Lo que puede ocurrir si no alimentas a tu bebé con leche materna o de fórmula

El error de introducir alimentos que no es leche en la dieta del bebé lactante

Carlota Reviriego
Carlota Reviriego Nutricionista

La leche materna es la leche que la naturaleza ha ideado para que los mamíferos alimenten a sus crías recién nacidas, convirtiéndose en el único alimento que, en exclusiva, puede proporcionar a un ser humano todos los nutrientes que necesita.

En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que, durante los primeros seis meses de vida, el lactante reciba únicamente la leche de su madre –o en su defecto la leche de formula correspondiente. Esta leche de fórmula es leche de vaca (o leches vegetales para los casos de bebés con alergias) adaptada para conseguir acercarse lo máximo posible a la composición de la leche materna. Esto es lo que puede ocurrir si no alimentas a tu bebé con leche materna.

Peligros de no alimentar al bebé con leche materna

Dar al bebé leche no materna

El contenido en macro y micronutrientes de la leche materna se encuentra en la proporción idónea para el desarrollo óptimo del bebé, teniendo en cuenta que su aparato digestivo y sistema inmunitario no han alcanzado aún la madurez. Estos nutrientes son prácticamente absorbidos por el organismo del lactante en su totalidad siendo su digestión fácil y rápida, de manera que los lactantes generan muy pocos residuos.

La alimentación con leches de fórmula, a pesar de estar éstas adaptadas de la mejor manera posible, duplica la dificultad del proceso de digestión, aumentando la probabilidad de cólicos. Esta complicación se eleva al máximo si se alimenta al bebé con leches no adaptadas, pudiendo dañar seriamente el tracto gastrointestinal.

La leche de vaca no adaptada, así como las bebidas vegetales de soja, arroz o avena, aportan cantidades de proteína más elevadas y perfiles proteicos más difíciles de asimilar por el bebé. Estas cantidades de proteína –y de minerales, en cantidades aproximadamente 4 veces superiores en la leche de vaca que en la leche materna- están muy por encima de las que los riñones del bebé están preparados para filtrar, por lo que es fácil que se saturen al trabajar muy por encima de sus posibilidades.

Este daño en el sistema renal puede ser permanente, dependiendo de la asiduidad con la que el bebé se alimente con estas leches, y de su edad. Por el contrario, estas leches carecen de proteínas de gran importancia, como la lactoferrina, involucrada en la mejora de la absorción del hierro.

Adicionalmente, las grasas presentes en las leches no adaptadas son muy diferentes a los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, concretamente ácidos araquidónico y docosahexanoico presentes en la leche materna. Estos ácidos grasos esenciales, así como los oligosacáridos que la leche materna contiene, son fundamentales para desarrollo del sistema nervioso central y en particular del cerebro, por lo que puede producirse un daño cerebral severo alimentando al niño con leches no adaptadas.

También el colesterol, presente en la leche materna en cantidades superiores a la leche de vaca y ausente en las leches vegetales, es de vital importancia para fabricar la pared de las células, las sales biliares así como muchas hormonas, interfiriendo en el crecimiento del lactante si éste se alimenta con leches no adaptadas.