Inteligencia emocional para niños - Las primeras 12 emociones a trabajar

Emociones básicas y sentimientos más complejos que son frecuentes en tus hijos

El manejo emocional es uno de los retos más grandes durante la infancia, pues los niños no entienden por qué se disparan algunos sentimientos en ciertas situaciones. Sin embargo, existen herramientas muy efectivas para gestionar las emociones en la niñez, pero para lograr eso primero hay qué saber cuáles son las predominantes en esta etapa. Si queremos promover la inteligencia emocional de nuestros hijos, debemos comenzar a trabajar las emociones más cotidianas. A continuación hablamos de las primeras 12 emociones por las que empezar a trabajar la educación emocional de los niños.

¿Por qué trabajar la inteligencia emocional de los niños?

Cómo trabajar la inteligencia emocional de los niños

Es importante educar a los hijos a gestionar sus emociones, debido a que nadie nace teniendo inteligencia emocional. A pesar de que los niños las sienten, aún no han desarrollado su dimensión cognitiva. Desde la primera infancia, podemos ir proponiendo pequeños juegos o situaciones con las que ir explicando a nuestros hijos cómo se llaman cada una de las emociones que sienten. Una vez que consiguen identificarlas, podemos irles, poco a poco, ofreciendo diferentes herramientas para gestionarlas.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que el estado emocional también es aprendido y contagioso. Tanto en el caso de las madres traspasando sus emociones a los bebés, estando embarazadas, como durante en la infancia, donde los padres pueden calmar a sus hijos transmitiéndoles tranquilidad y asertividad.

12 emociones básicas que necesitas trabajar con tu hijo

Cuáles son las emociones básicas de los niños

Estas son las emociones más frecuentes en la niñez y, por tanto, las primeras 12 emociones que podemos empezar a trabajar para ir formando una buena inteligencia emocional para nuestros hijos e hijas. Comenzamos analizando algunas de las emociones básicas más destacables para los niños.

1. La emoción primaria de la alegría

Esta se produce ante una situación favorable y debido a que podemos compartir la alegría, es la emoción que más favorece la comunicación y expresión interpersonal. Los niños que abrazan la alegría son capaces de disfrutar la vida, tener una actitud positiva y celebrar los logros.

Aunque también hay que enseñarles a diferenciar entre 'reírse con' y 'reírse de', en los casos en que está mal burlarse de alguna persona. O evitar exaltarse cuando el momento no es el adecuado, por ejemplo en un funeral, en una situación de enfermedad, etc.

2. Educar en el amor a los niños

El amor representa la seguridad durante la infancia, porque los niños se atreven a retarse a sí mismos, a experimentar, buscar soluciones a sus problemas e intentar cosas nuevas. Gracias a que los niños cuentan con la guía de sus padres, a partir del desarrollo del apego seguro libre de juicios, los niños se sienten libres, seguros y capaces.

Por tanto, cuando un niño crece sin amor, lo buscará y recibirá de cualquier manera, así sea dañina. Crecerán siendo personas inseguras, interesadas, autoritarias, dependientes del cariño de otros, buscarán llamar la atención y tendrán un gran miedo a ser rechazadas.

3. Inteligencia emocional para gestionar la tristeza

La tristeza en los niños viene desde la decepción, el sentir una falta de cariño o ante un cambio poco favorable. Es una emoción que es necesaria sentir para saber que algo debe solucionarse o mejorar, con la ayuda del consuelo y ánimo de los padres.

Aunque no nos guste ver tristes a nuestros hijos, no podemos olvidar que esta emoción básica también les está procurando un importante aprendizaje. La tristeza nos ayuda a reflexionar, a apreciar las cosas positivas de la vida, a crear vínculos afectivos profundos y da paso a la creatividad.

Las emociones básicas de los niños

4. Qué podemos aprender del enfado, la ira y la rabia

Surge cuando existe un impedimento para alcanzar nuestros deseos o cuando alguien nos hace daño. El enfado, la rabia, la ira... Todas ellas son la emoción que genera más energía y explota con facilidad, llegando a la agresión, razón por la cual los niños se enfadan con más intensidad.

Los padres deben ayudar a los niños a prevenir la ira, reconociendo los momentos en donde más crece su enfado y liberarlo mediante distracción, hacer una acción física y evitarlo verbalizando lo que siente y piensa y meditando o respirando.

5. La emoción del miedo infantil

El miedo infantil surge de una amenaza real o imaginaria. Existen miedos que son heredados para protegernos y existen miedos aprendidos o contagiados por los padres. Cada edad tiene su miedo, tanto en la niñez y la adultez, el mensaje a entregar a los pequeños es que la valentía no es dejar de tener miedo, sino enfrentarlos.

Es importante que nuestros hijos se sientan acompañados en sus miedos, pues de esta forma podrán atreverse a aceptarlos y gestionarlos. Por ello, frases como 'no pasa nada' o 'tener miedo de eso es una tontería' no son de gran ayuda; están invalidando la emoción del miedo y, por tanto, no permiten el desarrollo de la inteligencia emocional.

6. Emociones básicas para los niños: la sorpresa

El asombro ocurre como una respuesta espontánea ante un evento imprevisto, es una 'emoción neutra' porque a veces nos puede generar un estado emocional agradable, pero en otras ocasiones las sorpresas pueden ser desagradables. Los niños tienden a sorprenderse con más frecuencia porque todo es nuevo para ellos y eso estimula su curiosidad, buscando información para saber más de ello.

Otras emociones que los niños deben aprender a gestionar

Las emociones secundarias para los niños

Las emociones secundarias o emociones complejas son aquellas que producen una mezcla de emociones básicas. Por ejemplo, cuando un niño siente frustración, está sintiendo ira y tristeza al mismo tiempo. Igual que cuando siente celos, se unen el miedo a perder algo y la tristeza, así como el enfado. Vamos a ver algunas de las emociones secundarias que también debemos trabajar con nuestros niños para que tengan una mayor inteligencia emocional.

7. Niños con baja tolerancia a la frustración

Es sin duda una de las emociones más desagradables e incómodas, pero muy comunes durante toda la vida. La frustración surge cuando no logramos algo que deseamos, sea por cualquier razón. Nunca se puede evitar durante la niñez, pero sí se puede gestionar cuando enseñamos que no se puede tener el control de todo y hay que aceptarlas; hay que tolerar la frustración.

También hay que enseñarles a los niños a diferenciar entre necesidad (que es algo para resolver de inmediato) y deseo (que deben esperar para tenerlo). Aprendiendo a esperar y negociar con ellos, brindándoles alternativas para que, poco a poco, tengan mejor tolerancia a la frustración y, por tanto, más inteligencia emocional.

8. El aburrimiento de los niños

El aburrimiento es una emoción doble, ya que puede impedir el aprendizaje pero también despierta nuestra creatividad para buscar algo mejor. Una excelente forma de derrotar el aburrimiento es invitar a los pequeños a que busquen algo que hacer. Hay que tener cuidado en sobrecargar a los niños con demasiadas actividades para 'que no se aburran', porque no les permite ser ingeniosos por su cuenta. No olvidemos que el aburrimiento es la chispa de la creatividad.

9. Aprender a gestionar los celos infantiles

En la infancia, los celos aparecen al percibir una posible pérdida del amor de un ser querido por aparecer una tercera persona, generando envidia. Los celos generan sufrimientos en los niños, porque se asocia con el miedo y se percibe en los retrocesos del desarrollo infantil. Si hablamos, por ejemplo, de celos hacia un hermano, la forma en que se superan los celos es involucrando más a los niños, asegurarles que seguirán teniendo su espacio, porque nadie va a robarlo y reforzar su autoestima.

Educación emocional para los niños

10. Niños que tienen vergüenza

La vergüenza una emoción social y aprendida. Aparece cuando notamos que hay algo negativo en nosotros o los demás evalúan lo que hacemos como algo malo. Los niños con timidez son más sensibles a exponerse en público porque creen que no son capaces de estar a la altura de una acción. Por ello hay que enseñar a los niños que, aunque no puedan hacer algo hoy, mañana es posible que lo hagan.

11. Emociones secundarias: la culpa

La culpa es una emoción social, moral y aprendida. Aparece cuando no se cumplen ciertas pautas de conductas interiorizadas que tiene el niño, las cuales tienen que ver con transgredir una norma que lastima a otros. La culpa enseña a los niños sobre responsabilidad y asumir consecuencias cuando cometen un acto negativo, siempre y cuando dicha acción dependa de él y no de los demás.

12. El orgullo es otra emoción que sienten los niños

Tiene que ver con la emoción que se experimenta al conseguir algo deseado o valioso. El orgullo puede ser un alimento emocional que nos lleve a celebrar victorias, aumentar nuestra confianza y esfuerzo. Por otro lado, se utiliza para buscar validación por parte de los demás, al presumir lo que se tiene e incluso despreciar a quiénes poseen poco. Lo que trae como consecuencia el aislamiento y el rechazo social.

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