Mitos sobre los zapatos y los pies de los niños

Consejos de los podólogos sobre los zapatos que deben llevar los niños

Patricia Fernández
Patricia Fernández Redactora en Guiainfantil.com

Nunca he recibido tantos consejos de mi madre como en lo referente a los zapatos de mis hijas: los zapatos siempre de piel, que no anden descalzas, las zapatillas de deporte les van a deformar el pie...

Es curioso como estos mitos se han ido transmitiendo de generación en generación, así que ya es hora de romper algunos de ellos.

¡Vamos a romper mitos sobre los zapatos y los pies de los niños!

Rompiendo mitos sobre los pies de los niños y los zapatos

Mitos sobre los zapatos y los pies de los niños

Desde la época de mi abuela he tenido que escuchar decenas de consejos sobre los zapatos que debo de comprarles para que aprendan a andar correctamente, sin embargo, cuando acudía a la zapatería la dependienta me aconsejaba todo lo contrario, mientras que las otras madres tenían opiniones de lo más diversas.

Vamos a desmentir ciertos mitos en lo que se refiere a los pies de los niños y a los zapatos que deben de llevar.

Los consejos que dan los podólogos sobre los zapatos de los niños y sus mitos.

1- No dejes que el niño ande descalzo. Falso. Todo lo contrario. Está totalmente recomendado que el bebé dé sus primeros pasos y que aprenda a gatear descalzo, así que olvídate de los zapatos y calcetines de gateo, a no ser que sean para no escurrirse.

Los niños tienen contacto con el mundo que les rodea a través del tacto, y eso incluye la información que produce el andar descalzo.

Pero además de eso, el pie necesita usar todos sus músculos, con lo que andar descalzos favorece esta musculatura y la fortalece.

2- Mejor que empiecen a andar con botas que sujeten el tobillo. Falso. Lo mejor es usar un zapato por debajo del tobillo, con la suela flexible, y con control de contrafuerte.

El zapato debe facilitar lo mejor posible la musculatura del pie, incluso aquellos músculos pequeños que se encuentran en su interior. Si compramos un zapato duro, efectivamente el niño andará mejor con él, ya que el zapato le sujetará, pero al quitárselo, el niño tendrá menos estabilidad porque no tendrá suficientemente desarrollados los músculos del pie.

3- Mejor un zapato de piel que una zapatilla de deporte. Falso. Es cierto que los zapatos de plástico provocan una sudoración excesiva del pie del niño, con lo que debemos evitarlos ya que provoca hongos y un malestar en el pie, pero actualmente algunas zapatillas deportivas poseen tejidos que dejan transpirar el pie perfectamente, incluso mejor que la piel. Las zapatillas deportivas por lo general son blandas y dejan al pie libertad de movimiento con lo que resultan saludables; lo que no hay que hacer es siempre poner las mismas, ya que los zapatos necesitan ventilarse.

4- Mejor con un poco de tacón. Falso. El tacón acorta la musculatura de la pierna, con lo que cuanto más plana sea la zapatilla mejor que mejor.

5- Desgastar el zapato es normal. El desgaste del zapato es normal si se hace en la cara externa del pie, ya que es la primera parte de apoyo del pie, pero si este desgaste es en la cara interna es porque hay una mala pisada y debemos acudir al podólogo. Este tipo de pisada produce lesiones y dolor en las rodillas.

6- Los niños pequeños tienen los pies planos. Cierto. Los niños hasta 4 o 5 años tienen una planta del pie más plana, pero esto se va corrigiendo. A los 5 años si tiene los pies planos debemos llevarle al podólogo, ya que esto tiene consecuencias perjudiciales en la rodilla, carga los gemelos y la parte superior de la pierna, y provoca una mayor inestabilidad.

7- Los juanetes son hereditarios y no se puede hacer nada contra ellos. Falso. Aunque haya una tendencia genética, sí se pueden evitar si acudimos de niños al podólogo, ya que se desarrollan por una mala pisada que normalmente se puede corregir.

Si tenemos que elegir unos zapatos que sean lo más flexibles posible, sobretodo debajo de los dedos, ventilados y con cordones, pero siempre que se pueda debemos dejar al niño andar descalzo, ya sea en casa o en la arena de playa.