El ratón listo y el águila avariciosa. Fábula de los Andes para niños

Cuento corto de latinoamérica con moraleja para leer a nuestro hijo

Estefanía Esteban

Aquí tienes una excelente fábula originaria de los Andes, que habla a los niños de la importancia de no dejarse guiar por la avaricia y el cómo a menudo es mejor usar la inteligencia y la astucia antes que la fuerza. 

Gran moraleja la de esta fábula de 'El ratón listo y el águila avariciosa', basada en el popular refrán: 'Más vale pájaro en mano que ciento volando', y en esta otra. 'Más vale maña que fuerza'. Descubre junto a tu hijo por qué es mejor ser inteligente que fuerte.

El ratón listo y el águila avariciosa, una fábula latinoamericana para niños

El ratón inteligente y el águila avariciosa

Había una vez un águila que vivía en uno de los picos más altos de los Andes. Desde allí, planeaba cada día en busca de alimento. Tenía una vista y unos reflejos extraordinarios, y no había presa que se le escapara.

Un día, en uno de sus vuelos, descubrió un pequeño ratón que no paraba de moverse de uno a otro lado. Lleno de curiosidad, no se lo pensó dos veces, y se plantó a su lado. Entonces, le preguntó:

- Perdona, ratón, ¿se puede saber qué haces? He visto desde lo alto cómo te mueves. ¡No paras quieto ni un segundo! 

El ratón, que se asustó mucho, intentó aparentar tranquilidad, aunque estaba lleno de pánico:

- Nada, nada- le dijo lo más tranquilo que pudo- Solo busco comida para mis hijitos. 

El águila no se ablandó nada al escuchar aquello. Es más, comenzaba a tener hambre, y no le importaba lo más mínimo que el ratón tuviera hijitos. Así que le tuvo que dar al ratón la terrible noticia:

- Pues lo siento mucho, pero tengo mucho hambre, y voy a tener que comerte.

El ratón entonces comenzó a pensar y a pensar. No podía vencer al águila porque él era muy pequeña. Tampoco escapar, porque no era tan rápido como ella. Así que pensó en usar el ingenio:

- ¡Espera! Te ofrezco un trato: si no me comes, te daré a mis 8 hijos.

El águila pensó... Desde luego, era una oferta suculenta: mucho mejor ocho ratoncitos que uno solo. Le pareció muy interesante, y aceptó. 

- ¡Perfecto!- contestó el águila. Acepto tu oferta. Llévame hasta ellos. 

El ratoncito le guió hasta su madriguera, pero cuando llegó, le dijo:

- Espera aquí, águila, porque no cabes en la madriguera. Entraré a decirles que salgan... - Y el ratoncito entró y desapareció de su vista.

El tiempo pasaba y pasaba y el águila se impacientaba:

- ¡Venga, ratón, sal ya, que no tengo todo el día! 

Y fue entonces cuando el águila comenzó a entender que el ratón se había burlado de él. Es más: al mirar por el agujero, vio un complejo entramado de galerías muy estrechas, comunicadas entre sí. ¡Era imposible adivinar por dónde había ido el ratón!

Y así fue cómo el águila, cegado por la avaricia, se quedó sin nada y cómo el ratón, gracias a su astucia, consiguió escapar de las garras del águila.

Preguntas para comprobar si el niño entendió la moraleja

Con estas preguntas, puedes ayudar a tu hijo a mejorar la comprensión lectora y entender el mensaje de esta fábula. Ayúdale a recapacitar sobre lo que caba de leer o escuchar. Puedes utilizar estas preguntas para reflexionar junto a él sobre la moraleja de la fábula:

1. ¿Por qué estaba moviéndose el ratón tan deprisa?

2. ¿Qué trato le ofreció el ratón al águila para que no le comiera?

3. ¿Qué hizo el ratón al llegar a su madriguera?

4. ¿Por qué se quedó el águila sin comida ese día?