¿Hay que dejar ganar a los niños en los juegos para evitar su frustración?

Enseñar a los niños a ganar y a perder

A ningún niño le gusta perder cuando juega, lo sabemos bien. Los hemos visto llorar, tirarlo todo por el suelo, escupir, hacer trampas o irse enfadados a su habitación. Por este motivo y con la mejor de las intenciones muchos padres, al jugar con nuestros hijos, hemos tenido la tentación de dejarles ganar para evitar que se frustren al perder.

¿Pero es adecuado evitar esta frustración que, en definitiva, forma parte del aprendizaje que todos los niños deben asumir en algún momento de sus vidas? La respuesta es un rotundo no y lo explicamos a continuación.

Por qué no debemos dejar ganar a los niños en los juegos para evitar su frustración

Dejar ganar a los hijos: sí o no 

Probablemente todos -abuelos, padres y otros educadores- en más de una ocasión hemos dejado que nuestros pequeños nos ganen para evitar que sientan esa desagradable sensación de frustración que nos invade al perder. Pero ¡cuidado! Esta estrategia sobreprotectora que inicialmente favorece al niño a la larga juega en su contra hasta tal punto que les puede llegar a convertir en pequeños tiranos que no asumen un fracaso o un no por respuesta.  

Los niños deben aprender que unas veces se gana y otras se pierde. Este aprendizaje solo se produce a través de la propia experiencia mediante la aceptación de las victorias y derrotas que vamos acumulando. Así y por más que nos duela ver el disgusto en sus caras cuando pierden debemos tener en cuenta que para un buen desarrollo personal, emocional y social hay que aprender también a aceptar las frustraciones y entender que no siempre las cosas salen como uno desea. La capacidad de aceptar las derrotas o las victorias de los demás es un signo de madurez. 

No es menos cierto que durante los primeros cinco años, por lo general, los niños quieren ser siempre los primeros y ganar a toda costa en todos los juegos. Es algo principalmente evolutivo y característico de la etapa en la que se encuentran, una fase principalmente dominada por el pensamiento egocéntrico y de la satisfacción inmediata de sus necesidades por su poca capacidad de retrasar la gratificación. No obstante, es precisamente en esta etapa en la que debemos ir enseñando que no siempre se puede ganar. Sin ser excesivamente duros ni estrictos es importante enseñarles a aceptar la frustración que supone una derrota.

¿Qué podemos hacer los padres?

- Principalmente debemos evitar transmitir o inculcar a los niños que todo juego es una competición en la que debemos ganar para ser el mejor. El mensaje a trasladar es precisamente el contrario, jugamos para divertirnos, para aprender, para entretenernos y pasar un buen rato. No debemos enfadarnos al perder, el otro también tiene derecho a ganar. 

- Del mismo modo debemos controlar nuestras reacciones, tanto en las victorias como en las derrotas. Los niños aprenden por imitación y los padres somos sus principales referentes y modelos a seguir. 

- Igualmente importante es enseñarles las consecuencias a sus reacciones excesivas al perder, poniendo límites a su enfado. Si es necesario se para y se guarda el juego hasta la próxima ocasión en la que esté más tranquilo y dispuesto a jugar para divertirse.