Por qué no debemos obligar a los niños a hacer las paces o pedir perdón

Obligar al niño a pedir perdón es contraproducente

Los niños suelen estar en constante conflicto los unos con los otros. Cuando son pequeños todavía no han desarrollado la empatía con los demás y el “yo” impera en cualquier situación. Lo cierto, es que no se trata de egoísmo convencional, sino de es una etapa por la que el niño debe pasar entre los 2 y 3 años, momento en el que toma conciencia de sí mismo.

Sin embargo, cuando surge algún conflicto con otro niño nos empeñamos en que pidan perdón, se den besos y abrazos, aunque el niño no sienta remordimiento alguno.

¿Estamos haciendo lo correcto? ¿realmente el niño aprende algo cuando pide perdón sin sentirlo?

Te explico por qué no debemos obligar a los niños a hacer las paces o pedir perdón.

Las razones por las que no hay que obligar a los niños a pedir perdón

Por qué no debemos obligar a los niños a hacer las paces o pedir perdón

El perdón es algo bonito para los adultos. Significa querer reconciliarse y reconocer nuestra culpa, pero lo que para los adultos tiene un significado muy concreto, para los niños no es más que una palabra vacía.

Los buenos modales están bien siempre que vengan acompañados de acciones y de un sentimiento real, algo que normalmente no suele ocurrir en los niños.

Cuando obligamos a un niño a hacer las paces con otro pero realmente no siente que ha hecho nada malo, le estamos enseñando a mostrar una respuesta diplomática y sin sentido ante una situación de conflicto.

El niño responderá lo que nosotros le pedimos sin realmente entender, ni sentir, ni empatizar con el niño herido. Es más, puede resultar contraproducente, ya que le da la libertad de actuar como quiera y luego pedir perdón, o “interpretar” que hace las paces con el compañero, una y otra vez.

En el caso de que un niño discuta o hiera de cualquier manera a otro niño, no debemos perder la oportunidad de hacerle empatizar con la víctima en vez de que repita una palabra o acción vacía ¿cómo podemos hacerlo?

¿Qué hacer en caso de conflicto?

En el caso de niños hasta 5 años, que todavía no tienen suficiente empatía, es mejor hacerle ver que ha causado un daño acercando a los dos niños y preguntando al niño herido: ¿estás bien? ¿cómo podemos curarte?... Si se trata de una herida física, como un arañazo o un mordisco, podemos pedir al niño que causó el daño que le ponga una tirita o que aplique hielo en la zona para reducir el dolor; si se trata de algo emocional, podemos preguntar al niño que infringió el daño ¿qué crees que podemos hacer para curarle? y que él mismo decida si quiere darle un abrazo o pedirle perdón. Si no sabe qué hacer podemos proponerle nuestras alternativas ¿crees que si le pedimos perdón o le abrazamos se pondrá mejor?

En los niños más mayores los conflictos deben resolverse dialogando y con la menor intervención posible por nuestra parte, a no ser que lleguen a las manos. En los casos en los que debemos intervenir, lo que debemos enseñar es lo mismo: a empatizar.

Hay que intentar que cada parte exponga sus argumentos, y si no llegan a un acuerdo podemos hacer preguntas del tipo: ¿Cómo creeis que podemos solucionarlo? ¿habría alguna manera de llegar a un acuerdo? ¿crees que tiene razones para enfadarse?...

Lo importante es que el niño entienda lo que ha hecho y que realmente quiera enmendar sus actos, no que de besos o pida perdón.

Y, recuerda, por muy sorprendente que pueda parecernos a los adultos, los niños valoran más la felicidad que el orgullo, así que a los pocos minutos se habrán hecho amigos de nuevo sin necesidad de tener que pedir perdón.