La rivalidad de los niños es saludable

¿Cuándo la rivalidad de los niños es saludable?

Entre los niños, especialmente varones, existe mucha rivalidad en el deporte, muchos de los enfrentamientos que tienen los niños se deben a un empujón accidental, una mala palabra, un mal perder o una humillación improcedente. Seguramente responda a un instinto primitivo de ser el más fuerte, el más habilidoso, el que más manda, en definitiva, el dominante o el líder en un grupo.

Enseña a tu hijo a hacer amigos

Rivalidad de los niños

Normalmente, esta rivalidad comienza ya en casa con los hermanos. Esta competitividad es una buena manera de aprender a autoafirmarse, de exigir derechos, de aprender a bandear con aspectos desagradables y conflictos, pero es indeseable cuando llega demasiado lejos y se acaba por no poder compartir nada, sólo quedar por encima como el aceite sobre el agua.

La competencia no es mala, algunos consideran frena los impulsos de monopolio o los poderes absolutos, pero en los niños, especialmente en los menores de cuatro o cinco años no debe potenciarse ya que, a la larga, pueden llevar al niño a un aislamiento o incomprensión. La competencia potencia el individualismo y no la colaboración que se espera entre compañeros de juego.

Seguramente habéis visto cómo algunos pequeños, que no quieren compartir su pelota cuando son otros y no él los que han marcado el tanto del triunfo; lloran o patalean expresando su frustración ante una mala participación, humillan a otros cuando ganan y se enojan en exceso cuando pierden. Prefieren estar solos a poder perder sus estatus de ganador o de superioridad por la posesión. Esta visión en el que sólo se gana o se pierde produce una gran tensión y ansiedad en los niños pequeños, algunos, que suelen perder, pueden desmoralizarse y, en consecuencia, se niegan a practicar deporte y otros, por el contrario, pueden 'autoenaltecerse', generando envidias o enemistades entre los compañeros.

En un principio, para los más pequeños, deberíamos empezar con deportes colectivos que tengan ciertas pautas y objetivos comunes que inciten a la cooperación entre todos los participantes como pasarse la pelota, carreras de relevos, etc. Más adelante, estarán preparados para enfrentarse de manera saludable a una competición en el que de manera individual y con respeto hacia el contrincante comiencen a fijarse metas, a seguir unas reglas, a tomar decisiones y a superarse. Para los niños es importantísimo aprender a hacer amigos y a relacionarse con sus iguales sin tener que estar echando un pulso constante por su superioridad física.

Patro Gabaldón. Redactora