describir la conducta que debe cambiar.
- Resolver conflictos con diálogo: escuchar a los niños y ayudarlos a encontrar soluciones.
- Reconocer los avances: hay que valorar el esfuerzo y las mejoras, no solo las calificaciones.
- Aplicar consecuencias educativas: si un alumno le hace algo al material común, tendría que participar en su reparación, sin humillarlo.
El maestro puede intervenir para detener las agresiones, escuchar a ambas partes y enseñarles a organizar turnos. El objetivo no es encontrar un culpable, sino ayudarles a resolver el conflicto y reparar el daño. Además, la comunicación entre familia y escuela es fundamental. Compartir acuerdos sobre las normas y las necesidades de los niños facilita una educación coherente.
En definitiva, tanto padres como maestros pueden utilizar la disciplina positiva para enseñar habilidades sociales y emocionales, mantener límites firmes y favorecer relaciones respetuosas. Por eso, tanto la educación en casa como en el aula deben ir de la mano para que la disciplina positiva sea efectiva. Por eso, acércate al profesor de tu hijo y logren los acuerdos necesarios.
Tips para acompañar a los niños durante un berrinche o rabieta

Las rabietas son frecuentes los primeros años de vida, más cuando los niños están aprendiendo a expresar sus necesidades y regular sus emociones. No siempre representan una desobediencia intencionada, ya que pueden aparecer por frustración, cansancio o dificultad para comunicar lo que sienten. ¿Qué hacer cuando tu hijo tiene una rabieta? Estas pautas pueden ayudarte:
- Mantén la calma. Habla en un tono tranquilo y no respondas con gritos o amenazas. Tu reacción influye en la intensidad del momento.
- Garantiza su seguridad. Si intenta golpearse o a otros e incluso si quiere lanzar objetos peligrosos, intervén con firmeza siempre.
- Reconoce sus emociones. Dile: 'Entiendo que estés enfadado porque querías seguir jugando'. Así validas lo que siente sin justificar su conducta inadecuada.
- Evita los sermones durante la rabieta. Cuando el niño está muy alterado, puede tener dificultades para escuchar explicaciones. Conversa con él cuando haya recuperado la calma.
- Mantén los límites. Si la norma era no comprar un juguete, no es necesario cambiarla para detener el llanto. Acompaña su frustración mientras mantienes la decisión.
- Habla después de lo ocurrido. Cuando esté tranquilo, ayúdalo a identificar su emoción y a pensar qué puede hacer la próxima vez.
Es importante prevenir las situaciones que desencadenen berrinches. Mantener rutinas, anticipar los cambios y ofrecer elecciones adecuadas para su edad sí que puede reducir algunas frustraciones. Si las rabietas son intensas, frecuentes, provocan lesiones o afectan a la vida cotidiana de todos, es mejor consultar con el pediatra para valorar qué apoyo necesita el niño.
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