La culpa en la educación de los niños. Qué aprenden de esta emoción

Por qué no hay que abusar en la culpa pero tampoco quitarla importancia

Begoña Ibarrola

La culpa, al igual que la vergüenza, es una emoción social y moral. Es una emoción secundaria, que se aprende en entornos sociales. Aparece cuando algunas de las pautas de conducta que el niño ya tiene interiorizadas no se cumplen. Por ejemplo, si le decimos a nuestro hijo que no es bueno pegar y él pega a alguien es normal que se siente culpable. Entonces, ¿es bueno o malo educar en la culpa a los niños? ¿qué pueden aprender nuestros hijos de la culpa?

No hay que abusar ni quitar la culpa a los niños

el sentimiento de culpa en los niños

La culpabilidad tiene mucho que ver con transgredir una norma que hace daño a otro. Así como la vergüenza no hace daño a nadie, en la culpa sí. ¿Qué pasa en general con la culpa y el sentimiento de culpabilidad a la hora de educar a un niño? Si se abusa de la culpa, lo único que conseguimos es inhibir una conducta.

Por otro lado, quitar la culpa tampoco es bueno, porque si un niño ha hecho daño a otro es bueno que sienta culpa, y es que en determinadas circunstancias esta emoción va asociada a la responsabilidad. Tú has sido responsable de eso que ha pasado, está bien que te sientas culpable. En este punto es importante destacar que hay tres elementos que hay que diferenciar en la culpa: 

- Si se es responsable del daño hecho. Tú has hecho algo y estas son las consecuencias de ello.

- Si lo que ha ocurrido no dependía de ti, por ejemplo, sentirse culpable porque mis padres se divorcien.

- Si se intenta echar la culpa a otro, por ejemplo, un niño pega a su hermana porque no hace lo que él quiere. ¿Quién es el responsable aquí?

Trabajando con esos tres elementos, podemos educar muy bien en la culpa. No quitándola, pero tampoco abusando de ella para restringir la libertad de conducta y obligar a las personas que hagan algo por presión.

Cómo gestionan la culpa infantil padres y profesores

culpa de los padres con los hijos

Aquí lanzamos una pregunta con la que los padres deben pararse unos minutos a pensar: ¿cuántas veces le hemos echado la culpa a nuestro hijo de una expectativa que nosotros hemos depositado en él y no se ha cumplido? Hay padres que hacen responsable a su hijo de que no está teniendo un buen rendimiento escolar y ellos están 'haciendo' todo lo que está en sus manos por la educación de su hijo, por ejemplo, pagando un colegio carísimo.

Las consecuencias para el niño de esta reacción de sus progenitores pueden ser fatales y, sobre todo, pueden conseguir el efecto contrario: fracaso escolar. Los padres no tienen que culpabilizar al niño de nada, pero sí preguntarse qué le puede estar pasando a su hijo que no está teniendo buenos resultados ¡Él no tiene la culpa! Si estudia y no aprueba, ¡es que algo le pasa! Y tenemos que ayudarle, no agobiarle.

Este tipo de actitudes también se dan dentro del aula. Los profesores, por ejemplo, culpan a veces como método para modificar conductas. 'Pues ahora te quedas castigado porque...' Y no atienen a discursos de 'Yo no he sido', 'Yo no soy responsable' o 'Esto lo ha provocado otro compañero'. Hay una responsabilidad asociada a la culpa y tú tienes que castigar o marcar consecuencias a la persona que tenga esa responsabilidad, no a otra.

Un ejemplo muy claro: a veces, en los grupos, ¿a quién se castiga primero? Al que se pilla empujando a otro, pero a lo mejor este comportamiento es una respuesta o mejor dicho reacción a otro compañero que le ha empujado más fuerte todavía.

Una forma que pueden tener los padres y profesores de trabajar esa emoción es a través de los cuentos, como este titulado 'Tú tienes la culpa de todo', ilustrado por José Luis Navarro y editado por SM.

La ardilla Saltarina vivía en un nido hecho con ramas y trozos de tela que sus padres habían recogido por aquí y por allá. Cuando sus padres se fueron, la dejaron con su hermana Brincapinos que, al ser mayor, podía cuidarla bien. Pero Saltarina era muy desagradable con ella, no valoraba sus gestos amables, nada de lo que hacía le parecía bien, y lo que era aún peor, le echaba a ella la culpa de todo lo que le pasaba. Hasta que un día Brincapinos decide darle una lección que nunca olvidará.
 
En el libro 'Cuentos para sentir: educar emociones', editado por SM, hay también un capítulo dedicado a la culpa, con cinco cuentos, sin ilustrar pero con preguntas, que muestran diferentes aspectos de esta emoción tan compleja.

Cuando un niño no se siente nunca culpable

no sentirse culpable

Hay que entender que la culpa tiene su presencia en nuestra sociedad y es un regulador conductual muy importante, pero no se debe abusar y, por supuesto, menos aún, ser injusto. Los padres tienen aquí una importante tarea: tienen que relajarse y hacerles ver a sus hijos la diferencia entre la culpa unida a la responsabilidad o la culpa sentida.

Si tu retoño no se siente culpable por nada de lo que hace, ¡es muy negativo! Si trata mal a los demás y no se siente culpable, está teniendo una falta de empatía tremenda. Detrás de esta reacción, puede haber una conducta cruel.

La culpa lo que nos hace es que nos digamos a nosotros mismos: 'Esto no lo voy a volver a hacer'. El arrepentimiento es lo que viene después de la culpa. Si no trabajamos el arrepentimiento o el pedir perdón sentido, no estamos haciendo un trabajo completo sobre la culpa.

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