Cómo limita la diabetes la vida del niño

Aprender a vivir con la diabetes en la infancia

¿Cómo limita la diabetes la vida del niño? La respuesta más sencilla a esta compleja pregunta sería: “En nada”. Sin embargo, no hay dos niños iguales ni dos diabetes similares, por lo que no debemos plantearnos cómo ni cuánto limita la diabetes la vida del niño, sino ¿qué tal lleva ese niño la diabetes con la que le ha tocado convivir? Porque hablamos de una enfermedad crónica, de momento, y con las enfermedades crónicas no se vive, se convive.

Cosas que deben saber los padres de niños diabéticos

¿Limita la diabetes la vida del niño?

El axioma fundamental es que la vida del diabético no es ni debe ser diferente a la del no diabético. El problema es que hay demasiados matices que hacen o pueden hacer que esta máxima fluctúe. Por ejemplo, no es lo mismo que el diabético debute con 6 meses a que lo haga con 14 años. El bebé diabético sí tendrá una vida algo diferente, sobre todo sus padres:

- Nadie le podrá explicar por qué papá y mamá le pinchan varias veces al día con una aguja o con una lanceta y le hacen daño: “Por favor, queridos padres, ¿se puede saber cuántas vacunas me tocan a mí?”.

- Si la insulina ya está puesta, escupir el puré se convierte en algo más que un evento propio de la infancia, pues el riesgo de la hipoglucemia se asoma en el horizonte como una nube negra, que tarde o temprano, llegará.

- Mínimos cambios en la dosis de insulina, incluso modificaciones inferiores a 0,1 UI, pueden suponer grandes variaciones en las glucemias.

- El ejercicio físico no es una opción plausible para disminuir la hiperglucemia.

- A la difícil carrera de ser padres, se suma un Máster en cálculo, reglas de tres, hidratos de carbono y unidades de insulina que, además, solo se aprueba tras haber suspendido previamente en más de una ocasión.

¿Limita la diabetes la vida del niño?

El niño, entendido como etapa de transición entre las primeras conversaciones con cierto uso de la razón y la llegada de la adolescencia, tendrá una vida bastante normal:

- Habrá que explicarle qué es lo que no debe comer en el colegio pues, aunque los maestros estén informados, los platos los carga el diablo. No todo lo light sabe a light, ni todo lo que se marca “sin azúcar” es de consumo libre. Desde la más tierna infancia, hay que conocer las diferencias entre proteínas, grasas e hidratos de carbono.

- Habrá que hacerle comprender que no es diferente al resto por tener que rechazar los gusanitos y los caramelos procedentes de los aniversarios de sus compañeros de clase. Tampoco estaría mal hablar con otros padres para explicarles que cumpleaños no es sinónimo de chuchería. ¿Llegará el día en el que las fiestas se celebren con zumo de naranja natural?

- Con el paso de los años, y de forma muy recomendable antes de llegar a la adolescencia, habrá que revelar que la diabetes no la tienen papá y mamá, sino que es del niño. El autocontrol, en casi todos los ámbitos de la vida, es la base del tratamiento de la diabetes. No hay mejor endocrinólogo que el propio diabético, pero esta no es más que otra de esas sentencias formidables que cuesta mucho conseguir.

- Uno de los principales problemas de los niños diabéticos es la sobreprotección por parte de sus padres. Es algo entendible, pero hay que ir dejándonos volar igual que al resto, por su propio bien. Solo son diabéticos; sus huesos no son de cristal.

La diabetes en la adolescencia

El adolescente, entendido como etapa de transición entre la ingenuidad de la infancia y el aterrizaje de la lucidez en las neuronas (y aceptando que dicho periodo puede prolongarse mucho más allá de los 30 años en algunas personas), debe tener una vida exactamente igual que el no diabético, aunque:

- La autocomplaciente frase: “total, por un día no pasa nada”, debe ser utilizada de una forma juiciosa.

- El alcohol es una droga de venta libre y demasiado aceptada en nuestra sociedad. No le prohíba a su hijo beber. Explíquele cómo disfrutar de un buen vino o una buena cerveza, y cómo afectarán los líquidos espirituosos a sus glucemias.

- Dele un poco de margen. Habrá días buenos y días malos. No le persiga en búsqueda de un control estricto de los niveles de glucosa en sangre. Durante la “aborrescencia”, la insistencia en buscar una determinada meta puede conseguir justo el efecto contrario. Posicione bien a sus hijos en la casilla de salida y oriéntelos durante el camino. Hay piedras con las que conviene tropezar para poder aprender.

Cómo puede limitar la diabetes al niño

En general, ¿de qué otros aspectos dependerá que un diabético limite o no su vida?:

- De la aceptación de la enfermedad. Se trata de ese típico compañero de viaje que nadie ha pedido, pero que te imponen. Habrá que aprender a convivir con él. En caso contrario, nuestro viaje será un auténtico infierno, con independencia de la edad.

- De la actitud ante la vida. El control de la diabetes no será siempre perfecto, pues la enfermedad va cambiando con el paso del tiempo. De cada error hay que buscar un aprendizaje. De nada sirven el pesimismo, la autocomplacencia ni el pasotismo. “¿Para qué?, si da lo mismo” solo vale como respuesta del número “e” elevado a X cuando le pedimos que se integre. El resto, diabéticos y no diabéticos, debemos buscar siempre la solución a nuestros problemas del día a día.

- De vivir “con tu diabetes” y no “para tu diabetes”. Tener el convencimiento de que, además de diabético, eres una persona. 

En resumen, puedo cerrar el artículo igual que comenzó: la diabetes no limita en absoluto la vida del niño; o matizarlo antes de terminar: la diabetes limita tu vida, tanto como tú mismo desees. Si aún eres demasiado pequeño para poder leer estas letras, seguro que tu vida sí es algo diferente, pero no te preocupes; en un futuro próximo, si tú quieres, ya no lo será. 

Habrá quien lea todo esto y piense: “Mira el doctor, que fácil es escribir. Tendría que vivirlo para saber lo mal que se pasa con esto de la diabetes”. Si este es su caso, prepárese para poner la cara de Luke Skywalker cuando, entre las nubes de Bespin, descubrió quién era su verdadero padre. Yo, soy diabético.