4 ejemplos cotidianos del síndrome de la rana hervida en niños

Sin darnos cuenta, una mala conducta en los niños puede cronificarse, como en la analogía de la rana cocida

Gabriela Matienzo
Gabriela Matienzo Psicóloga infantil

¿Alguna vez has oído hablar del síndrome de la rana hervida? A veces, cuando dejamos pasar una circunstancia o conducta con nuestros hijos, puede acabar provocando consecuencias indeseadas en su forma de ser o comportarse. Y, lamentablemente, se trata de algo más habitual de lo que nos gustaría. A continuación vemos algunos ejemplos de situaciones en las que los niños son víctimas del síndrome de la rana hervida o cocida.

Qué es el síndrome de la rana hervida para los niños

El síndrome de la rana hervida en niños

El síndrome de la rana hervida hace referencia a una analogía que se usa para explicar lo que sucede cuando una situación o problema avanza de manera casi imperceptible y es gradualmente tan lento, que sus efectos negativos no son captados a corto plazo. Esta falta de conciencia genera que no haya reacciones inmediatas, de forma que la situación sigue creciendo y teniendo consecuencias que solo son percibidas a largo plazo, cuando es mucho más difícil revertir los daños que se han generado.

La premisa es que si se pone una rana en agua hirviendo, saltará inmediatamente, sin embargo, si se pone en agua tibia que se calienta lentamente, no percibirá el peligro y se cocerá hasta la muerte. Esta historia se usa para ilustrar la incapacidad o falta de voluntad que mostramos muchas veces para reaccionar a tiempo o ser conscientes del peligro que surge lentamente de ciertas situaciones y que dejamos llegar muy lejos.

Es por eso que como padres debemos estar muy pendientes de no permitir las situaciones de 'rana cocida' que se pueden presentar con nuestros hijos. A continuación hablamos de algunas de ellas.

Los niños pantalla o el uso prematuro y excesivo de celulares 

Los niños con adicción al móvil o táblet

A veces, la adicción o el uso excesivo (y prematuro) de las nuevas tecnologías puede hacer que los niños se conviertan en víctimas del síndrome de la rana hervida. Y es que es muy fácil que esta situación se salga de control fácilmente. Es un hecho que damos a los niños las tabletas y los celulares cada vez a una edad más temprana y conforme crecen sea más y más el tiempo que pasan frente a ellas perdiéndose de otros estímulos, de otros juegos, de otras experiencias...

Y después, cuando no logran encontrar satisfacción en ninguna otra cosa que no sea una pantalla, nos parece triste e inaceptable y empezamos a lidiar una batalla ya muy difícil de ganar. Porque si bien es cierto que podemos quitarles el celular o la táblet, no podemos generar en ellos tan fácilmente a esas alturas, las ganas de jugar con otras cosas, de usar su imaginación, de disfrutar un paseo al aire libre, una tarde de juegos de mesa, leer un cuento, etc.

Entonces, ¿qué podemos hacer para evitarlo? Aquí no hay fórmulas mágicas ni remedios maravilla, solo se trata de retrasar lo más posible el momento en que nuestros hijos tengan en sus manos un móvil, una táblet o una consola de juegos y una vez que lo hayan tenido y lo disfruten (porque tampoco se trata de evitarlo a toda costa) limitar el tiempo que pasan frente a ellos, aún a pesar de nuestra propia comodidad.

Llevarlos de paseo, darles materiales sencillos para jugar o hacer manualidades, leer un cuento divertido con ellos, sentarse juntos a jugar un juego de mesa, son todas actividades caseras que nos toca fomentar en ellos para evitar después que sea muy tarde.

Cuando los niños son inconformes y exigentes

Así es el síndrome de la rana hervida en niños

Esos niños que parece que nunca están satisfechos, que siempre quieren más, que nada les entusiasma, nada parece llenar sus expectativas... Ninguno de estos niños llegaron a ese punto de la nada.

El agua se fue calentando cuando nosotros como padres accedimos a todos sus deseos, cuando no les dejamos frustrarse por nada, cuando llegamos con el juguete más nuevo antes de que hayan disfrutado el anterior, cuando les llenamos de tantos estímulos que ninguno parece ser atractivo, cuando cedemos ante el más mínimo capricho y luego acabamos preguntándonos por qué tienen esa personalidad tan demandante y por qué nada parece llenarles.

¿Cómo lo evitamos? Debemos evitar llegar a este punto estando conscientes de que para que nuestros hijos tengan tolerancia a la frustración y aprendan a disfrutar de las cosas, debemos dejarles frustrarse, quedarse con ganas de algo, esperar para recibir lo que desean, esforzarse para ganar algo y dejarlos probar y agotar una experiencia antes de brincar a la siguiente.

Niños retadores, ejemplo del síndrome de la rana cocida

Cuando los niños son retadores

Aquí el agua empieza a subir la temperatura desde que son muy pequeños y fallamos en establecer los límites.

Por ejemplo, cuando por evitar una pataleta les damos lo que desean, aunque no lo hayan pedido de la mejor manera; cuando les permitimos faltas de respeto importantes porque estamos de buen humor o por evitar una escena; cuando dejamos pasar sin ninguna consecuencia que nos griten, sean groseros o hirientes con nosotros o con otros...

Si fallamos en establecer límites y consecuencias claras, así como en dejarles claro desde pequeños qué conductas son aceptables y cuáles no, no podemos esperar que crezcan desarrollando habilidades de adaptabilidad, flexibilidad y buenas maneras.

Por ello nos preguntamos, ¿cómo podemos evitar este ejemplo del síndrome de la rana hervida? Primero que nada, debemos ser un modelo para ellos en cuanto a lo que es aceptable y lo que no, después mantenernos siempre consistentes y firmes ante las conductas que no lo son y por último aplicar consecuencias relacionadas con la reparación del daño, así como aprender a ofrecer disculpas; no hay más.

Cómo evitar que los niños sean hirientes o agresivos

Conducta agresiva en niños por síndrome de la rana cocida

Se trata de los niños poco empáticos, que desarrollan patrones de agresividad verbal o física ante quienes consideran inferiores.

En nuestro deseo de alimentar en ellos el empuje y la fuerza de carácter podemos favorecer en ellos actitudes muy competitivas y formas de desestimar la capacidad y la valía de los otros, desarrollando pautas de conducta que los hacen ser groseros, burlones y descalificadores como estrategia para sobresalir.

Entonces, ¿cómo evitarlo? Desde que son muy pequeños debemos estar atentos a las señales y a la forma en que se relacionan con los demás; enseñarles a respetar a los otros, a entender las diferencias y a apreciarlas. Enseñarles a disfrutar el juego más allá del resultado, a competir con ellos mismos y a reconocer sus capacidades, pero también las de los que los rodean.

Si los sorprendemos descalificando, burlándose o haciendo comentarios negativos sobre cualquier persona es una conducta que no podemos dejar pasar. Es importante hacerles saber que es inaceptable y ayudarles a través de anécdotas, cuentos, historias y películas a desarrollar empatía, solidaridad y generosidad como valores fundamentales para la socialización y para su formación como seres humanos.

Como vemos hay muchas situaciones que pueden de a poco, gradualmente, sin que nos demos cuenta escalar a puntos muy complicados y difíciles de manejar que solo traerán infelicidad e insatisfacción a nuestros hijos; mantengámonos atentos a descubrirlas y a actuar a tiempo.

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