Cómo manejar el sobrepeso en la adolescencia

Cómo lidiar con la obesidad en el adolescente.

Con la llegada de la adolescencia, la opinión de los padres puede convertirse en un arma de doble filo, y los consejos pueden tener tanto el efecto deseado como el completamente opuesto de manera un tanto impredecible. La manera en que el adolescente recibe y procesa las palabras de sus padres en referencia a lo que debe o no comer, por ejemplo, depende en gran medida de la opinión que tenga de sí mismo, y, lamentablemente, a veces es difícil saber a ciencia cierta cuál es.

Mientras que la obesidad o el sobrepeso son fáciles de detectar, otros trastornos como la anorexia nerviosa o la bulimia no lo son tanto. Para complicar aún más la situación, la línea entre ambos extremos es muy fácil de cruzar y el paso de obesidad a la bulimia ocurre con más frecuencia de la que nos gustaría. En Guiainfantil.com te damos unas útiles pautas para manejar el sobrepeso en la adolescencia.

Sobrepeso en la adolescencia: cómo ayudar a los hijos

Sobrepeso en la adolescencia

El adolescente con sobrepeso comienza a tener conciencia de su cuerpo y de su peso con más decisión que durante la infancia, lo cual puede inclinar la balanza hacia varios puntos:

- Se preocupa y desea perder peso con serenidad, comenzando a cuidar su alimentación y a cambiar sus costumbres.

- Se ofusca en perder peso, lo quiere hacer a una velocidad que no es sana, evitando comer o haciendo dietas extremas, y puede estar en riesgo de cruzar la línea hacia trastornos alimenticios como la anorexia o la bulimia.

- Se deprime por su aspecto físico y se refugia en sí mismo y en la comida, aumentando el riesgo de pasar del sobrepeso en la adolescencia a la obesidad o de cambiar de tercio hacia los trastornos alimenticios.

En cualquier caso, nuestra labor es intentar ayudar al adolescente, ofreciendo a nuestro hijo herramientas y opciones para que cambie sus hábitos alimentarios y su estilo de vida de manera progresiva.

- El ejemplo es primordial desde la infancia. Si el niño crece en un ambiente en el que priman los hábitos de vida saludables, su tendencia será seguirlos. Sin embargo, si llegados a este punto esto no ha sido lo habitual, pueden incorporarse cambios paulatinos, como fomentar el ejercicio en familia (paseos, bicicleta…), establecer el día del desayuno o de la cena saludable (para hacerlo diario poco a poco) o disminuir el tamaño de las porciones con más grasa en favor de otras más saludables.

- Ofrecer comidas equilibradas y no excesivamente calóricas, tratando de que el plato contenga siempre una buena porción de alimentos que sean saciantes (tomate, lechuga, frutas con gran cantidad de agua, legumbres…).

- Intentar mantener unos horarios para que no tenga necesidad de picar entre horas. Además, evitar las comidas copiosas y tratar de que la cena no sea inmediatamente antes de acostarse.

- Evitar tener zumos y refrescos al alcance, muy populares entre adolescentes, ya que su contenido en azúcar es muy elevado. Por el contrario, el agua no engorda y ayuda a que el metabolismo funcione sin problemas. De esta manera se limita la ingesta calórica bastante.